Segundos de nadie

Con un vistazo a los segundos bate más ilustres del béisbol cubano, JR continúa repasando la historia y ofreciéndole argumentos a sus lectores para recordar a sus ídolos sobre el diamante

Autores:

Raiko Martín
Benigno Daquinta

Sin abusar mucho de la memoria, varios nombres emergen si se trata de establecer quiénes han sido, a lo largo de las últimas cinco décadas, los jugadores más efectivos en el segundo renglón de la alineación.

Entre quienes peinan más canas, vienen a la mente hombres como Eulogio Osorio, quien por años tuvo en sus muñecas esa responsabilidad en las representaciones capitalinas, o el de Pedro Jova, un notable en ese turno al bate en las novenas azucareras, aunque algunas veces fuera el hombre proa del ataque.

Otros, con menos tiempo siguiendo el pasatiempo nacional, recordarán al pinero Alexander Ramos o al capitalino Lázaro Vargas, quienes también incursionaron como «terceras espadas» en el line up, pero sin dudas trascendieron el nivel del pelotero medio en la Isla gracias a sus desempeños como escoltas de los primeros bates de sus respectivos equipos.

Todos ellos tuvieron la oportunidad de integrar las selecciones nacionales que nos representaron en varios torneos internacionales. Similar honor también disfrutaron, allá por la década de los 70 del pasado siglo, emblemáticos segundos bate como el santiaguero Elpidio Mancebo o el espirituano Osvaldo Oliva, aunque entre todos ellos —analizadas algunas de las estadísticas que ponemos a su disposición— es el matancero Rigoberto Rosique quien posee una marca que parece salida de otra galaxia.

El jardinero central de los elencos yumurinos de aquella época incursionó en 13 Series Nacionales, y en todas sus comparecencias en el cajón de bateo apenas conectó ¡diez veces! para doble play. Para que se tenga una idea, es el único del listado que lo ha hecho menos de 40 veces, y junto al habanero Eulogio Osorio son los únicos que bajan de la media centena de oportunidades en un renglón, entre los vitales para medir la eficiencia en ese puesto de la tanda.

Los que más saben de este deporte afirman que para ser un buen segundo bate hay que tener buen tacto y paciencia en el cajón. Además, se debe poseer notable habilidad para conectar hacia la zona derecha del terreno —como se dice, por detrás del corredor— y fallar pocos swines, lo que multiplica la posibilidad de hacer jugadas. Como ya nos referimos, sería también ideal que bateara lo menos posible para doble play, para que quienes ocupan los turnos tres y cuatro de la alineación, comparezcan con corredores en circulación y aumenten sus posibilidades de impulsar carreras.

También los especialistas refieren que, al igual que los «hombres proa», deben hacer todo lo posible para embasarse. Algunos manejan la teoría de no sacrificarlo para evitar un boleto intencional a su sucesor en el orden, en busca de un batazo rodado del cuarto madero —por lo general lento en el corrido de las bases— que propicie la «doble matanza». Sin embargo, otros prefieren que entre sus características esté la capacidad de adelantar corredores, y el toque en esos casos puede ser una virtud.

En fin, el segundo puesto en la alineación viene acompañado de no pocas exigencias. Cumplir con algunas de ellas requiere de mucha preparación, aunque para los mejores se trate de un verdadero arte.

Después de Wilfredo Sánchez, el habanero Eulogio Osorio fue el segundo jugador en batear un millar de hits en Series Nacionales.

Osvaldo Oliva, otro de los buenos segundos bate de antaño.

Rigoberto Rosique bateó muy pocas veces para doble play.

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