Suelto en el Olimpo

Los logros del gimnasta Manrique Larduet son el resultado del esfuerzo y sacrificio en el entrenamiento diario

Autor:

Julieta García Ríos

«Vamos, asere», suele decirse a sí mismo el gimnasta Manrique Larduet, cuando le toca su turno en competencia. También piensa en sus amigos antes de ejecutar cada aparato. Por ejemplo: si concursa en paralelas, recuerda a Huber Godoy; los arzones tienen el nombre de Maikel López… y así, salto, anillas, barras fijas, cada especialidad está conectada con uno u otro de los muchachos que le apoyan y admiran en la Escuela Nacional de Gimnasia. Para no ser absoluto, cuenta que los ejercicios a manos libres son para su coreógrafa Angélica María Roque.

Aunque tiene 19 años de edad, y es escasa su aparición en la élite, asombró a públicos y expertos en la ciudad escocesa de Glasgow. Allí, en su primer Campeonato Mundial, escoltó en el podio de los máximos acumuladores al japonés Kohei Uchimura, una leyenda del deporte que retuvo por sexto año consecutivo el cetro. También sumó un bronce en barra fija, convirtiéndose en el primer gimnasta cubano con dos premios en citas del orbe.

Lejos de la seriedad que transmite en los grandes escenarios deportivos, Manrique es juguetón. Le oculta las pertenencias a sus compañeros de cuarto, se esconde en la taquilla para asustarlos, y para fastidiar a Martha, la muchacha de gimnasia rítmica, nombró a su perrita como ella.

Entre Manrique y su mascota existe una relación especial, ella le espera en las gradas cuando él entrena y da grandes saltos de alegría cuando este regresa de cada viaje.

Cuentan que la perrita estaba recién parida cuando en junio pasado estuvo en la Copa del Mundo de Anadia, Portugal. Antes de irse dejó encomendado su cuidado. Y mientras estuvo en esas tierras se comunicó cada día para asegurarse de que la madre y su cría estuvieran bien.

Los audífonos acompañan siempre a Manrique. Con la música se abstrae y se conecta con su mundo colmado de riesgos y asombro. Ahora lo que más escucha es hip hop de intérpretes estadounidenses o dominicanos. «Esos ritmos estimulan, ayudan a soportar grandes cargas de entrenamiento y relajar tensiones», dice.

Para él, lo más difícil es la concentración. «Si no estás bien enfocado puedes golpearte, sufrir una lesión grave y hasta  tener que abandonar la carrera de por vida», añade.

«La música me activa y me relaja mientras pienso en mi completa» (selección).

En Erick López, «el mejor gimnasta cubano de todos los tiempos», según su criterio, se inspira Manrique, y Carlos Gil, su joven entrenador, es guía y estratega incansable de cada éxito.

aunque gusta de conquistar premios, muchos —tratándose de medallas puedes ser considerado un goloso—, su felicidad llega al máximo cuando su amigo y también gimnasta Randy Lerú le acompaña en el podio.

Manrique asegura que en las alturas ni ve, ni siente nada. está pendiente de ejecutar a la perfección cada movimiento.

En agosto de 2013, recién cumplidos sus 17 años, Manrique se midió por primera vez en escenarios foráneos. Fue en San Juan, Puerto Rico, durante el Campeonato Panamericano: dos coronas, en caballo de salto y en barras paralelas, más una de plata en ejercicios a manos libres anunciaron entonces el resurgir de la gimnasia artística cubana… y la llegada de un campeón de 1,58 metros de estatura que ya tiene asegurado su boleto al Olimpo.

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