Aprueban construcción del muro en la frontera entre México y E.E.U.U.

Con la aprobación de esta reforma quedan sin respuesta otras que proponían mejorar la situación de los ilegales en Estados Unidos

Autor:

Marina Menéndez Quintero

El muro que se levantará será más sofisticado, y tampoco impedirá que se arriesguen. Foto: AP Bush, finalmente, rehusó la zanahoria y armó a su país del garrote para «desestimular» la inmigración ilegal, agudizando con una interpretación sesgada, egoísta y cruel, un problema que no resolverá la decisión de edificar el muro reforzado en la frontera con México.

No pasa por alto ningún observador el hecho de que el presupuesto para la triple valla se firmara por el mandatario en Arizona, uno de los estados más interesados en el tema debido al gran número de ilegales que «cruza» por allí, y que ello ocurriera durante un acto considerado «de campaña», este miércoles, con vista a las elecciones legislativas del próximo mes de noviembre.

Apuntan también a ese flanco de las motivaciones algunas de las frases pronunciadas en la ceremonia por Bush: «(el muro) hará que este sea un país seguro para todos sus ciudadanos», dijo. «Esto es lo que quiere el pueblo en este país».

De algún modo, la decisión era esperada después de que el Senado, por abrumadora mayoría, aprobara el sábado pasado la construcción de la barda, que ya estaba incluida en el proyecto de reforma migratoria avalado antes por la Cámara de Representantes, aunque la discusión del texto completo permanecía en un limbo del que lo debía sacar el análisis de una comisión bicameral que conciliará las posiciones.

Ahora, algunos estiman que al dar luz verde al muro con la aprobación de los 1 200 millones de dólares que constituirán su presupuesto —incluidos por la administración dentro de los gastos de la ley de seguridad—quedarán a la deriva el resto de las propuestas barajadas como parte de la reforma para que esta fuera una legislación «equilibrada».

Pendientes y sin visos de pronta aprobación quedan, entonces, la posibilidad de otorgar la ciudadanía a los once millones de indocumentados que se estima hay en EE.UU., o los programas temporales de trabajo con que Bush los quiso encandilar, de manera de contentar a todos.

Como el muro es lo que más interesaba a los grupos conservadores duros dentro del Congreso y de la propia sociedad, a nadie más que a los ilegales puede importar ahora que se les regularice... o a sus presidentes, quienes comandados por el mexicano Felipe Calderón en su primer acto público internacional antes de tomar posesión, se pronunciaron el martes contra la valla, durante una reunión de mandatarios centroamericanos efectuada en Tegucigalpa.

...Bueno, interesa a los inmigrantes, a los países aludidos, y también a los productores agrícolas de EE.UU., quienes verán afectada la mano de obra barata que aquellos ofrecen, si no se legaliza de alguna manera su trabajo.

En todo caso, Bush ha quedado bien con los de su bando y, de paso, ha reforzado el discurso angular de su horrendo mandato al hacer valer la tesis de que es preciso combatir lo que él llama el terrorismo, y auspiciar lo que extrañamente entiende por «seguridad». El respeto a los derechos humanos, para él, es harina de otro costal.

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