Continúa el pánico por redadas contra inmigrantes en EE.UU.

The New York Times pide una reforma migratoria integral  y un programa de trabajadores temporales que abra la puerta a la legalización.

Autor:

Yailé Balloqui Bonzón

Protestan en los Angeles por las redadas antimigrantes.Foto: AFP Hombres y mujeres en la comunidad de Cactus, al noroeste de Texas, están viviendo hoy en constante pánico. Las amas de casa no quieren salir ni al supermercado. Los niños no están asistiendo a la escuela. Temen ser apresados por «sospechosos». Saben que en cualquier momento los van a detener. Los delata su fisonomía morena, bajita... latina y «no tener papeles».

La represión contra los inmigrantes en Estados Unidos cobra ribetes alarmantes. Las redadas del pasado 12 de diciembre en seis plantas frigoríficas de la empresa norteamericana, Swift en Texas, Colorado, Utah, Nebraska, Minnesota e Iowa, constituyeron el mayor operativo efectuado hasta ahora contra indocumentados en EE.UU., al ser detenidos 1 282 personas.

Cientos de familias fueron separadas; centenares de niños han quedado al amparo público, pues sus padres están encarcelados desde entonces en el Centro de Detención de Taylor, Texas, donde también 200 niños indocumentados permanecen recluidos, todos en espera de su deportación a México, El Salvador, Iraq, Guatemala o España.

«Taylor no es un edificio, son una especie de carpas donde cohabitan niños, mujeres —algunas embarazadas—, hombres y ancianos; y de nacionalidades diferentes. Las condiciones no son buenas, duermen en colchones, y abogados que visitan a los detenidos dicen que los niños están bajos de peso», detalló Luisana Santibáñez, integrante de la organización Inmigrantes Latinos en Acción.

En Utah los agentes separaron a los latinos de los demás inmigrantes para interrogarlos. Los no latinos y personas de piel clara tenían cintas azules en las muñecas y no se les hizo preguntas. La presidenta de la Liga Nacional de Ciudadanos Latinoamericanos Unidos (LULAC), Rosa Rosales, pidió una moratoria a las redadas, por su «impacto negativo en los inmigrantes, las comunidades locales y la economía».

Las batidas en las plantas de Swift «están causando daño psicológico a las familias que están siendo arrestadas y separadas de sus seres queridos, como en Minnesota, donde vimos que a las personas se les negó inicialmente hablar con un abogado», agregó.

Estos nuevos crímenes contra indocumentados en Estados Unidos solo reafirman la depauperación de un sistema migratorio sobre el que se niegan a implementar una reforma justa y equitativa. Otra vez la administración Bush actúa de manera desesperada y burda... tal como tienen acostumbrado al mundo.

En tal sentido, a raíz de los hechos del pasado martes, el diario The New York Times señaló en un editorial que incursiones antiinmigrantes como esas no resuelven el problema de fondo y pidió una reforma migratoria integral que refuerce la seguridad, pero también tenga un programa de trabajadores temporales que abra la puerta a la legalización.

¿Y qué ha respondido Washington a todo esto? Un aplauso del senador republicano Wayne Allard del Estado de Colorado. «Me alegro de que las autoridades federales estén aplicando nuestras leyes de inmigración», así dijo.

¿Debería extrañarnos que este señor se sienta «alegre» por tales eventos? La simple lógica debería indicarnos que su regocijo es descollante, puesto que es primordial para ellos arruinar la vida de quienes no se pueden defender. ¿Quién podría dudar también que el senador, y muchos como él, celebraran el advenimiento de 2007 muy felices y contentos con sus esposas y sus hijos, mientras otros sufren y esperan para ser deportados y sacados del país como criminales?

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