La industria deportiva: Montarse en patines

JR aborda las tribulaciones actuales del Inder y la familia cubana, quienes libran una lucha desequilibrada contra la falta de aditamentos imprescindibles para la práctica del deporte

Autores:

Enio Echezábal Acosta
Lianet Escobar Hernández

Parece trama de telenovela. Por un lado están los anhelos del niño que quiere ser como Orestes Kindelán o la niña que quizá aún no sabe quién es Yoanka González, pero ansía ser la mejor pedaleando; en el medio, la lucha de unos padres por complacer a su hijo aunque no tienen con qué y, al final, el entrenador, que de tanto «inventar», ya se siente mago.

Este es el guion cotidiano de muchas familias en las que, afortunadamente para el desarrollo del deporte en la Isla, surge un talento deportivo o simplemente un chico con ilusiones de llegar a serlo, pese a que la falta de implementos, tanto en la base como en el alto rendimiento, es un mal que no deja a la historia tener un final feliz.

¿Ave béisbol?

«Todo es negro», así de lúgubre nos pintó el panorama en torno a las carencias de aditamentos deportivos Dainerys García, una madre residente en el municipio de Cotorro, en la capital, cuyo hijo se prepara con miras a participar en el Campeonato Nacional de Béisbol en la categoría 13-14 años.

«Esto es muy difícil, el que ellos jueguen depende enteramente de lo que podemos resolver nosotros los padres, porque hasta la fecha, a los muchachos no les han dado nada: ni un uniforme, que puede costar “en la calle” hasta 35 CUC, ni guantes (hasta 40 CUC), y ni hablar de los zapatos (50 CUC o más). Y cuando llega la competencia es igual, tenemos que comprar la ropa e incluso a veces hasta las pelotas del entrenamiento», asegura la joven ama de casa.

«Con todo lo que hemos invertido en la pelota creo que pudiéramos haber comprado una casa o un carro», dice entre risas Yainira Díaz, otra de las madres presentes en el entrenamiento de su vástago pelotero, pero se nota que por dentro tiene muchas más ganas de pegar un grito antes que jaranear.

«Ni siquiera los terrenos, que es lo único que nos da el Inder, ayudan, porque están tan malos que no hay zapato ni ropa que aguante estarse tirando todos los días en la tierra tan dura. Les juro que a veces quisiera que a mi hijo nunca le hubiera dado por practicar deportes, son tantos los trabajos que pasamos que hasta odio le he cogido a la pelota y a cualquier otra actividad deportiva», argumentó.

Estos criterios forman parte de la realidad del béisbol, sin embargo, y aunque usted se niegue a creerlo, cuando de materiales se trata, es esta una disciplina que gracias a su condición de deporte nacional, disfruta de privilegios y atenciones que no tienen otros.

Por ejemplo, a los municipios se le han distribuido unos guantes bastante fuertes que se producen con cuero de las tenerías cubanas, un dato que obtuvimos a través del diálogo con Manuel Trobajo Santana, director de Aseguramiento del Inder.

«Otros productos que hacemos llegar a la base, exactamente a los Combinados Deportivos, están en consonancia con lo que fabrica la industria deportiva», señaló el directivo.

«No obstante, no tenemos la infraestructura adecuada para satisfacer la demanda, aunque gracias a un crédito que tenemos con China, importamos cada año productos para cerca de 30 deportes», apuntó.

«Sí, es verdad que las cantidades no satisfacen las demandas de la masividad, pero como promedio entregamos —indistintamente— implementos para al menos 16 disciplinas, en parte con ayuda de los patrocinios», enfatizó Trobajo Santana.

Hasta 2016 y según datos recopilados de un anterior trabajo publicado en el semanario Trabajadores bajo el título: ¿Cuánto cuesta el deporte en Cuba?, la Industria Deportiva cubana se encargaba de la fabricación de balones, pelotas, bates, guantes y del vestuario, y otros tantos servicios.

Dichas referencias no pudieron ser actualizadas por los reporteros de JR, a quienes luego de varios intentos les fue imposible entrevistar a los directivos de dicha empresa, que actualmente pertenece al Ministerio de Industrias (Mindus).

No obstante, sí se pudo corroborar con Trobajo Santana que en 2017 esta garantizó el vestuario de la Serie Nacional, el Playa Girón de boxeo y de otros torneos a escala territorial, sin embargo, no siempre cuentan con el equipamiento o el material para hacerlo y es entonces cuando hay que recurrir a alternativas, como las cooperativas.

Hasta aquí pudiéramos decir que en cuestiones de béisbol las cosas no están ni medianamente resueltas, pero dentro del laberinto, en ocasiones se avizora una salida. En cambio…

Increíble, pero cierto

¿Se ha puesto a pensar qué se hace en Cuba para formar un atleta de tenis de campo, un pelotari, un ciclista o un patinador?

Deportes como estos, menos mediáticos y populares, se pierden en el limbo de las carencias y sufren por la imposibilidad del organismo deportivo de satisfacer sus quejas.

Uno de estos «dolientes» es Luis Manuel López Rodríguez, entrenador de tenis del Combinado Deportivo «Ferroviario», localizado en el municipio capitalino de 10 de Octubre, quien no  duda en atribuirle parte de las culpas al bloqueo económico que nos impone Estados Unidos desde hace casi seis décadas.

«Lo más importante en estos momentos es la ayuda de los padres, quienes han optado por buscar opciones como comprar sobre todo raquetas, porque las pelotas son un poco más complicadas de conseguir, pues necesitamos una cantidad específica para entrenar. A veces la Federación Internacional de Tenis (ITF, por sus siglas en inglés) nos dona algunas, pero no las suficientes», testificó.

