A la derecha de la derecha

Los diputados neofascistas en el Parlamento Europeo ya tienen su grupo propio. Paradojas de la «democracia»...

Autor:

Luis Luque Álvarez

A Brahim Bouraam, un inmigrante árabe, lo lanzaron al río Sena, en París, en medio de un coro de burlas. A otro correligionario suyo, Ibrahim Alí, de las Islas Comores, lo cosieron a tiros. En ambos casos, las fechorías corrieron a cargo de militantes del neofascista Frente Nacional.

Más al nordeste, en Bélgica, mientras un político del Vlaams Belang (Interés Flamenco) la emprende con virulencia contra la inmigración del sur, el joven Erick, un cabeza rapada, se quita apresuradamente una cruz celta de las que usan los neonazis, al ser interpelado por una reportera del diario El País. «No, no somos nazis, solo queremos lo mejor para nuestra gente, los flamencos, sin inmigrantes».

Se trata de nostálgicos de la esvástica, la cruz gamada del régimen de Hitler. Si la tirria principal del Führer eran los judíos, para estos son los inmigrantes, los gitanos, los turcos, en fin, los «otros». Curiosamente, tan «avanzada» va la democracia, que tales sujetos tienen representación en sus parlamentos nacionales. Y más aún: ¡ya constituyen un grupo político dentro del Parlamento Europeo!

El hecho fue noticia el martes: los diputados de extrema derecha en esa instancia ya tienen el quórum suficiente para formar un caucus aparte, con identidad propia. El martes 9 de enero, los «ultradiputados» firmaron su carta de principios y la enviaron al presidente del Legislativo, Josep Borrell. El documento, según se ha divulgado, tiene el carácter de ser «ampliamente antiinmigración, opuesto a la Constitución Europea y al ingreso de Turquía en la UE».

Este lunes, en sesión plenaria, se declaró el reconocimiento oficial del grupo, que tomó el nombre de Identidad, Tradición y Soberanía, y tendrá derecho a ser financiado por la UE como cualquiera de los otros existentes: el Socialista, el Popular, el Verde, etc.

Y como entre escorpiones anda el juego, un dato y una ironía. Para constituirse un grupo político en el Parlamento Europeo, debe haber al menos 20 diputados de seis países diferentes. El 1ro. de enero, con la adhesión de Bulgaria y Rumania, que han traído también su claque de seis neofascistas al foro, se satisfizo ese requisito. Y ello pese a que la ultraderecha austriaca del Partido de la Libertad (FPÖ) votó contra la ampliación, ¡a la que deben estar ahora agradecidos!

¿Quiénes forman el nuevo conjunto? Encabezando la lista, el Frente Nacional francés, con siete diputados, seguidos por cinco del partido Gran Rumania, tres del belga Vlaams Belang, dos italianos de Acción Social y Llama Tricolor, respectivamente, y uno del búlgaro Unión Nacional Ataca, otro del austriaco FPÖ, y un independiente británico.

Pero nombres son nombres, que pueden ser bellos y decir muy poco. Para catarlos mejor, habría que conocer a los personajes que componen la nueva tribu.

UNA FOTO CON ADOLF

«No digo que las cámaras de gas no hayan existido, aunque no las he visto personalmente, ni he estudiado la cuestión en particular. Pero creo que son solo un detalle de la historia de la Segunda Guerra Mundial».

Para Le Pen, las cámaras de gas del Tercer Reich son solo «un detalle», mientras que para la Mussolini, el fascismo no es un mal absoluto.

Un simple «detalle» son las cámaras de gas para el jefe del Frente Nacional, el eurodiputado francés Jean Marie Le Pen, uno de los principales cabezas del nuevo grupo. El señor, quien ha llegado a decir además que la ocupación de Francia por los nazis «no fue especialmente inhumana», ha estado ante los tribunales en más de una ocasión, y fue incluso expulsado del Parlamento Europeo en 2003 por agredir físicamente a un adversario político.

Otra de las «flores» de Le Pen ha sido criticar al equipo de fútbol francés por tener «demasiados negros», molestarse cuando estos cantan La Marsellesa, y decir que los enfermos de sida, «al respirar el virus por sus poros, son un peligro para el equilibrio de la nación». Claro, ¡del mismo modo que Hitler veía un peligro en los discapacitados!

