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Justicia femenina en un mundo de hombres

La única árbitro de béisbol en torneos élites en el mundo es cubana. Su nombre es Janet Moreno Mendinueta y «canta» todos sus movimientos a JR

Autor:

Susana Gómes Bugallo

«Desde que nací estoy en un estadio de pelota. El rightfield (jardín derecho) del Latino daba para casa de mi papá, y cuando yo tenía solo unos meses, él me llevaba para el estadio, me daba el biberón de leche y ahí era donde yo me quedaba dormida. Así empezó mi pasión por el béisbol».

Como una novela romántica, de aventuras y pasiones, cuenta Janet Moreno Mendinueta su vida. Va de historia en historia, y ese sería el mejor modo de compartir a quienes leen JR todo lo que va diciendo. Porque ella ama las anécdotas y se siente orgullosa de todas las que le ha tocado vivir. Y, si fuera a compilarlas, no hay dudas de que el libro debería llevar por nombre La primera.

Es que Janet es y ha sido la primera muchas veces. Y digo la primera porque, aunque hasta hoy es la única, bien sabe ella que otro grupo de jóvenes la seguirá.

Janet Moreno Mendinueta es la única árbitro de béisbol de ligas mayores en el mundo. Llegó a esta profesión cuando tenía 27 años y está viviendo ahora su decimotercera Serie Nacional de Béisbol, después de haber pasado por un largo camino en el deporte que comenzó en la calle.

«Cuando fui creciendo, me ponía a jugar pelota con los muchachos en la cuadra. Pero cuando mi papá me veía, me castigaba, porque no le gustaba. Entonces me escondía para jugar y les advertía a los muchachos que, si lo veían venir, me avisaran para que no me descubriera. Pero siempre había alguno que, cuando me tocaba batear y yo no estaba, me gritaba. Y mi papá me encontraba», recuerda como si aún estuviera oculta al doblar de cualquier esquina.

«Déjeme batear un pelotica»

Desde prescolar Janet comenzó a practicar el deporte «en serio», aunque fuera esta vez el tenis de campo. Cuando ya tenía alrededor de diez años, lo dejó y empezó en el judo, que le llevó a estudiar en la EIDE y la ESPA provincial.

«Estando ahí, a cada rato me escapaba, e iba a ver al entrenador de las muchachas en softbol (Naranjo) y le decía: “Profe, déjeme batear una pelotica”. Y él me dejaba.

«Cuando tenía 15 años, se iba a realizar por primera vez un campeonato juvenil de softbol femenino. Ya la dirección de Ciudad de La Habana tenía el equipo que iba a participar, pero me encontré al entrenador Naranjo y me preguntó si estaba interesada. “Mi papá no quiere que juegue pelota en la calle”, expliqué. Entonces él me advirtió que era pelota organizada y, si yo quería, él hablaba con mi papá», dice.

Pero ella sabía que primero debía contárselo a su mamá para que lo «ablandara». Lo hizo, y acordaron que ese día Janet debía bañarse y hacer la tarea temprano.

«Ese día ni salí a jugar con los muchachos. Cuando mi papá llegó, le preguntó a mi mamá si yo estaba enferma. Entonces ella le dijo que queríamos hablar con él. “Voy mañana contigo a la Ciudad Deportiva a ver las pruebas que te van a hacer. Si veo que es una competencia organizada, y que tú eres buena, entonces te dejo. Si no, ni me hables más de la pelota”, fue su firme respuesta», rememora ella.

«Cuando llegamos a la Ciudad Deportiva, vino el entrenador con los trajes del equipo, porque al otro día se iban ya para Granma. Antes de entregarlos, me hizo la prueba. Empezó a batearme a los jardines, y vio el desplazamiento y el brazo que yo tenía.“¡Ya tenemos center field!”, exclamó. Entonces puso a las muchachitas a que me cubrieran y vio que daba buenos batazos.“¡Y ya tenemos tercer bate! Usted es la primera en coger la ropa”, soltó.

A partir de ese momento, reconoce Janet, su papá fue todo lo contrario. La apoyaba en todo, estaba pendiente de lo que le hacía falta y era su cómplice para cada situación.

Detrás de home

Después de jugar durante más de una década en el equipo de Ciudad de La Habana de los juveniles y de primera categoría, cuando llegó el 2000, Janet decidió apartarse debido a una injusticia que le dolió mucho, explica.

Entonces le propusieron ser árbitro de softbol, camino que inició mediante cursos y campeonatos provinciales de todas las categorías. Un año después, el béisbol femenino empezó a dar sus primeros pasos. «Cuando vi aquello, pensé que era lo que quería. Entonces sábado y domingo arbitraba softbol y entre semana, practicaba el béisbol», comparte.

