Sueños

Ganar un título en la Ciudad Maravillosa será la aspiración de más de 10 000 competidores

Autor:

Raiko Martín

Horas después de comenzadas esta líneas, nuestro equipo de enviados especiales puso proa hacia Río de Janeiro, desde donde pretenderá narrar en estas páginas, a través de imágenes y textos, el esfuerzo de muchos para cumplir el sueño de acariciar la gloria olímpica.

Ganar un título en la Ciudad Maravillosa será la aspiración de más de 10 000 competidores —entre ellos más de un centenar de cubanos—, aunque solo unos 300 podrán hacerlo. Sin embargo, sus pretensiones fueron una vez tener la posibilidad de participar en un certamen deportivo tan trascendental, y que es capaz de, por momentos, detener el pulso del planeta. Y la estarán materializando.

Gracias a la política inclusiva del Comité Olímpico Internacional (COI), ya sea a través de invitaciones o de asignación de cupos por países, se cuentan por miles los atletas que dieron carretera a sus ilusiones. Algunos tuvieron el privilegio, incluso, de protagonizar hechos relevantes de estas citas, de engrosar la historia, a pesar de haber sido la antítesis del precepto Citius, Altius, Fortius.

Ejemplo de ello son la nadadora de Guinea Ecuatorial Paula Barila Bolopa, quien posee el peor tiempo de la historia en una prueba de 50 metros estilo libre con 1:03.97 minutos, o el fondista Charles Olemus, un haitiano que empleó más de 42 minutos para cubrir los 10 000 metros en la cita de Montreal 1976.

Ahora, otra vez, el máximo organismo deportivo mundial ha propiciado que un grupo de deportistas desplazados de sus países de origen concursen en la cita carioca. Formarán parte del equipo que respaldado por la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) y el COI, pretende alzar la voz en el mundo sobre la magnitud de una crisis ya global, y ser un símbolo de esperanza para aquellos privados de la posibilidad, por conflictos y persecución, de representar a sus países o incluso de practicar deporte.

Esta idea beneficiará a un puñado de deportistas de naciones como Sudán, Siria, Congo o Etiopía, quienes nunca quisieron llegar a una Olimpiada como refugiados, pero la cruda realidad ha marcado sus expectativas. Varios de ellos ya se encuentran en la ciudad, entre ellos el sudanés Paulo Amotun Lokoro, uno de los inscritos para participar en la prueba de 1 500 metros en el atletismo.

En su caso, además de la quimera de competir a la sombra de los cinco aros, habita otra aspiración muy cerca de convertirse en realidad. «Yo quiero conocer a Usain Bolt, es alguien al que vi solamente por la televisión. Espero aunque sea verlo en la Villa Olímpica», dijo al aterrizar en Río.

Me arriesgo a afirmar que ese el sueño recurrente de muchos. Incluso el de este redactor, que cuando usted lea estas líneas ya estará cumpliendo uno de sus grandes deseos: emocionarse una vez más con otra gran proeza del «supersónico» jamaicano, y quién sabe si también hacerle al menos una pregunta después de otra gran carrera.

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