El Atlético destrona al Rey

Otra noche memorable se vivió en la capital de Estonia cuando dos grandes clubes de Madrid disputaban la supremacía última a nivel continental

Autor:

Enio Echezábal Acosta

Otra noche de esas, memorables, se vivió ayer en la báltica Tallin, capital de Estonia. Como viene siendo tradición, la final de la Supercopa de Europa tuvo como sede a una ciudad con poca tradición futbolera, en donde dos grandes clubes de Madrid: Real y Atlético, disputaban la supremacía última a nivel continental.

Los del Cholo —quien tuvo que dirigir desde la grada— comenzaron fuertes, tanto que ya al segundo 49 de juego se adelantaron, cuando Diego Costa cazó una pelota larga y ya dentro del área colocó casi sin ángulo un remate espectacular para batir a Keylor Navas.

Acostumbrados a salir de agujeros profundos, los merengues se adueñaron de la pelota y poco a poco fueron acorralando a sus «vecinos». Al 27, tras una excelsa jugada individual, Gareth Bale puso un centro que Karim Benzema mandó al fondo de las redes.

En el segundo tiempo, el asedio blanco siguió in crescendo, hasta que al 65 una mano de Diego Godín  fue sancionada como penal. Sergio Ramos convirtió desde los 12 pasos, y a partir de ahí el Madrid se dedicó a conservar la ventaja. Todo les fue saliendo a pedir de boca, hasta que a ocho del final, un error de Marcelo en la banda derecha propició la jugada que terminó con el empate, también obra de Diego Costa.

El banquillo, que tantas veces había ido en contra de los colchoneros en las pasadas finales europeas, resultó esta vez determinante en el tiempo extra.

Con más talento que otras veces, los Indios supieron desconcertar a la defensa de los actuales campeones de la Champions, y en la primera parte del tiempo extra sellaron el partido. Primero fue Saúl quien puso la ventaja con una volea antológica, y luego Koke terminó de sepultar a los de Julen Lopetegui, tras aprovechar otra terrible pifia de la zaga madridista.

Carentes de ideas, los de Concha Espina intentaron en vano romper la muralla de sus contrarios, y así llegó el pitazo final.

Tras las finales europeas perdidas en 2014 y 2016 ante los acérrimos rivales de la capital española, ahora los rojiblancos se desquitaron, y se proclamaron por tercera ocasión (2010 y 2012) como supercampeones del Viejo Continente.

 

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