Changa, mi mejor siniestro

Los lectores piden una comparación entre los mejores lanzadores zurdos en nuestras series nacionales... y JR lo intenta

Autor:

Benigno Daquinta

Hace unos días me alarmé al ver el buzón de mi correo electrónico más lleno que de costumbre. La mayor sorpresa fue que casi todos los emails me pedían lo mismo: una comparación entre los mejores lanzadores zurdos en nuestras series nacionales.

En unos de los mensajes me explicaban que en el programa televisivo Béisbol de Siempre se había tocado recientemente el tema y no sé por qué a los cubanos nos gustan tanto las comparaciones.

Es muy difícil ponerse de acuerdo, porque no trabajaron en la misma época (bate de madera y aluminio), en equipos más y menos ganadores, hay desproporciones en la cantidad de entradas lanzadas y el número de series entre unos y otros, en fin, hay muchas diferencias en los parámetros.

Para tratar de complacer a los lectores, agrupemos a los zurdos que lanzaron más de 500 entradas y a partir de ahí emitamos algún criterio.

En nuestras primeras series nacionales se destacaron dos capitalinos de la mano «equivocada», Maximiliano Reyes, quien tiene el mejor promedio de juegos ganados y perdidos entre zurdos con .685, tras acumular 37 victorias frente a solo 17 derrotas, además de un buen 2.43 de promedio de carreras limpias, y Rigoberto Betancourt, quien aparece con el mejor promedio de ponches por juego (9.06), producto de sus 573 out por esa vía en 569 entradas, y también tuvo un positivo balance en ganados y perdidos (38–27) y trabajó para 2.51 de efectividad, pero ambos lanzaron menos de 600 entradas.

De nuestras primeras series, también hubo destaque para un trío de las provincias centrales (aunque estos tuvieron más durabilidad): Ronel Sardiñas, Aniceto Montes de Oca y Leonel García; el primero, un relevista que presentó balance de 41 ganados y 26 perdidos y un promedio de carreras limpias de 2.39; el segundo, sin ser ese zurdo ponchador, ganó 71 partidos, perdió 52 y lanzó para 2.70 con más de mil entradas lanzadas, y Leonel posee el segundo mejor promedio de carreras limpias, con 2.34, con 71 triunfos y 55 fracasos en 1085.1 entradas trabajadas.

A finales de los 70 y principios de los 80 en la más occidental de nuestras provincias también hubo destaque para Félix Pino y Maximiliano Gutiérrez, el primero en nueve clásicos ganó 56 duelos, perdió 47 y lanzó para 2.84, y posee todavía los impresionantes récords de cinco lechadas consecutivas y 46.1 entradas seguidas sin que le hicieran carreas (ganó 62, perdió 47 y tuvo PCL de 2.57).

También, aunque en diferente época, están los casos de Pablo Miguel Abreu y Maikel Folch, el capitalino con 72 éxitos y 48 derrotas para promedio de 600, ponchó a 822 rivales en 964.2 entradas; el avileño, con mejor promedio de ganados (641) producto de 75 victorias frente a solo 42 fracasos, su mayor dificultad estuvo en el control, pues regaló más bases que ponches: 517 por 513 en 989.2 innings. Vale la pena ponerlos entre estos porque los entrenadores coinciden en que eran talentos puros y si hubieran puesto de su parte hubieran podido tener mejores resultados.

Por último, agrupé a los que coinciden en tener más de cien victorias y más de mil ponches, y solo una decena reúne ambos requisitos (Ver tabla).

Santiago «Changa» Mederos y el pinareño Omar Ajete son los únicos con más de 600 de promedio de ganados y perdidos. Changa junto al también capitalino Darcourt se destacan en el grupo por su efectividad, únicos que lanzaron para menos de tres carreras limpias por juego. Además, es el zurdo de mejor promedio de carreras limpias con 1.97 y al que menos le batean con solo .197. Por ello opino que es el mejor que ha pasado por nuestros clásicos nacionales.

 

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