Oposición boliviana busca la desestabilización

Los amagos de sublevación apuntan a detener la acción transformadora del gobierno de Evo Morales

Autor:

Marina Menéndez Quintero

Los defensores del cambio también tomaron las calles en Santa Cruz, en apoyo a Evo. Foto: Reuters «Queremos la autonomía y no la independencia», ha afirmado algún líder «cívico» del departamento boliviano de Santa Cruz, desdiciendo propósitos separatistas. Pero si el fin no es dividir, lo cierto es que los amagos de sublevación protagonizados por la oposición en ese y otros territorios bolivianos apuntan a detener, mediante la desestabilización, la acción transformadora del gobierno de Evo Morales.

Los momentos son tan tensos como los que se podía prever transitaría un proceso revolucionario que se hace desde lo institucional, enfrentando a la incólume reacción interna. Y todo indica que los partidos de la derecha, buscando «representatividad» ante el respaldo popular mayoritario con que cuentan Evo y el MAS, han otorgado la voz cantante a los denominados comités cívicos, convertidos en verdaderos protagonistas de lo que pudiera denominarse «contrarrevolución» allí, en los polémicos departamentos donde ganó la opción de la autonomía durante el reciente referendo.

Sin embargo, hay argumentos para suponer que el citado dirigente tiene alguna razón, y lo que busquen los comités cívicos de Santa Cruz, Pando, Beni y Tarija con su convocatoria, este viernes, para que la población les acompañara en los denominados cabildos, no sea cercenar el territorio ahora, sino dar una prueba de fuerza que respalde las posiciones de la derecha política en la Asamblea Constituyente.

Aunque un observador bien intencionado pueda comparar el proceso para alumbrar la nueva Carta magna con la redacción de cualquier papel, lo cierto es que ese documento es sine qua non para un proceso que, como el del MAS boliviano, pretenda ejecutar con respeto a la democracia y total apego a la ley, transformaciones tan radicales como nacionalizar los recursos naturales, dar igualdad de derechos a todos los ciudadanos, o repartir las tierras ociosas dándole una estocada al latifundio.

De ahí la reticencia de la derecha, representada en el partido Podemos, a aceptar la mayoría absoluta y no los dos tercios de los votos para aprobar cada capítulo de la Constitución, una definición para el funcionamiento de la Asamblea que todavía está dando guerra, y se adivina detrás de los acontecimientos. No han asumido la posición conciliadora de los asambleístas del MAS que propusieron mayoría absoluta para algunos temas y dos tercios para las votaciones más trascendentes sin olvidar que, de todas formas, será otra vez la población quien apruebe el texto completo de la carta magna en otro referendo.

Mientras, los defensores del cambio han tomado también las calles: única manera de frenar las pretensiones de «autenticidad democrática» que quieren dar quienes no son la mayoría, según los resultados electorales que dieron la victoria a Evo Morales, y a tenor con el saldo del propio referendo: ambos, aplastantes en su apoyo al líder indígena y a la nueva Constitución, respectivamente.

Claro que semejante pulseada trae aparejada el indeseable y grave riesgo de la confrontación, la desestabilización, y de la pérdida de tiempo y fuerzas a un gobierno al que, con esas y otras provocaciones, trata de entorpecérsele constantemente el camino. Reportes cablegráficos de este viernes daban cuenta ya de una veintena de heridos en algunos enfrentamientos de ambos bandos, sin contar las denuncias que alertan sobre un propósito de escisión real por parte de los comités cívicos, y que en Santa Cruz, al menos, era visible aún antes de las presidenciales.

Por eso, una vez más, Evo ha llamado al diálogo. Falta ver si están dispuestos a conversar quienes, a toda costa, están tratando de salvar sus prebendas en peligro.

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