Escandalosa, aunque esperada

El nuevo gobierno peruano luego de haber firmado el Tratado de Libre Comercio a pesar de la oposición popular, intenta calmar las protestas con algunas "medidas de compensación"

Autor:

Marina Menéndez Quintero

Foto: AP Nocturnidad, alevosía y, desde luego, premeditación. Son esas las condiciones que retratan la forma antipopular en que el Congreso saliente peruano ha puesto firma y cuño al Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos: un convenio rechazado por los productores agrícolas y amplios sectores sociales de la nación, y que este mismo miércoles de infortunio ha incitado manifestaciones frente a la embajada estadounidense.

Se sabía que Alejandro Toledo estaba haciendo todo —y haría más aún— por dejar ratificado el acuerdo que él, de su propia mano, tuvo la satisfacción de firmar, el primero, con W. Bush, el pasado mes de diciembre, adelantándose a Colombia y Ecuador.

Pero faltaba la ratificación del Congreso, cuya legislatura fue, incluso, extendida, para darle tiempo a la discusión y el visto bueno.

No fue el único malabar ejecutado por la actual administración antes de que tomasen sus asientos el proclamado presidente Alan García y los legisladores recién electos, entre quienes se adivina mayoría en contra del TLC, aunque no esté tan clara la actitud que adoptaría el nuevo mandatario...

Entre quienes interrumpieron la maratónica y accidentada sesión de unas 15 horas que aparentemente cierra la puja, se encontraban algunos de esos parlamentarios, miembros de la bancada del Partido Unión por el Perú que postuló a Ollanta Humala en los aún frescos comicios, y quienes irrumpieron en el hemiciclo para denunciar las consecuencias lesivas que supondrá el Tratado para la economía y la población, aunque la propaganda echada a rodar por Toledo, asegure lo contrario.

Pero, además, los críticos del TLC sienten que se ha dado el paso desconociendo la opinión de la gente y eso, probablemente, es lo que más duele. Se ha hecho caso omiso, estrepitosamente, al referendo pedido por esos sectores y aprobado por el poder judicial, que debió someter a consulta el acuerdo y, por último, la votación congresional se ha ganado el apelativo de «madrugonazo».

Así lo han bautizado analistas al sopesar que, sospechosamente —aunque habían empezado el debate sobre la firma del TLC, en concreto, a las nueve de la noche del martes—, el resultado se obtuvo antes del amanecer, adelantándose a las protestas anunciadas para hoy por los sindicatos, que ya habían llamado a un paro el 7 de julio, última fecha decretada para el fin de la alargada legislatura actual.

Nuevas circunstancias, sin embargo, aún dan sustento para pensar en una firma de escándalo, como el hecho de que a los legisladores-manifestantes se les haya desalojado violentamente del lugar, y que la Procuraduría anunciase que dos de esas diputadas serán llevadas ante la justicia...

Mientras, sumados al ejecutivo, los grandes empresarios alegan que todo ha sido un éxito para Perú, líderes populares se quejan de que el convenio, además, ha sido mal negociado, y califican este miércoles como «de luto» para la nación.

Tan penoso como todo ello, resulta el apósito de mercurocromo con que el Congreso intenta calmar la preocupación de los sectores que cargarán con la «parte mala» del Tratado de Libre Comercio. Durante todo el día del martes, al parecer, la sesión transcurrió en la discusión de las llamadas «medidas de compensación» que destinarán, dice la prensa local, 112 millones de soles —unos 34 millones de dólares— a paliar los daños que el convenio infligirá a los productores de maíz, trigo, y algodón.

Con eso, tal vez, algunas conciencias queden salvadas. Pero los productores peruanos, no.

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