La ONU despertó

Los 15 países miembros del Consejo de Seguridad de la ONU y el propio Israel están de acuerdo con el completo cese de las hostilidades, pero aún no se habla de fecha concreta

Autor:

Luis Luque Álvarez

 Beirut este viernes, buena muestra de cómo acatará Israel la resolución de la ONU. Foto: AP. Llegó la hora de los acuerdos. Francia y EE.UU. están de acuerdo. os 15 países miembros del Consejo de Seguridad de la ONU están de acuerdo. ¡Incluso Israel está de acuerdo! Su primer ministro, Ehud Olmert, le pedirá a su gabinete el domingo que acepte el plan.

Sin embargo, ¿es hora de lanzar fuegos artificiales?

Si las noticias son ciertas, si Israel está en disposición de aceptar lo convenido, ¿a nadie le suena raro?

La resolución 1701 del Consejo de Seguridad ha llegado con un mes de retraso y un millar de libaneses muertos, un millón de desplazados y toda la infraestructura de un país llevada a los límites del medioevo. Pero al fin llegó, y su objetivo, al menos teóricamente, es poner punto final al conflicto entre el ejército israelí y la resistencia libanesa, a saber, el grupo chiita Hizbolá.

A simple vista, se puede pensar que será efectiva, pues estipula el «completo cese de las hostilidades». Pero «olvida» apuntar que este debe producirse de inmediato, ya, sin más dilaciones. Asimismo, se le solicita a Israel que retire sus fuerzas del sur libanés «lo antes posible». Y nada de plazos concretos.

Me vienen a la mente los días en que el mismo órgano de la ONU instaba a Saddam Hussein a sacar sus tropas de Kuwait, invadido el 2 de agosto de 1990. Una resolución del Consejo, la 678 del 29 de noviembre de ese año, fijó el 15 de enero de 1991 como tope para que las fuerzas iraquíes salieran del emirato. La tozudez de Saddam dio pretextos para que el 16 de enero, EE.UU. y una coalición internacional arremetieran militarmente contra su país.

Como se ve, la ONU suele ser muy precisa en dar fechas, días determinados. Todo está en que lo desee...

Ahora no. Todo acabará «lo antes posible». Menudo sentido del tiempo y de la solución de una catástrofe.

Otras consideraciones del documento expresan que, en cuanto cesen los combates, un contingente de 15 000 soldados de la ONU se desplegará en el sur del País de los Cedros, y también lo harán otros 15 000 efectivos libaneses, con la presumible misión de acallar las bocas a las lanzaderas de cohetes Katiusha de Hizbolá.

Las autoridades de Beirut —la destrozada Beirut— han decidido aceptar este defectuoso texto. Quizá porque no hay otro a la vista, y sería demasiado tener que esperar otro mes por el idóneo, pues el espíritu de las vacaciones parece haber soplado un aliento de pereza a los representantes de los países poderosos.

Y ya que hay un papel sobre el que hablar, será interesante saber qué esperan 40 000 militares israelíes apostados en la frontera y 15 000 más dentro del país árabe. Si prima la «buena voluntad» internacional, y el gobierno de Olmert ha anunciado que la acepta, ¿a qué se debe que este viernes haya dado luz verde a la postergada ampliación del despliegue terrestre en el sur del Líbano? ¿Un bolero en la ONU y una conga en Tel Aviv?

Pero hay un elemento más, que puede ponerle muy movedizo el terreno al premier sionista. Si realmente asiente al plan internacional, ¿qué hay de aquel objetivo inicial de rescatar a sus dos soldados capturados por Hizbolá? ¿Todo un genocidio en el Líbano y 124 israelíes muertos, por nada? ¿Cómo reaccionará la sociedad israelí ante un gobierno que metió al país en una guerra para salir con las manos vacías?

Olmert, que tan fácilmente halló la puerta de entrada, ahora ha perdido la salida...

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