«Mi niña tiene siete años, y practica desde los cinco. Todas las raquetas que ha tenido las hemos comprado a un precio que ronda los 30 CUC —o dólares—, aunque hay otros con más suerte a quienes sus familiares se las mandan o traen del exterior», nos cuenta Idalmis Álvarez, vecina de Lawton.

«A veces entre nosotras nos compramos y vendemos los implementos, aunque eso no siempre se puede, porque hay quien tiene un hermano o un primo que está en la cola para heredar la suya», manifiesta.

Contradictoriamente, las pelotas aptas para el tenis que evidentemente no sobran para practicar en las áreas, son la solución que han encontrado atletas y profesores de la selección nacional de pelota vasca para no detener su preparación con miras al Campeonato Mundial absoluto que enfrentarán este año.

«Aquí no tenemos pelotas para entrenar, resolvemos con una colecta que hacemos entre todos, alumnos y profesores para comprar a     8 CUC el tubo de tres unidades, pero de las que se usan en el tenis, que no son ni remotamente las idóneas, aunque sirven como aliciente», comentó Camilo Valdés Frías, entrenador del equipo nacional de pala corta y paleta con pelota de cuero.

«Lo más nefasto aquí es la situación de las palas, porque se fabrican de un árbol específico, el de la Haya, inexistente en Cuba, por lo que hay que innovar. ¿Cómo?, pagamos 5 CUC y mandamos a confeccionarlas de otro tipo de madera en carpinterías estatales, porque las particulares cobran más caro (10 CUC)», asegura Valdés Frías.

De hecho, la iniciativa fue premio en el fórum de la Anir que el pasado año se celebró en el Cerro Pelado.

La buena noticia para este deporte es que el Inder logra garantizar los implementos que se usan en los torneos nacionales y para el desarrollo de los atletas en la base, donde se emplean recursos menos costosos.

Sin embargo, no todo es color de rosa, pues en la parte más baja de la pirámide no se utilizan las pelotas ni los aditamentos que se manejan en el alto rendimiento, o sea, cuando un atleta llega al equipo nacional, hay que empezar prácticamente de cero a enseñarle a jugar.

Y eso sin contar que si un padre quisiera pagarle a su hijo una buena raqueta para entrenar, tendría que estar dispuesto, sicológica y económicamente, a desembolsar hasta 300 CUC. 

¿Sobre ruedas?

Montarse en patines en la Mayor de las Antillas también resulta una cuerda tambaleante, sobre todo porque se trata de un deporte sumamente caro y que precisa de muchos implementos. No obstante, sí hay patinadores.

Haila Brunet Alvárez tiene 19 años y es en la actualidad la primera figura del equipo nacional en la modalidad de carrera, en el área de la velocidad, y a pesar de que por el estatus en que la coloca su talento recibe recursos por parte de la Federación cubana, su permanencia en las pistas ha dependido en lo fundamental del sacrificio de sus padres.

«Me han dado cosas, pero he tenido que comprarme botas, que cuestan entre 300 y 350 CUC, las gomas están a 80 y 120, una licra entre 30 y 40, un casco 50 y los de gran calidad, o sea, de marca, pasan de cien y hasta de 200 pesos convertibles», dice la joven espirituana.

«Empecé en el patinaje de muy niña y antes de llegar a la selección nacional fui testigo de cómo muchos de mis compañeros con mucha perspectiva quedaron en el camino, pues no podían costearse sus equipos, yo fui de las afortunadas porque mis padres siempre hicieron, y hacen, lo posible porque pueda continuar y llegar lejos en mi carrera como deportista», enfatizó.

Al respecto de estas problemáticas nos acercamos al Comisionado cubano de patinaje, quien aseguró que «dentro del pequeño presupuesto que puede garantizarles el Inder se logra adquirir una serie de recursos, pero son insuficientes y hay que dárselos a las principales figuras del conjunto y recoger los aditamentos viejos de estos para que resuelva el que viene detrás, y así sucesivamente».

«Ahora mismo casi el ciento por ciento de los patinadores usan recursos propios, y ninguno adquirido en Cuba, todos los aditamentos son importados por familiares o encargos que se hacen a personas que viajan al exterior o se compran en países productores de Europa o el mercado de Colombia, cuando van a torneos internacionales —que por cierto, no son muchos—, además de las ayudas que representan las donaciones.

«En la base todo es con esfuerzo familiar, y aun así el patinaje se practica en diez territorios del país», concluyó el directivo.

Si se tratara de una generalidad, ¿se imagina usted que para practicar la modalidad del ecuestre en el pentatlón moderno un atleta tenga que agenciarse su propio caballo? Y después hay quien se pregunta por qué son menos las medallas olímpicas y mundiales de los últimos años.

Con los pies bien puestos sobre la tierra les podemos decir que en estos tiempos casi todo el equipamiento especializado de la mayoría de los deportes es importado, y el Inder trata de priorizar aquellos con mejores resultados y proyección, entre ellos, los de combate, arte competitivo o atletismo.

Los demás, subsisten, a pesar de los salarios no acordes con los precios del mercado, más bien gracias al amor: ese que le profesa un padre a su hijo, el del atleta por su profesión, y el de los entrenadores por su deporte.

En definitiva, solo el amor engendra maravillas, pero cuidado, que a veces ni siquiera eso es suficiente.

El costo de un juego de arreos como este oscila los 220 dólares.

caricatura de LAZ

 

Camilo Valdés muestra la pala y la pelota con que actualmente se entrena el equipo nacional de pelota vasca.

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