Sigue a disposición del mundo eficaz método cubano de alfabetización

La experiencia cubana demuestra que es posible eliminar el analfabetismo, que afecta hoy a 860 millones de personas en el planeta

Autor:

Juventud Rebelde

El mundo llega a este 8 de septiembre, instituido por la ONU desde 1967 como Día Mundial de la Alfabetización, con la triste noticia de que todavía esperan por conocer las primeras letras 860 millones de habitantes del planeta.

Que todos aprendan a leer y escribir es todavía una meta lejana.

El continuo aplazamiento de este objetivo es resultado de una combinación de factores, entre estos la realización de esfuerzos insuficientes o descoordinados, y la subestimación de la magnitud y complejidad de la tarea.

Sin embargo, las lecciones aprendidas en las últimas décadas dejan claro que lograr la alfabetización universal requiere no solo de mayores y mejores esfuerzos, sino de una voluntad política renovada para pensar y hacer de manera diferente.

El avance es demasiado lento para cumplir la meta propuesta por la UNESCO de lograr el acceso a la enseñanza universal primaria para el 2015. Más de cien millones de niños están sin escolarización, y de ellos las hembras representan el 57 por ciento, mientras que la retención escolar es baja: de 91 países analizados, en 30 de estos menos del 75 por ciento de los matriculados llega al quinto grado.

El informe de seguimiento de los resultados del Programa Educación para todos en el Mundo, editado en el 2005, consigna que el acceso de los niños a la educación es lento, y que los pertenecientes a medios sociales desfavorecidos son los que más riesgo corren de ser excluidos.

Los esfuerzos paras lograr la educación en jóvenes y adultos y los progresos realizados a escala mundial en este sentido son difíciles de concretar y de evaluar.

La experiencia cubana se remonta a 1961, y fue la única que con carácter masivo tuvo éxito en aquellos años. Desde bien temprano hubo una concepción clara de que la supresión del analfabetismo no era posible sin ir a las fuentes que lo generaron; por lo tanto, se fue configurando una estrategia para cubrir la enseñanza primaria de los niños, hecho que eliminó de inmediato la cantera de analfabetos.

Luego, en la década del 80 y primera mitad de los 90, nuestro país colaboró con Nicaragua, Angola y Cabo Verde. A partir de ese momento se convirtió en una práctica la solicitud de asesores cubanos en ese campo.

Sin embargo, la praxis en los últimos años de los 90 reveló la necesidad de encontrar nuevas fórmulas para el tratamiento de la alfabetización, que aceleraran el proceso para llegar a resultados más eficientes, a partir de los contextos socioeconómicos y socioculturales de los diferentes países.

El hecho de que en estos países la cantidad de personas iletradas es mayor que la de alfabetizadas, y los muy bajos presupuestos y dificultades para asistir sistemáticamente a clases, por parte fundamentalmente de las mujeres y los trabajadores, llevó a la idea de crear un método con la utilización de las nuevas tecnologías.

Así surge el programa para la República de Haití, el cual finalizó en el año 2004 con 109 972 alfabetizados por radio y más de 130 000 que lo hicieron utilizando los materiales de manera semipresencial.

Luego se crea el Yo, sí puedo, con la utilización de la televisión y el video, el cual se caracteriza por promover el aprendizaje con un mínimo de recursos, y promueve la participación activa y desarrolladora de los participantes mediante el debate y el autodescubrimiento de sus potencialidades.

Puesto en práctica en Venezuela, el Yo, sí puedo, permitió declarar en octubre último a ese país libre de analfabetismo. Mientras, el método se aplica en México, Ecuador, Nicaragua, Argentina, Paraguay, Bolivia, Nueva Zelanda, Perú y República Dominicana, y ya suman más de dos millones y medio las personas que en esos países han aprendido primeras letras a través del sistema cubano.

El método criollo está a disposición de todos los países que lo quieran emplear.

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