Un reino en la capital - Deporte

Un reino en la capital

La Habana se coronó este martes como nuevo monarca nacional del béisbol, en la categoría sub-23

Autor:

Raiko Martín

Al final, los Gallos terminaron muriendo de sed junto a la fuente. De una noche a otra pasaron de casi campeones a teloneros de una final que vio consagrarse a la tropa de La Habana como nuevo monarca nacional del béisbol, en la categoría sub-23. El maleficio que atormenta a los equipos espirituanos sigue vigente y todo parece indicar que el conjuro no asoma en el horizonte.

Los capitalinos hicieron lo que les faltó a sus rivales. Olieron los nervios y nada más que comenzó el duelo decisivo buscaron el «pescuezo» de sus víctimas. Abrieron la brecha con el cañonazo de Yusnier Rosabal, y después de un sacrificio, los fogonazos de Ariel Hechevarría y Andrés Hernández echaron a andar el pizarrón del José Antonio Huelga. El lanzamiento extraviado del zurdo Javier Vázquez, otra vez en noche incierta, facturó la segunda. El título, esquivo en cualquier categoría desde 1979 para los espirituanos, se alejaba un poco más.

Mientras, la tropa visitante se colgaba del brazo de Brando Delgado para construir su reino. El derecho de 20 abriles vino a permitir el primer hit enemigo a la altura del cuarto capítulo, y cuando le flaquearon las fuerzas en el quinto inning, otra vez el fatal corrido de bases de los locales le evitó mayores males.

Cuando a la altura del sexto acto dejó su puesto al rescatista Héctor Ponce, sus compañeros de equipos ya habían dado los zarpazos mortales. Si Vázquez fue el entrante en el banquete final, con la misma ferocidad atacaron los envíos de Yankiel Mauri, hasta ayer un seguro de supervivencia. Los dobletes de Hasuán Viera y Hechevarría, junto al imparable de Rafael Fonseca, redondearon el racimo de tres carreras que puso más cuesta arriba cualquier esperanza de los anfitriones para revertir la historia.

Entonces pasó el tiempo, fueron cayendo unos tras otros los restantes outs, y nuevamente la afición yayabera tuvo que regresar a casa con el amargo sabor que dejan las derrotas como estas. Sin duda, un varapalo que echa más sal sobre una herida que no acaba de sanar, y que deja al béisbol espirituano una vez más en el diván.

Para los vencedores, el desenlace tuvo matices épicos, teniendo en cuenta que llegaron hasta la valla de los Gallos sin la posibilidad de fallar. Regresar a casa con la corona a cuesta suena esperanzador a los aficionados habaneros, quienes ven en muchos de estos muchachos un futuro promisorio.

Para el torneo, fue una fortuna que la final llegara al límite y que el público pudiera disfrutar los tres partidos. Queda ahora a los organizadores reunir las experiencias, sacar conclusiones, hacer todo lo posible por seguir mejorando un certamen que, si bien no llega aún a la altura deseada, es una pieza imprescindible para reconfigurar el estado actual de nuestro pasatiempo nacional.

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