Recuerdos lejos de la palanqueta - Deporte

Recuerdos lejos de la palanqueta

Dedicado hoy a su familia, nuestro último campeón mundial en arranque rememora los momentos importantes y más duros de su carrera

Autor:

Osniel Velazco Hernández

William Vargas Trujillo destacó entre nuestros pesistas durante la década de los 90 del pasado siglo y principios de este. Fue todo un especialista en el movimiento de arranque, gracias al cual obtuvo cinco de sus seis podios mundiales, incluido el título en Tailandia en 1997.

Luego de varias peripecias para entrevistarlo, al fin logro robarle un poco de tiempo. Me recibe en su casa de Vereda Nueva, su pueblo natal, perteneciente al artemiseño municipio de Caimito, del que es Hijo Ilustre.

La primera impresión fue que los años alejado de la palanqueta habían hecho que esos músculos que tantos logros alcanzaron, ya no fueran tan visibles; a pesar de que en sus tiempos fueran capaces de «levantar en peso» seis medallas mundiales, tres títulos Centroamericanos y dos Panamericanos, pues una injusta decisión en Winnipeg 99 le privó del tercero.

Sus grandes actuaciones quedaron registradas en los campeonatos mundiales. Desde la plata conseguida en Turquía 1994, hilvanó una cadena de resultados que le darían en total un título, dos segundos puestos y tres bronces.

La consagración llegaría en Tailandia 1997 al batir a todos los rivales en su movimiento fuerte, el arranque. En Turquía comenzó y de ella se despidió con otra plata en arranque y el bronce en el total. En Antalya 2001, luego de una injusta sanción que lo apartó de la plataforma desde 1999, logró su primera presea fuera de «su movimiento» y una despedida por todo lo alto.

—¿Cómo llegas a las pesas?

—En el año 1984 voy a un gimnasio en Caimito, allí vi a varios muchachos entrenando, me interesó mucho y comencé a practicar bajo la tutela del entrenador Carlos Urrutia. Ya en 1987 llegué al equipo nacional, pero tuve molestias y regresé un tiempo después.

—¿Qué tan difícil es la vida diaria de un pesista de alto nivel?

—La halterofilia es un deporte de mucha responsabilidad, entrenamiento, hay que aguantar dolores, la alimentación es muy rigurosa; sin eso no se llega a nada. Además, en ocasiones puede llegar a ser muy monótona, lo que aumenta el sacrificio.

«Es muy difícil mantener el peso, a pesar de que yo no tuviera demasiados problemas, a veces debía estar sin comer hasta una semana para bajar algunos kilos. Otras veces competía en divisiones superiores y lo hacía con mucha desventaja en la masa corporal. La batalla del pesista con su cuerpo es constante y es muy difícil mantenerlo en la forma ideal».

—Cuénteme acerca del récord mundial en Ponce’93.

—Fui a Ponce con muchas posibilidades de oro pues desde el entrenamiento estaba haciendo ese mismo peso (123 kg) en el arranque, pero no estaba en mi división, había bajado porque el país necesitaba asegurar esa medalla. El récord salió de la buena preparación, aunque me sorprendió un poco pues había tenido que bajar mucho de peso.

—¿Qué sintió cuando estaba en el podio con la medalla de oro mundial?

—Desde los juveniles siempre había estado presente en los podios mundialistas. Creo que en el 97 era el momento para ser campeón, estaba en muy buena forma, entrené bastante y tuve una excelente preparación; se conjugaron todos los factores y yo obtuve la mayor alegría de mi carrera, fue maravilloso.

—Los pesistas cubanos se caracterizan por ser muy buenos en envión, pero su caso era totalmente distinto ¿Cuál era el secreto?

—No había ningún secreto, este es un movimiento muy técnico y hay que entrenarlo más, a mí me gustaba mucho, y se me daba mucho mejor; pero es muy difícil, incluso me lesioné el codo haciendo arranque.

«Creo que se debe trabajar mucho más con este primer ejercicio, porque dominarlo incluye muchas horas de dedicación. Nuestros técnicos tienen muy buenos ejercicios para mejorar en ese aspecto, lo cual repercutiría luego en el total».

—Acerca de la injusticia de Winnipeg 99, cuénteme lo que pasó y ¿cómo se sintió al ser despojado del triunfo?

—En Winnipeg competí en una división superior (62 kg) y con mucha desventaja de peso pues solo pesaba 59 kg. Allí hubo muchas trampas y hasta negocios encubiertos, a algunos atletas ni siquiera les hicieron la prueba del doping. A mí todo me cogió por sorpresa, jamás me esperé una cosa así.

«En ese momento sentí un inmenso dolor, porque me había preparado mucho para esa medalla y en un instante todo se desvaneció. Duele mucho más cuando tú sabes que eres inocente y fuiste víctima de una injusticia. Luego de retirarme la medalla se me hizo de nuevo una prueba en Canadá, luego otras en España y Portugal y todas dieron negativas».

—A pesar de todos sus lauros, en su vitrina falta una medalla olímpica.

—No pude competir en Sidney 2000 por la sanción que me impusieron por el supuesto dopaje. En Winnipeg hubo algún tipo de manejo con la primera muestra, no querían que fuera a la Olimpiada, es la única explicación; porque yo iba por una medalla en Sidney, mis registros lo confirman.

«Por otra parte, los Juegos Olímpicos son el evento cumbre y todos van muy bien preparados; por ejemplo en Atenas mejoré mi resultado de los entrenamientos en 25 kg, lo que se dice fácil, pero no lo es. Esa fue una competencia muy reñida, en mi división desde el segundo hasta el séptimo lugar levantamos el mismo peso. Terminé cuarto, el podio se me escapó por el peso corporal».

—En los últimos años de su carrera coincidió con Sergio Álvarez en la división. ¿Existió rivalidad entre ustedes?

—Sergio es un gran atleta, en aquellos momentos él comenzaba su carrera y ya yo terminaba; siempre fue un competidor muy fuerte, aunque nuestra rivalidad estaba marcada por la palanqueta, fuera de la plataforma somos buenos amigos, nunca tuvimos problemas entre nosotros.

—¿Cuándo comienza a pensar en el retiro?

—Después de Winnipeg esa idea comenzó a rondar mi cabeza, pero quería volver a competir para aclararle al mundo que siempre estuve limpio y demostrarme a mí mismo que estaba en forma para volver al podio mundial.

A pesar los sucesos de Winnipeg y de que no pudo subir al podio olímpico, William Vargas confiesa estar satisfecho con su carrera deportiva, durante la cual obtuvo muchas glorias para nuestro país, y todavía tiene el mérito de ser el último campeón mundial en la modalidad de arranque en Cuba.

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