Táctica y estrategia

Cuba cedió ante Japón, pero recuperó terreno al vencer 6-0 a China

Autor:

Norland Rosendo

TOKIO, Japón.— Mario Benedetti nunca jugó béisbol. Quizá supo poco o nada de este deporte, pero el título de uno de sus poemas se me antoja un buen pretexto para este trabajo. Ahora mismo escucho, porque no hacen falta más oídos que la intuición, lo que se está diciendo en Cuba de Carlos Martí y su estrategia de no utilizar a sus mejores lanzadores en el juego contra Japón.

Él siempre tuvo claro que iba a ser así. Desde su punto vista, las mayores posibilidades de éxito del equipo antillano serían contra China y Australia. Ha sido, al menos, consecuente con esa visión. Y eso que se valoraron otras, que ahora, a la luz del revés frente a los samuráis, adquieren mayor dimensión en la polémica.

Era obvio que sin darle la bola a los mejores, las probabilidades de vencer a los anfitriones, doble campeones del Clásico (2006 y 2009), disminuían en un porcentaje nada despreciable. No habría que esperar un milagro, pero sí una actuación más cercana a la perfección de los pitchers empleados.

En una sesión de entrenamiento en La Habana, José Manuel Cortina me decía que los serpentineros debían estar siempre encima en el conteo, sobre todo, porque iban a enfrentar a bateadores de gran calidad, que saben aprovechar las debilidades del contrario.

Analicemos algunos momentos claves del juego. La primera carrera la anotaron los japoneses en el mismo capítulo de apertura, luego de que Noelvis Entenza sacara dos outs. El tercer bate y jugador de las Grandes Ligas, Norishika Naoki, le conectó doblete. Entonces, el cuarto en la tanda aprovechó que el lanzador debía marcarle, pues estaba en dos bolas y un strike, y le disparó el hit del remolque.

En el cuarto, el batazo que fildeó un aficionado de aire para suerte de los cubanos cerca de la pared del jardín izquierdo y que los árbitros consideraron como interferencia, fue conectado en similar conteo desfavorable para el lanzador, de un strike y dos bolas. El bambinazo de Tsutsugo fue en la cuenta que todos llaman la de los grandes batazos, ya usted sabe: 3-1.

Contra Matsuda no se aprendió la lección: dio jonrón primero en un strike sin bola y luego, en el octavo, en el mismo conteo le repitieron el lanzamiento en zona, y volvió a empujar carreras.

Y no es que queramos ser muy exigentes. Pero reitero, si la estrategia era prescindir de los estelares, de los más seguros en el montículo, había que actuar con el margen de error táctico cerca de cero. Y eso, usted lo sabe también, es casi imposible.

¿Cuántos boletos regalaron los lanzadores cubanos? Siete. Que sumados a los 14 incogibles de los bateadores japoneses y los tres errores de nuestra defensa, propiciaron que se embasaran 24 hombres, y de ellos, anotaron 11. Una gran efectividad a la ofensiva. Saben fabricar carreras. Se sabía.

La otra arista es que Cuba bateó como no pensábamos. Ligó 11 indiscutibles, pisó seis veces la goma; con esa producción pudo haber ganado si los lanzadores hubiesen aguantado. O si hubieran sido otros los que se hubiesen subido al box para desafiar las catanas japonesas. Sigo pensando en que era importante (y posible) el éxito en el primer juego.

Así que traté de disimular al máximo mi disgusto también cuando sentaron a Roel Santos para esperar un jonrón que nunca llegó de Jefferson Delgado, o cuando en el quinto capítulo le dieron la bola a José Ángel García, un hombre acostumbrado a los cierres de juego, no de inning.

Pero la estrategia y los movimientos tácticos los definen, en este caso, Carlos Martí y su estado mayor. Y él sabe lo que hace. Aunque yo no esté de acuerdo, reconozco que tantos años dedicados al béisbol lo dotan de una experiencia y un conocimiento de alto vuelo.

Confío (confiemos) en él. Y en el equipo Cuba.

Entre Baños y el cuarto

Risueño, como si su equipo no estuviera obligado a ganar los dos desafíos restantes de la fase preliminar, me encontré a Vladimir Baños en un pasillo del estadio tras la derrota frente a los anfitriones. «Tranquilo, que yo gano mañana, ese juego es mío», me dijo el pinareño.

En cinco entradas anoche, los chinos solo le conectaron un hit (el único que dieron en todo el duelo), después de retirar a 13 hombres seguidos. Ponchó a cuatro, no transfirió a nadie y dejó el partido 4-0 a su favor.

En el cuarto, los antillanos ligaron sencillo de Carlos Benítez, pelotazo a Frank Camilo, batazo de Yoelkis Céspedes contra el muro de la derecha, que empujó la primera anotación, triple de Roel Santos fletó dos más y un lineazo de Alexander Ayala montó al jardinero izquierdo para completar el racimo de cuatro.

Los dirigidos por Carlos Martí anotaron también en el sexto y séptimo episodios, para sentenciar el 6-0 a su favor. Vladimir García tiró dos inning y uno cada uno, Liván Moinelo y Miguel Lahera.

Cuba descansa hoy, y el jueves por la noche buscará el pase a la segunda fase frente a Australia con Lázaro Blanco como abridor.

En el otro grupo asiático, con asiento en Seúl, Israel ha sido la revelación, con una nómina de atletas que han jugado en Estados Unidos, derrotó a Corea del Sur (2-1) y a Taipéi de China (15-7), mientras Holanda debutó con victoria sobre los anfitriones (5-0) y estos últimos están al borde de despedirse muy temprano del Clásico.

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