¡Pelota de oro!

El trono del béisbol centrocaribeño vuelve a pertenecer a la Mayor de las Antillas gracias a un grupo, mezcla de sangre muy joven con peloteros probados al máximo nivel

Autor:

Raiko Martín

Con autoridad y solvencia, regresó el béisbol cubano al sitio que todos queríamos. El trono del béisbol centrocaribeño vuelve a pertenecer a la Mayor de las Antillas gracias a un grupo, mezcla de sangre muy joven con peloteros probados al máximo nivel, cuya coronación en la cita veracruzana fue casi perfecta.

Llegaron los cubanos invictos a la final y no fue el equipo de Nicaragua —derrotado con pizarra de 9-3—, capaz de detener su imponente paso. Hizo algunas escaramuzas hasta hacer saltar del box, después de seis entradas, al derecho Freddy Asiel Álvarez, pero el respaldo ofensivo de sus compañeros fue incontestable.

El ataque demoledor contó con 14 imparables, entre ellos varios extrabases. Hubo además táctica, movimiento de piezas y velocidad, con doble robo y un squezze play de impecable factura, que sembró el desconcierto en las filas enemigas. También, uso racional e inteligente de un staff de lanzadores de segunda línea —Yaisel Sierra y Héctor Mendoza—, con garantías suficientes para lides de este calibre.

En fin, todos los ingredientes necesarios para asegurar uno de los títulos más esperados por la afición cubana. Fue la del béisbol la medalla de oro número 48 de la delegación cubana, que sigue con paso firme hacia el objetivo de sobrepasar a los anfitriones en el medallero, y volver a consagrarse como la principal referencia deportiva de la región.

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