Sentimientos encontrados de una generación

Sin duda, la presencia en tierras europeas será un sorbo de oxígeno para una escuadra cuyo promedio de edad supera por poco las dos décadas de vida

Autor:

Eduardo Grenier Rodríguez

Sumido en un período marcado por la incertidumbre, luego de verse obligado —una vez más— a comenzar prácticamente desde cero el proceso de construcción de su equipo nacional, el voleibol masculino cubano consiguió el pasado fin de semana el anhelado cupo al mundial de la disciplina, a disputarse en septiembre del próximo año en Italia y Bulgaria.

Sin duda, la presencia en tierras europeas será un sorbo de oxígeno para una escuadra cuyo promedio de edad supera por poco las dos décadas de vida.

Sin embargo, pese a las indudables condiciones físicas que poseen los dirigidos por Nicolás Vives, es menester aclarar que, como piensa la gran mayoría de la afición cubana, la actual selección nacional no es más que un espejismo de aquel fortísimo elenco que hace apenas un quinquenio fue capaz de competir con las principales potencias de este deporte a nivel mundial.

Lo innegable es que pese a las adversidades, las posibilidades futuras de esta selección —si, como se espera, mantiene a todas sus figuras— son realmente esperanzadoras. En la sala vueltabajera 19 de Noviembre, los fieles al voleibol pudieron comprobar in situ el talento de una hornada que, con el liderazgo de Miguel David Gutiérrez, Miguel Ángel López y el capitán Liván Osoria, tiene muchísimo margen de progresión.

A pesar de los incontables matices halagüeños que dejó la escuadra, cualquier entendedor no dejaría pasar inadvertidos algunos problemas que arrastra de tiempos pasados, como si de una tradición se tratara. Por ejemplo, el número de errores no forzados constituye en ocasiones un enemigo tácito adicional que atenta contra las posibilidades de triunfo. En Pinar del Río, hasta los saques en floating eran incrustados con frecuencia contra la net, o enviados más allá de la línea final, incluso en momentos cruciales de cotejos que definían la clasificación mundialista. Inconcebible e inadmisible a este nivel.

Por otra parte, el bloqueo, que en otras ocasiones ha sido un punto fuerte de las escuadras criollas, se mostró ausente del partido ante México, tanto mediante puntos directos como para propiciar oportunidades de complejo 2. Sin embargo, el domingo apareció el muro ante Puerto Rico, reafirmando lo importante que resulta el bloqueo en el desenlace de un encuentro para los cubanos.

Quizá estos vaivenes que evidencia el elenco antillano, que un día puede lucir invencible y al otro perder ante equipos muy inferiores, puede justificarse con la juventud de sus integrantes. Las puntas de lanza del elenco rondan en su mayoría los 20 años, desde Marlon Yant (2,02 metros de estatura con solo 16 años), cuyo desempeño sorprendió gratamente, el armador Adrián Goide, hasta los auxiliares Osniel Melgarejo y Javier Jiménez, este último el más experimentado tras jugar una temporada en la Liga italiana.

Decía Ariel Saínz, presidente de la Federación Cubana de Voleibol, tras finalizar el pulso ante los aztecas, que uno de los males del equipo era la carencia de un líder, dígase ese jugador capaz de echarse a los hombros las opciones de K1 a partir del punto 20 de cada set. Además, achacaba a la desconcentración en momentos cruciales la derrota ante los mexicanos.

El domingo, sin embargo, los jugadores mostraron carácter para salir adelante en situaciones de máxima tensión.

El mundial será una oportunidad de progresión para una generación dotada técnicamente y que, además, es beneficiada por el proceso de contrataciones en ligas extranjeras, del cual el voleibol es uno de los deportes más activos. Queda entonces aguardar que esta escuadra, subtitular del orbe de la categoría sub 21, aproveche al máximo su talento y haga fructificar en la categoría grande, el gran talento evidenciado desde edades tempranas.

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