Un guerrero en el desierto - Deporte

Un guerrero en el desierto

Parecía un privilegio reservado a otros badmintonistas, pero su talento y la confianza en sí mismo llevaron al cubano Osleni Guerrero a liderar el ranking de América

Autor:

Norland Rosendo

Su nombre apenas se escuchaba en los medios de prensa hace unos años. Es más: el deporte que practica tiene poca tradición en Cuba. Pero él, a golpe de raquetazos, de inteligencia y con el desarrollo vertiginoso de sus habilidades, logró ubicarse este año entre los mejores 50 del mundo y a la cabeza en América, un resultado inédito para un cubano.

Ahora, el bádminton y Osleni Guerrero Velazco (La Habana, 1989) son noticias recurrentes en los espacios deportivos. Y en el continente está considerado entre sus homólogos como el atleta de más perspectivas.

Hace dos semanas logró instalarse en el lugar 49 de la lista universal (ahora está en el 53), y sigue un escalón por delante del estadounidense Sattawat Pongnairant, quien hasta entonces lideraba el escalafón continental.

Pero Osleni no solo descuella por su palmarés: es un muchacho culto, preparado, capaz de dialogar con la misma soltura con que maneja la raqueta.

—¿Por qué el bádminton?

—Cuando era niño practiqué varios deportes: lucha (por la cual me querían llevar para la Escuela de Iniciación Deportiva), tenis de mesa, judo, kárate… Dicen los profesores que yo era muy competitivo, de esos muchachos que todo entrenador desea. Pero al final me incliné por el bádminton. Quizá esa elección se debió a que era una especialidad más creativa, dinámica, muy activa, que exige el desarrollo de muchas habilidades.

—Es raro, porque estuviste en deportes en los cuales Cuba ha tenido mejores resultados internacionales.

—Sí, fíjate que a veces me siento a conversar con quien era mi entrenador de lucha, y me dice que si hubiera seguido con él, a lo mejor ahora fuera medallista olímpico. Pero eso es una suposición; nadie sabe a ciencia cierta qué hubiese pasado. Yo le respondo que no me arrepiento, pues a mí lo que me gusta es el bádminton.

—Por primera vez encabezas el ranking de América. ¿Lo esperabas este año?

—No te voy a negar que siempre había soñado con eso; estaba trabajando para lograrlo. Era mi meta, por eso no me sorprendió cuando al final me ubiqué delante de Pongnairant. He tenido este 2013 momentos cruciales para definir resultados y lo logré en gran medida gracias a la preparación.

—¿Quiénes son tus principales rivales?

—En el área centroamericana, los guatemaltecos Kevin Cordon y Rodolfo Ramírez. También pudieran ofrecer resistencia en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Veracruz-2014, el jamaicano Gareth Henry y el anfitrión Lino Muñoz.

—¿Y a nivel continental?

—Bueno, ahí sí hay mayor rivalidad y calidad. Prefiero mencionar a los estadounidenses Pongnairant y Bjorn Seguin, sin descartar a algunos brasileños y canadienses, países que tienen tradición en este deporte.

«El próximo campeonato continental de la especialidad debe ser una “foto” más cercana de lo que sucederá en los juegos Panamericanos de Toronto 2015».

—Pero tú le ganas con relativa facilidad a Pongnairant…

—Él es un atleta muy bueno. Fuerte, grande, resistente, pero psicológicamente se indispone cuando nos enfrentamos, y yo trato de aprovechar esa cuestión.

«Por ejemplo, en la semifinal del Internacional de Brasil (octubre de 2013), “paró la raqueta” antes de tiempo. Estábamos igualados a un set para cada uno, y en el tercero empecé con un gran ritmo y eso lo molestó tanto que, cuando se vio debajo en el marcador, “regaló” el juego».

—¿De quién te cuidas más en la región?

—Realmente el guatemalteco Kevin Cordon, que está lesionado ahora, me ha ganado más que yo a él. Llegó a estar entre los 20 mejores del mundo. Es un atleta muy hábil, de muchos recursos, aunque no impresiona por su físico.

—Este año pudiste asistir a varios torneos en el extranjero.

—Once en total. Nunca un badmintonista cubano había podido participar en tantas justas en 12 meses.

«Es importante aclarar que he sido beneficiado con una beca de la Confederación Panamericana de Bádminton, la cual empezó en 2012 y forma parte de un proyecto de desarrollo con miras a los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016.

«A diferencia de otros deportes, los atletas no se concentran en una escuela de alto rendimiento, sino que la beca aporta recursos financieros para la preparación y participación en competencias.

«El año pasado la estrategia nuestra fue dedicar más dinero al adiestramiento, y durante 2013 la mayor cantidad se ha invertido en competencias. A eso se le debe sumar el aporte del Inder, por eso es que he podido intervenir en más torneos en el extranjero».

