Claroscuro

Autor:

Javier Rodríguez Perera

Ha llevado de una mano la paciencia y de la otra la constancia, y, cual amalgama perfecta escribió, con la potencialidad de sus remates, un bonito e interesante capítulo para el deporte cubano, al estrenar el bádminton de la Isla en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. El propósito requirió del santo esmero del capitalino Osleni Guerrero Velasco (lugar 69 del ranking mundial), de sus entrenadores y de personas cercanas que volcaron sus esfuerzos en aras de un sueño.

Como él mismo ha reconocido reiteradamente, este año no ha sido un desperdicio, pues antes de Río cumplimentó una serie de eventos internacionales que se conviertieron en una especie de coraza para tratar de sortear, con el mayor éxito posible, la exigencia enorme que pronto le tocaría asumir. Salió bien parado de ese trance preliminar antes de la cita bajo los cinco aros, al registrar cosecha de tres coronas y un bronce en los ocho eventos en que participó.

Con el apetito voraz de triunfo que inquieta a un principante, irrumpió en la Ciudad Maravillosa por la puerta de los vencedores, tal y como se esperaba, ante el estadounidense Howard Shu, aunque luego aparecería una pronosticada derrota frente a uno de los habituales en el top ten universal, el indonesio Tommy Sugiarto. Una de cal y otra de arena heredó la principal figura de casa en su debut olímpico, desde mi apreciación un resultado a la altura de sus posibilidades y muy valioso para la historiografía de nuestro movimiento deportivo.

Sin embargo, aunque duela manifestarlo, decir bádminton en Cuba es prácticamente como mencionar a Osleni. Casi toda la dinámica competitiva que se mueve allende los mares con presencia antillana, se concentra en su figura, y eso, a todas luces, lanza varios llamados de preocupación.

Un ininterrumpido, pero desmejorado Torneo Internacional Giraldilla de La Habana, que se celebra cada año, es prácticamente la tabla de salvación que tienen las demás figuras de la preselección nacional —entre los que brillan jóvenes con perspectivas muy halagüeñas como Leodannis Martínez, Bryan Véliz, Taimara Oropeza, Melissa Azcuy y Ernesto Reyes— a la hora de medirse con atletas foráneos con cierta alcurnia.

Es un proceso engorroso encontrar la ubicación de cada uno de esos jóvenes badmintonistas de la Isla en la actualización del listado del orbe que cada jueves nos propone la página del organismo rector de este deporte. Es inevitable que la ausencia a eventos puntuables y con determinada calidad, les termine pasando factura y los condenen a lugares bien recónditos, a la par de que muchos de sus similares tengan una agenda bien cargada.

Es una situación multicausal, pero debe alertarse que comienza un nuevo ciclo olímpico y es perfectamente comprensible que se hagan «gestiones para ofrecerles oportunidades a las figuras con responsabilidades de alcanzar resultados destacados en este», como declaró el comisionado nacional de la disciplina Alexis Ramírez a JR. Sería idóneo llevar esa afirmación a vías de hecho, pues Osleni Guerrero no es vitalicio.

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