Encuestas en Francia apuntan hacia candidata socialista

Solo faltan ocho meses para las elecciones presidenciales en Francia pero la diputada y ex ministra de Familia Segolene Royal, acapara las preferencias del electorado por su partido

Autor:

Luis Luque Álvarez

 La socialista Segolene Royal durante un mitin en Marsella. Foto: AP Faltan ocho meses para las elecciones presidenciales en Francia, pero los interesados en llegar al Palacio del Elíseo ya calientan motores, se dan lustre, echan pestes sobre el resto de los posibles competidores...

En el Partido Socialista (PS), nada más parecido a un torneo medieval. Tras las sonrisas y los besos en ambas mejillas, hay golpes de maza y lanzazos en toda regla. ¿Quién los recibe principalmente? Un personaje femenino: la diputada y ex ministra de Familia Segolene Royal, a quien las encuestas otorgan las preferencias del electorado de esa filiación.

La trifulca de salón en el seno de esa formación política ha involucrado a varios ex ministros de la época de Francois Mitterrand, y en especial al ex premier socialista Lionel Jospin, quien en 1995 perdió los comicios frente al conservador Jacques Chirac, y en 2002 quedó desplazado en la primera vuelta por el ultraderechista Jean Marie Le Pen. Gracias a esta última derrota, que lo alejó de la vida política, ciertos reportes de prensa de aquel entonces se hicieron eco del lamento de algunos ciudadanos por tener que elegir «entre un corrupto y un fascista».

Y Jospin regresó, como ave fénix, en 2006. Pero solo para caer en la cuenta de que sería arrollado por Royal, a quien suele referirse despectivamente como «la candidata mediática», por su reconocida capacidad de «conectar» con el público. Por ello, el pasado jueves, día en que comenzó la inscripción de las candidaturas socialistas, el veterano político anunció que abandonaba la liza. Quizá pensó que era más saludable salir por sus propios pies...

La rival es fuerte. De 53 años, y pareja del primer secretario del PS, Francois Hollande —con quien tiene cuatro hijos—, Segolene Royal también integró el círculo de colaboradores de Mitterrand. Actual presidenta de la región de Poitou-Charentes (en el este francés), ella es hasta el momento, a pesar del bombardeo de sus correligionarios, la que puede llevarse el gato al agua en las elecciones internas del 16 de noviembre, para definir quién enfrentará a la derecha en mayo de 2007.

Su programa y su proyección pública, no obstante, están salpicados por las contradicciones. Admiradora del premier británico Tony Blair y del jefe del gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero —de hecho, la apodan la Zapatera—, Royal ha llamado a «crear los empleos del mañana, invirtiendo masivamente en la educación y en la investigación, que han sido abandonadas»; a preservar las políticas sociales y no a desmantelarlas disimuladamente; a una mejor integración de los inmigrantes y sus descendientes, mientras que, por otra parte, apoyó el neoliberal proyecto de Constitución Europea, que sus conciudadanos rechazaron mayoritariamente; ha criticado la reducción de la jornada laboral (una premisa tradicional de los socialistas) y ha propuesto reprimir el crimen mediante el empleo del ejército, un punto en el que algunos advierten guiños a la derecha.

¿Qué la hace llamativa? «Entiendo lo que dice; me gusta porque habla con claridad, no se anda por las ramas ni echa discursos incomprensibles», confiesa una maestra de mediana edad, al corresponsal del diario español El País en Francia. «Nos respeta, porque usa palabras simples, que todo el mundo entiende, para explicar temas importantes», añade otro señor de la costa mediterránea.

Y el camino se le sigue desbrozando. Su compañero sentimental, Hollande, anunció este sábado que no competirá por la candidatura del PS. Quedan algunos escollos —el antiguo ministro de Finanzas Dominique Strauss-Kahn y el ex primer ministro Laurent Fabius—, pero los 200 000 militantes del partido son los que tendrán la última palabra para decidir si, por primera vez en la historia republicana francesa, una mujer se acerca a la presidencia. Sería un verdadero sismo en la vida política de ese país.

Desde la otra acera, la derecha, por supuesto que también despotrican contra Royal. Pero allí tienen sus propios escándalos e intrigas palaciegas, y a un candidato que convulsiona cada vez que escucha la palabra «inmigración». Aunque él mismo es hijo de inmigrantes...

Queda para otra ocasión. La batalla por el Palacio del Elíseo dará suficiente trigo para comentar.

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