Otra fiesta, nuevos invitados

La 57 edición de la Serie del Caribe de béisbol descorrerá este lunes sus cortinas, animada por los nuevos campeones de República Dominicana, México, Venezuela, Puerto Rico y Cuba. Incluye calendario oficial

Autor:

Raiko Martín

SAN JUAN, PUERTO RICO.-— El ritmo de la plena puertorriqueña se hace inconfundible. Suena en los altavoces y encuentra eco en toda esta ciudad alegre, expectante, ansiosa por ver lanzada la primera bola. El ajetreo en el estadio Hiram Bithorn no se detiene, porque falta muy poco para que rompa la fiesta.

Dentro del emblemático parque, unos 600 bailarines de todo Puerto Rico dan los últimos toques a su coreografía. Mañana, entre los dos juegos programados para la jornada inicial, acompañarán al elenco artístico encargado de dar el toque boricua a la ceremonia de inauguración de la versión 57 de estas fiestas caribeñas.

El cantante de género urbano Vico C y la merenguera Gissell unirán sus voces a Danny Rivera e Ismael Miranda para interpretar la canción Los hijos del Caribe, escrita especialmente para la ocasión por Waddys Jaquez y Rita Indiana Hernández.

Día tras días la música seguirá siendo parte de esta gran celebración que, por décimo tercera vez, tendrá por escenario a Puerto Rico. Por la tarima colocada en el frente del parque beisbolero, por un espacio que será denominado temporalmente como Plaza de un solo Caribe, desfilarán reconocidos artistas locales y foráneos, entre ellos el gran Andy Montañés y el Conjunto Quisqueya, quienes animarán el gran concierto del próximo sábado. Sin dudas, un elenco de alto nivel, como los que se esperan sobre el diamante del emblemático estadio.

El trono vacío

Las dos ediciones más recientes del torneo tendrán en común escenarios marcados por la notable belleza de dos islas. Pero entre lo visto hace un año en la Isla de Margarita y lo que se espera en la bien llamada Isla del Encanto, se evidencian notables diferencias.

La primera de ellas es que ninguno de los cinco elencos que animaron la pasada edición del torneo, regresan ahora a luchar por el trono, que dejan vacante los Naranjeros de Hermosillo.

Serán los Tomateros de Culiacán los encargados de defender la hegemonía azteca de los dos años. Pero la misión se presenta como un considerable reto, pues a la cita llegan equipos con mucha hambre de triunfo y nóminas de respeto.

Un ejemplo son los propios anfitriones, pues los Cangrejeros de Santurce regresan después de 15 años sin ganar la liga invernal puertorriqueña. Se encargaron en cinco juegos de estropear a los Indios de Mayagüez la defensa de su corona y tratarán de reeditar la actuación del año 2000, cuando se convirtieron en el último campeón boricua.

También deseosos de gloria llegan desde la República Dominicana los Gigantes del Cibao, franquicia que por primera vez ganó el torneo de su país. Por lo tanto, saldrán al diamante con enormes deseos de abrirse un espacio entre los equipos quisqueyanos que han hecho historia en estas lides.

Mientras, los Caribes de Anzoátegui avanzaron al clásico caribeño después de tomar desquite frente a los Navegantes del Magallanes en la final del torneo profesional venezolano, la cual ganaron con balance de 4-1.

Así, el equipo «aborigen» consiguió la segunda corona de su historia, y el propósito para su nueva incursión en la Serie del Caribe no puede ser otro que mejorar el cuarto escaño conseguido en la edición de 2011, cuando cedieron en cuatro de sus seis presentaciones.

Humo, aroma y algo más

El discreto regreso del béisbol cubano a estas lides, protagonizado por los Azucareros de Villa hace un año, coloca ahora a los Vegueros de Pinar del Río en el centro de las miradas de la afición beisbolera.

La integración final del equipo, que incluyó a 16 jugadores que no vistieron la franela durante la consagración vueltabajera en la 53 Serie Nacional, no solo generó mucha polémica, sino que a la vez disparó las expectativas sobre las posibilidades reales del equipo.

Lo cierto es que el mánager Alfonso Urquiola cuenta con casi lo que más vale y brilla en el béisbol cubano, y el compromiso no pudiera ser otro que luchar por el cetro que nos perteneció en siete ocasiones —cinco de ellas en forma sucesiva— entre la fundación del torneo en 1949 y 1960, año que marcó la última incursión cubana.

Mezcla de sangre joven con savia probada en exigentes torneos internacionales, integralidad, y no pocas variantes para afrontar las disímiles situaciones, son las principales armas de la novena pativerde.

De la forma en que el grupo pueda superar a partir de mañana la tensión de lo que representa competir con los mejores elencos de la región, dependerá en buena medida su destino en una serie de muy corta duración.

Tal vez la gran interrogante recaiga sobre el staff de lanzadores —tal vez el más reducido—, aunque Urquiola tienen bien definidas sus cuatro elecciones para las aperturas, y los roles de los restantes cinco miembros.

Existe la certeza de que será un enorme desafío, otro más entre los que seguirá enfrentando el béisbol cubano, pero con la entrega y el talento de los peloteros debe caer la victoria 53 en estas lides. Y ojalá que algunas más.

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