Cuando pensó en centrarse más en el entrenamiento de béisbol, la comisionado Margarita Malleta la alertó de que esa práctica estaba surgiendo, y cuando diera frutos, ya Janet estaría pasada de edad (tenía entonces 25 años).

«Ella me sugirió que era mejor escoger la carrera de árbitro, porque nuestra presidenta de la FMC, Vilma Espín, le estaba pidiendo una árbitro en béisbol, que era en la única esfera que no había representación femenina. Margarita me veía con condiciones para eso y yo podría ser la primera árbitro mujer en series nacionales. Estuve de acuerdo y pasé el curso provincial de béisbol. Y empecé a arbitrar las competencias de béisbol y softbol a la par. Luego me pusieron a escoger entre los dos deportes», dice.

Y el resto es historia. Se sabe cuál deporte eligió. Janet trabajó en todas las categorías, hasta que pasó el curso zonal y solo escogieron a los primeros cinco expedientes para ir a la escuela nacional.

«Fui el segundo expediente y no me lo podía creer. Llegué a la escuela y, en tres años que estuvimos preparándonos como árbitros nacionales e internacionales, fui el segundo expediente también. Cuando me dijeron que ya iba a participar en la Serie Nacional, pensaba en que ese era un sueño que creía que no sería realidad.

«Nuestra presidenta (Vilma) me decía: “Tienes para llegar”. Y, antes de fallecer, pudo ver su obra realizada. Ella siguió de cerca el béisbol femenino que, cuando fue al primer mundial, quedó en tercer lugar y todas las muchachitas le trajeron la medalla. A mí me dieron una de plata y se la traje también. Ella estaba muy contenta porque ese era el deporte nacional y tenía que existir un equipo de béisbol femenino y una árbitro femenina.

«Ya en este momento tenemos hasta anotadora. En el béisbol femenino hay tres árbitros que vienen bien y trabajan en la nacional femenina y en las provinciales masculinas, pero creo que todavía les falta un poco para llegar a series nacionales masculinas», sueña Janet.

Detrás del home, en su posición preferida, Janet imparte la justicia en el terreno. Foto: Cortesía de la entrevistada

¿Cómo ha sido decidir la justicia en un mundo de hombres?, se pregunta una desde el cómodo banco, con la grabadora en mano, pero sin posibilidades de jonrones. La árbitro tiene respuestas para todo.

«Esta es mi decimotercera Serie Nacional. Cuando empecé, eso creó “ronchas” entre algunos árbitros porque consideraban que yo le quitaba el puesto a un hombre.

«No vayas a pensar que fue fácil. Pero según pasaron los años y ellos vieron cómo yo iba progresando en mi trabajo, todo mejoró. Ese primer año tuve mucho apoyo de Luis César Valdés, quien siempre estuvo ahí, ayudándome y diciéndome que siguiera adelante, que yo podía.

«Janet confiesa que prefiere el home, y cuenta que un día de trabajo en las series nacionales tiene de todo. Hay que levantarse temprano para cumplir con la preparación física porque las temperaturas altas exigen perfecto estado del cuerpo, comenta a este diario minutos antes de ser condecorada con la Distinción 23 de Agosto que otorga la FMC.

Luego nos lleva virtualmente al cuarto de árbitros para que conozcamos que en ese momento previo se debate sobre la concentración, las posibles situaciones y las reglas que deben seguirse. «Son todas las jornadas en función del béisbol», resume con la satisfacción de quien es feliz entregándose a la pasión que la moviliza ante cada jugada.

Fuera de zona

«Cuando empecé, hubo un receptor que, cuando estaba en home, me decía: “Mi amor, nunca he tenido una dama detrás de mí”.Y yo le contesté:“Usted tiene que mirar para el pitcher; a mi esposo no le gusta que me estén mirando en el terreno de pelota”. Luego vino a batear y siguió:“Tu esposo no está aquí, te puedo mirar”. Entonces le tiraron tres lanzamientos al medio y le metí “ponchao”. “Pensándolo bien, ya no te miro más”, soltó y se alejó del cajón».

«La primera subserie que me tocó en el primer año en series nacionales fue Villa Clara-Matanzas. Estaba Ariel Pestano en la receptoría y se me ponía un poco fuera del cajón de receptor. Cada vez que cogía la pelota, me miraba. Entonces me dijo:“Chica, ¿tú no vas a cantar ninguna ahí?”. Y le contesté: “Si tú dices que ahí está buena, cuando vengas a batear, te la canto ahí”. En ese momento reaccionó: “No, no. Ya veo que tienes buena zona”. Y se metió para dentro del cajón de receptor y no salió más. «Cuando se acabó el juego, le hicieron una entrevista y le preguntaron qué le había parecido la muchacha trabajando de árbitro en home. Él contestó:“Es muy buena, fíjate que fue la única en lograr que yo estuviera dentro del cajón los nueve innings”».

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