El verdadero día en que Mariana quiso ser canción

Médicos cubanos del Contingente Henry Reeve comentan acerca de sus experiencias diarias en la Isla de Java

Autor:

Liurka Rodríguez Barrios

Foto: AP «Le deben al silencio la voz los ruiseñores»Silvio Rodríguez

PRAMBANAN, Indonesia.—La Brigada Médica Cubana en la Isla de Java continúa con su estela humanista en esa zona indonesa del centro de su geografía. Entre la notoriedad de su ejemplo afloran las historias que viven, a veces, en solo 24 horas. Estas ayudan a comprender qué los ha llevado allí y por qué las seguirán acumulando.

Alicia, por ejemplo, amanece. Esta enfermera pinareña no cree ni en conejos apurados ni en charcos de lágrimas. Es capaz de convertir cada escena en maravillas, como acostumbra a hacer en ese país de donde salió un 31 de mayo. Anda con sus cinco misiones internacionalistas a cuestas: Etiopía, Mali, Ghana, Paquistán e Indonesia. Sus compañeros la reconocen como el alma del campamento de Gantiwarno por su sencillez natural, laboriosidad, y esa constancia que favorecen las tierras de Vueltabajo.

Hace años, Alicia Maya anda con un texto en su bolsillo que escribió quién sabe dónde, que expresa en síntesis las razones por las que irá de aquí para allá, donde la necesiten: «Cuba salva vidas en el mundo».

Es notable la empatía de los doctores espirituanos Lidia Mabel y Juan José. Estudiaron y trabajan juntos. Han compartido experiencias idénticas en tiempos de catástrofes en el Contingente Henry Reeve: Estuvieron en Bolivia, en Guatemala, y esta nueva oportunidad la saludan con emoción: «tiene un valor extraordinario estar aquí, nos forma como profesionales y como seres humanos». De vuelta de su trabajo en el terreno, se sienten satisfechos de la acogida de los pacientes que han atendido.

Ya se fue medio día y en la sala de terapia de uno de los hospitales integrales de campaña vigila el joven doctor Maikel Rocha Quintana, que hizo antes un diplomado en Medicina Intensivista, y la práctica ha completado la teoría. Hace varios años que este muchacho no ve a su mamá, quien cumple misión en un hermano país africano. Siempre que le escribe lo exhorta a seguir trabajando, con responsabilidad, y lo felicita por ser, otro más en casa, digno representante de los profesionales internacionalistas de la salud cubana, además de su padre y su otro hermano.

Caía la tarde cuando corrió la voz de que hacía falta con urgencia un donante compatible para una transfusión sanguínea. Enseguida Víctor, el enfermero, extendió su brazo. La esposa del paciente no sabía cómo agradecer aquel gesto sin par. Y así, en una familia indonesa, corre sangre caribeña, solidaria.

Ya eran como las 11 de la noche, cuando Mariana no quiso más estar en el vientre de su madre. Todos los del hospital de campaña Antonio Maceo, de Prambanan, la esperaban, especialmente la ginecóloga Ángela que estaba segura que a esa hora ayudaría a traer al mundo a la primera criatura indonesa de su vida.

*Liurka nos envió este trabajo con una nota en el correo-electrónico: «Seguro deben saber ya lo del tsunami. Las agencias hablan de 300 muertos y 23 000 desplazados. En realidad no hubo afectación alguna en la zona donde se encuentra la brigada médica a pesar de que fue en la misma Isla de Java».

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