—¿Y cuál es la perspectiva para 2014?

—Hasta ahora lo que está previsto es mantener la cantidad de certámenes, pero intervenir en algunos de más calidad, o sea, que tengan más categoría y aporten mayor puntuación al ranking.

«La idea es que participe en los Grand Prix del continente: los Abiertos de Canadá y de ser posible en el de Estados Unidos, así como en el campeonato panamericano y, además, en la justa de Brasil, que prevé elevar su rango.

«En 2013 solo asistí a un torneo de esa categoría, el Panamericano de Santo Domingo (octubre), donde logré la medalla de oro. Los otros certámenes fueron de menos nivel, y tributan menos unidades al escalafón universal».

—¿Crees que debes participar en más lizas fuera de América, digamos en Asia, donde están los mejores badmintonistas?

—Bueno, según la estrategia trazada, lo que aspiramos en 2014 se puede lograr en torneos continentales, pero para obtener un buen resultado olímpico y ubicarme entre los mejores 35 del mundo, sí debo competir más con los atletas que se ubican en la élite.

—Eso sería a partir de 2015…

—Cuando asegure la clasificación para Río de Janeiro 2016, voy a necesitar chocar más con los jugadores de Europa y Asia, para poder dar un salto notable de calidad.

—¿Qué hace tan potentes a las escuelas europeas y asiáticas?

—Más del 70 por ciento de los atletas que participan en los Juegos Olímpicos son de esos continentes.

«Los asiáticos no son tan fuertes ni corpulentos, pero la diferencia fundamental radica en la inteligencia táctica. Estudian mucho al rival para buscarle las deficiencias y superarlo. Manejan la pluma con mucha facilidad, tienen una gran capacidad de anticipación a las jugadas.

«Y los europeos sí son más altos, con mayor desarrollo físico, muy atacadores, pero son más pesados y, por tanto, menos rápidos, y tampoco tienen las mismas habilidades que los asiáticos».

—Por la forma en que hablas, infiero que prefieres el estilo de Asia.

—Así mismo. Quisiera ser como ellos, pero con el físico de los europeos. Te pongo un ejemplo. Hace un tiempo estaba en China y practicaba con un jugador de ese país. Hasta el tanto 12 o 14 íbamos parejos. Entonces me dijo: «Ya, voy a ganar». Y apenas pude hacerle, si acaso, dos o tres puntos más. Después me explicaba que primero me estudiaba, veía mi juego, y cuando descubría mis debilidades era que se lanzaba a fondo.

—¿Por qué América no está mejor representada en el escalafón universal?

—Entre otras causas, aquí se «importan» entrenadores foráneos por períodos breves y se modifican las pautas constantemente. Pienso que por eso aún no se estabiliza una metodología de entrenamiento capaz de elevar los resultados. Talento sí hay.

—Según me han dicho, tú eres el badmintonista más fuerte de la región.

—Eso dicen, y por lo que he visto, tengo esa ventaja. Es muy importante para sostener los ritmos de juego.

—¿Y cuánto influye el aspecto psicológico en este deporte?

—Hay que estar muy motivado, plantearse metas ambiciosas, aprender a salir de situaciones problémicas por sí mismo.

«Es imprescindible tener estabilidad emocional, autoconfianza, capacidad de recuperación rápida ante coyunturas adversas. Fíjate que todas las competencias, excepto los Juegos Olímpicos, son de eliminación simple: pierdes y te vas».

—¿Cuánto tiempo dedicas al entrenamiento?

—Por la mañana, unas tres horas en la cancha, y más o menos dos por la tarde, que incluye trabajo en el gimnasio para desarrollar los planos musculares y mantener la rapidez.

«En las competencias mundiales uno ve a los jugadores entrenarse seis y siete horas diarias, la mayor cantidad en la cancha».

—¿Creías que ibas a estar entre los diez mejores deportistas del año en Cuba?

—Si te soy franco, sí lo esperaba. Tuve resultados para eso, pero no voy a desalentarme. El año próximo puede ser más productivo para mí. Le agradezco mucho a la prensa todo lo que ha hecho para que la opinión pública conozca más del bádminton y, sobre todo, de mi desempeño en las competencias.

—Fuera de la cancha, ¿qué haces?

—Tengo una hija de un año recién cumplido y ella me absorbe mucho tiempo. Es mi talismán, mi incentivo. Trato de compartir con mi esposa todas las tareas y los cuidados.

«Me gustan las fiestas, bailar, departir con las amistades y ver televisión».

—¿Ya no practicas otros deportes?

—Cada vez que tengo una oportunidad, juego cancha y béisbol.

—¿Y qué posición prefieres en la pelota?

—Center field, por los desplazamientos. Todo el tiempo hay que estar atento, en movimiento, cubrir mucho terreno, como en el bádminton.

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