Regalo de aniversario

En el mismo lugar en el que se tiró hace 53 años la primera bola en nuestras Series Nacionales los Azules derrotaron a la novena yumurina tras una batalla de diez entradas

Autor:

Raiko Martín

No ha habido, en lo que va de la segunda fase de la campaña, subserie más peleada que la protagonizada por Matanzas e Industriales en el estadio Latinoamericano. Y no hubo mejor regalo de cumpleaños para la pelota cubana, que el duelo con el que estos equipos bajaron el telón de su cruce de armas.

En el mismo lugar en el que comenzó la historia, el mismo día en que se tiró, hace 53 años, la primera bola en nuestras Series Nacionales, los Azules dirigidos por Lázaro Vargas dejaron al campo a la novena yumurina después de una batalla de diez entradas.

Fue uno de esos juegos maratónicos, en los que pasada la primera hora todavía quedaba guión para finalizar la primera entrada. Parecía que los Cocodrilos tendrían la presa fácil, porque entre el estremecimiento emocional por la derrota de la noche previa y el temprano ataque sobre los envíos del abridor Danny Betancourt, la victoria visitante parecía encaminada.

Sin embargo, llegó una jugada que torció el rumbo previsible. Luis Borroto, la elección del mando yumurino, se presentó descontrolado y necesitó ayuda. Yohan Hernández cumplió dominando al siempre peligroso Yulieski Gourriel, y lo hubiese hecho también el zurdo Ramón Licor si después de fildear el roletazo de Alexander Malleta, hubiese elegido buscar el posible doble play. Pero prefirió buscar el out en la inicial y le costó abandonar el box, más el empate del partido, pues acto seguido Rudy Reyes fletó las dos primeras con cañonazo al central y Liván Correa le desapareció la pelota al también rescatista Pedro Agüero por el jardín izquierdo.

También parecía definida la trama cuando a la altura de la sexta entrada los dueños de casa exhibían ventaja de tres, pero otro estacazo, esta vez salido del bate de Yadiel Hernández con par de compañeros en circulación, volvió a equilibrar las fuerzas.

Y así llegó el extrainning, en él los dueños de casa lograron llenar las bases, tras la decisión de bolear intencionalmente a Juan Carlos Torriente. Entonces, el enmascarado Frank Camilo Morejón sonó un fogonazo a la pradera izquierda que provocó la euforia de quienes, estoicamente, se mantuvieron expectantes en el graderío.

Antes, los Piratas pineros habían pasado la escoba a Ciego de Ávila. Todo fue distinto a la tarde previa —de marcada ofensiva local—, pues  ahora el pulso se plantó sobre la lomita entre los abridores Ariel Díaz y Luis Manuel Suárez.

El punto de ruptura lo puso el enmascarado visitante Osvaldo Vázquez con un solitario vuelacercas, pero ese mismo quinto inning Dainer Gálvez recibió con cañonazo al relevista Yadir Rabí y empujó la del empate. Otra conexión más allá de los límites, firmada por el receptor local Luis Abel Castro, sentenció el choque en el que el supersónico Héctor Manuel Mendoza se apuntó el salvamento.

Otros que no tuvieron piedad fueron los Alazanes granmenses, quienes sometieron por tercera vez consecutiva a los Cazadores de Artemisa. Con solo la primera entrada, gracias a los dobletes de Guillermo Avilés, Urmani Guerra y Lázaro Cedeño, los discípulos de Carlos Martí aseguraron la victoria, pero no pararon de «moler» hasta dejar fuera de combate al adversario.

Mientras, en el nororiental Calixto García se le trabó la escoba a los Cachorros holguineros. A pesar de no estar en su mejor día, el derecho vueltabajero Yosvani Torres se las arregló para conservar la ventaja que le regalaron sus compañeros, cuando en el quinto acto fabricaron un ramillete de cuatro carreras, sellado con el triple de Yanciel Ajete.

Los dueños de casa no bajaron los brazos y mantuvieron la tensión hasta el último out, obligando al apagafuegos Vladimir Gutiérrez a emplearse a fondo para controlar la rebelión.

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