Líbano: La muerte todavía acecha

Mientras Israel asegura que hizo la guerra contra un objetivo militar, para sus bombas cluster las víctimas son civiles y muchas están por llegar...

Autor:

Juana Carrasco Martín

Hace poco más de un mes que una frágil tregua mantiene en silencio los cañones contra el sur del Líbano; cesaron las hostilidades. Sin embargo, los médicos libaneses continúan tratando a nuevas víctimas de las bombas israelíes. ¿Cómo es esto posible si al parecer no hay una violación del cese del fuego y, además, Israel afirma que en este fin de semana retira sus tropas?

La respuesta viene cargada de muerte y dolor. Se mantiene la amenaza de aquellas bombas cluster o de racimo que no explotaron en su momento y hoy forman parte de una cosecha mortal que impide a campesinos libaneses laborar en sus labrantíos, y aterroriza a los padres que ven jugar a sus niños entre los escombros que dejaron los bárbaros bombardeos, en patios o terrenos baldíos.

Abbas Abbas, de 6 años, herido por bombas cluster lanzadas por Israel en Bilda. Foto: AP La mayoría de los lesionados que llegan al hospital de Tiro, una de las más importantes ciudades puertos del país, presentan heridas clasificadas como «serias y peligrosas». Hay amputados entre las alrededor de 50 víctimas de las cluster —tres de ellas mortales, solo allí desde el cese el fuego del 14 de agosto.

En todo el sur del Líbano ya han muerto 21 personas —16 civiles y cinco expertos en explosivos, cuando intentaban desactivar las bombas —, los heridos suman más de un centenar, dicen cifras oficiales; aunque fuentes independientes hablan de al menos 83 bajas mortales.

Youssef Mrad, de 18 años, y Ali Trad, de 19, pastoreaban ganado cerca de Nabatiyeh cuando fueron impactados por esta especie de mina antipersonal. Abdel Karim al-Laban regaba una huerta de frutales en la aldea Tayr Debba, cuando a 20 metros de él, su compañero de labor Mohammed, tocó una bomba con el pie. Mohammed estuvo en coma tres días y su nombre aparece en la lista de los muertos.

Más de 1 800 bombas cluster fueron arrojadas por Israel sobre el Líbano durante el mes de la agresión, las que regaron el territorio del país árabe, principalmente en el sur, con unas 1,2 millones de sub-proyectiles; se estima que el 40 por ciento de ellas no estallaron con el impacto y están ahí, esperando cumplir su letal o nefasta tarea. Hasta el momento se han localizado 488 lugares donde hay bombas de este tipo en el sur del Líbano y los expertos han logrado explotar 16 000 artefactos.

Patrick Cockburn, corresponsal del diario británico The Independent, reportaba el lunes 18 de septiembre desde Nabatiyeh que la guerra en el Líbano no ha terminado porque los campos libaneses tienen una cosecha mortal en la que a diario mueren o son heridas cuatro personas, y se incrementará ese número en octubre, cuando comience la cosecha en los olivares, entre cuyos troncos y ramas pueden estar escondidas esas pequeñas y mortíferas municiones.

Ciertamente, Israel no solo utilizó estas bombas contra blancos civiles, también hizo los mayores lanzamientos en los tres días finales del conflicto, cuando ya conocía que el Consejo de Seguridad acordaría su resolución.

Jan Egeland, el secretario para asuntos humanitarios de las Naciones Unidas, hizo esa acusación contra Israel: «Lo que es increíble y completamente inmoral: el 90 por ciento de los ataques con bombas cluster fue realizado en las últimas 72 horas del conflicto, cuando ya sabíamos que iba a existir una resolución».

Añadió en declaraciones a la BBC que «las bombas cluster han afectado grandes áreas: muchas casas, muchas tierras de cultivo. Estas bombas estarán con nosotros por muchos meses, posiblemente años»... «Cada día, la gente es inhabilitada, herida o muerta por estas bombas. Esto no debió haber pasado», dijo Egeland.

Pero pasó... y así lo reconocía un oficial israelí al periódico Haaretz: «En el Líbano, cubrimos aldeas enteras con bombas cluster. Lo que hicimos fue una locura y una monstruosidad».

Expertos buscan las cluster en aldeas libanesas. Y la explicación es clara, este proyectil de fabricación estadounidense y suministrado por el Pentágono a las llamadas Fuerzas de Defensa de Israel, disemina cientos de pequeñas bombas y no todas explotan con el impacto, puesto que poseen una especie de paracaídas, garantía de un suave descenso, por tanto, pueden estar al acecho durante años, en cualquier rincón, listas para estallar al menor contacto, y entonces matar o mutilar.

Como para hacerse el inocente, cuando se reveló el asunto de estos proyectiles, Washington corrió a declarar que impondría una moratoria a las ventas de bombas cluster a Israel y que el Departamento de Estado investigaría su uso contra el Líbano, porque quizá habían violado un «acuerdo secreto» entre Israel y Estados Unidos para que no se utilizara ese armamento contra civiles.

Y es que los letreros en buena parte de los explosivos están en inglés —y no en yidish: CBU-58B (Cluster Bomb Unit) o US Air Force; también se identifica al fabricante como Lanson Industries y hasta el número del contrato F42600-72-2676, como publicaba The Independent. También son de manufactura norteamericana las M42, las M77, las CBU-87.

Nuhar Hejazi, una mujer de 65 años de la aldea de Yohmor, dice que en el techo de su casa encontraron 35 bombas y 200 en su jardín, por tanto decidieron no cosechar sus olivares; pero los campesinos de Yohmor viven del olivo, ahora pueden morir allí, víctimas de esta especie de mina antipersonal. La Parca les estará esperando quién sabe durante cuantos años también entre los naranjales o en el corazón de las hojas de las plantaciones de banano en las costas de Tiro, invisibles hasta el estallido fatal...

Un poco de historia...

La primera bomba cluster utilizada operacionalmente fue la Sprengbombe Dickwandig de dos kilogramos o SD-2, conocida comúnmente como la Bomba Mariposa, y empleada por la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial para atacar objetivos civiles y militares. Estados Unidos y otros países la desarrollaron y en su argot los militares norteamericanos las llamaron «firecracker» (petardo) o «popcorn» (rositas de maíz) porque en un área grande producen muchas pequeñas explosiones. En Vietnam fue profusamente lanzada la BLU-3. Durante esa guerra genocida fueron perfeccionadas, no solo las que diseminaban metralla produciendo mortales y desgarrantes heridas, sino también otras incendiarias, contentivas de fósforo blanco o napalm. En la guerra de Kosovo emplearon también un tipo destinado a provocar cortes eléctricos, causando la caída del 70 por ciento de la energía en Serbia. Por supuesto, también fueron proyectiles predilectos en la Guerra del Golfo, en la actual ocupación de Iraq y en Afganistán, donde las bombas cluster y las raciones de alimentos «humanitarias» tenían prácticamente la misma apariencia: latas amarillas brillantes, por consiguiente muchos hambreados encontraron la muerte...

 

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