Para que de la cuenta

El cubano Leinier Domínguez debe ganar la cuarta parada del Grand Prix de ajedrez para aspirar a uno de los dos boletos hacia el Torneo de Candidatos. Lamentablemente, todas las cuentas no dependen de él

Autor:

Abdul Nasser Thabet

Para que Leinier Domínguez clasifique al Torneo de Candidatos tienen que suceder varias cosas. En realidad, varios milagros. Pero lo cierto es que las matemáticas aún no abandonan al mejor trebejista de Latinoamérica, quien en primera instancia debe ganar la cuarta y conclusiva fase del Grand Prix, con sede por estos días en Khanty-Mansiysk, y luego esperar un terremoto que remueva la tabla general del evento.

Como se sabe, solo dos sesudos entre los 16 «monstruos» que se han asado el cerebro durante las cuatro paradas de la lid tendrán derecho al match de retadores, instancia de la que saldrá el aspirante a la corona universal, en poder del imbatible noruego Magnus Carlsen.

Primero debe abrirse la tierra en Rusia y tragarse al bambino Fabiano Caruana (230 puntos y tercero en la clasificación de la justa), pues solo si el italiano araña el fondo del ranking en Rusia, el cubano tendría un chance real. En segundo lugar, el anfitrión Evgeny Tomashevsky (252 y líder absoluto) debe terminar en uno de los puestos de avanzada (segundo o tercero), para robarse suficientes unidades y así impedirle a alguno de sus más cercanos perseguidores sumar demasiado para que deje fuera al antillano.

Resulta que Tomashevsky domina el listado clasificatorio y aun terminando en el fondo del estanque agregaría diez quilos (en total 262) que superarían a Leinier, aunque este culminase en la cima. El cubanito posee 85 tantos, merced a su puesto 12 en Bakú, y al quinto en Tbilisi. De triunfar en Khanty-Mansiysk agarraría 170 rayitas y frisaría los 255 puntos. Por eso Caruana tiene que concluir en el último o penúltimo escaño, para que a su actual acumulado solo se le sumen 10 o 20 unidades y nunca supere las 250.

La cosa es que el italiano está encendido y en este preciso instante comanda la cuarta parada, allá donde el frío no entiende de estaciones y a él no le importan los cálculos que estoy haciendo.

Lo tercero que debe acontecer para que Domínguez celebre, es que la tropa más cercana al puntero Tomashevsky y al azerí Shakhriyar Mamedyarov (segundo con 235 rayas, pero ya sin oportunidad de sumar porque cumplió las tres paradas reglamentarias) cierre en malas posiciones en la ciudad rusa.

Por suerte, Teimour Radjabov (210 y cuarto en la libreta), de Azerbaiyán, y el ruso Dmitry Andreikin (200, sexto), ya finalizaron su concurso y están imposibilitados de continuar adjuntando números a la bolsa.

También ayudaría si el estadounidense Hikaru Nakamura (207, quinto en el ranking de la competición) abrazara uno de los sitiales del nueve al 12 en la justa europea; que Dmitry Jakovenko (Rusia, 170, séptimo) y el israelí Boris Gelfand (170, octavo) terminaran uno o más escalones por detrás del cuarto lugar; y que los rusos Sergey Karjakin (157, noveno) y Alexander Grischuk (122, onceno) no concluyeran entre los tres primeros.

Tampoco sería conveniente para Leinier que el georgiano Baadur Jobava (115), el francés Maxime Vachier-Lagrave (115) y el holandés Anish Giri (115) subieran al podio en Khanty-Mansiysk. No obstante, el local Peter Svidler (102) puede aferrarse al segundo escalón e incluso así no desbancaría a Domínguez. Claro, todas estas combinaciones dependen de que el cubano triunfe en el gigante euroasiático.

Hasta ahora lo más difícil en semejante potaje es que Caruana pierda el ritmo y caiga al abismo.

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