Hiela pensar que este individuo alcanzó los sufragios necesarios para discutir la presidencia de Francia con Jacques Chirac, en 2002. Afortunadamente, el lema «Vote por el ladrón, no por el fascista» logró la movilización del electorado y la derrota del dinosaurio en el noveno inning.

Entre los «neo» del Frente Nacional, está además Bruno Gollnisch, de quien se presume liderará el caucus. Un dato singular es que el sujeto todavía está a la espera de un veredicto judicial por expresarse en términos semejantes a los de su mentor. En octubre de 2004 soltó la lengua para decir: «Yo no cuestiono la existencia de los campos de concentración, pero los historiadores pudieran discutir sobre el número de muertos. En cuanto a la existencia de las cámaras de gas, corresponde a los historiadores determinarla». ¿Queda alguna duda de la calidad del paño?

Ascendiendo en el mapa rumbo a Bélgica, encontramos a la formación Vlaams Belang, frenéticamente antiinmigrante y partidaria de segmentar el país y declarar la independencia de Flandes (la zona norte, de habla neerlandesa), en detrimento de la Valonia francófona.

La mencionada organización política, que ha pedido amnistía total para los colaboradores del régimen nazi, surgió de las cenizas del Vlaams Blok, una formación condenada por un tribunal en 2004 por «incitar al odio y la discriminación». Sus miembros entonces la disolvieron y crearon el Vlaams Belang, operación que los servicios de seguridad belgas calificaron sencillamente de «cosmética».

Uno de sus eurodiputados, Koenraad Dillen, estuvo en el centro de un escándalo en 2005, cuando se supo que en 1992 había visitado a León Degrelle, un fascista que colaboró con las Waffen-SS durante la Segunda Guerra Mundial. Por si fuera poco, Dillen exhibe en la sala de su vivienda una foto, autografiada por Degrelle, en la que aparece este en uniforme de las SS y recibiendo felicitaciones del mismísimo Hitler. ¡Vaya orgullo el de tal demócrata!

Y entre las más pintorescas figuras de esta tropa, sobresale Alessandra Mussolini, nieta de quien el lector imaginará. El apellido, en este caso, no es el problema, sino el prontuario: Alessandra, ex actriz porno y estrella de dos portadas de Playboy en 1983, fundó en 2003 su propio partido —Acción Social—, tras abandonar el ultraderechista Alianza Nacional, porque uno de sus miembros, el entonces canciller Gianfranco Fini, al parecer en un mareo, dijo que el fascismo «era un mal absoluto».

Para la nieta del Duce, aquello sonó a insulto. Y rompió. No obstante, es diputada «en toda regla» en el Parlamento Europeo, donde integra el Comité de Justicia y Libertades Sociales, y, en añadidura, es miembro de honor de la Cruz Roja Italiana.

Casi un ángel, ¿no?

NI GITANOS, NI TURCOS, NI NADA

«Los turcos no son europeos», reza esta pancarta del partido ultraderechista belga Vlaams Belang. El baúl de los recalcitrantes se ha enriquecido ahora con el advenimiento de los ultraderechistas rumanos y búlgaros. En el primer caso, sus cinco diputados pertenecen a Gran Rumania, un partido que se define por su nacionalismo extremista, su profundo odio hacia las minorías gitana y húngara, y su no oculto deseo de anexarse la colindante República de Moldova, territorio ex soviético que hoy constituye un Estado independiente.

El líder de esta formación, Corneliu Vadim Tudor, solo en 2003 dijo que no arremetería más contra los judíos y que se había convertido en «filosemita». Asimismo, se declaró «equivocado por haber negado el holocausto en Rumania, que sucedió entre 1941 y 1944, bajo el régimen de (Ion) Antonescu». El sátrapa había liquidado a entre 280 000 y 380 000 judíos y más de 10 000 gitanos. ¡Y fue ayer, como quien dice, que Tudor se enteró!

Poco después, un ex asesor suyo se encargó de desmentir tan rara «conversión»...

Por último, está el legislador búlgaro Dimitar Stoyanov, a quien ya el presidente del Legislativo comunitario quiso expulsar de allí. ¿Motivo? Ante la propuesta de elegir como parlamentaria del año 2006 a la húngara gitana Livia Jaroka, el hombre circuló un correo electrónico en el que decía: «En mi país hay decenas de miles de chicas gitanas más bellas que esta honorable. De hecho, si estás en el lugar exacto a la hora exacta, hasta puedes comprar una, de 12 o 13 años de edad, para que sea tu amante esposa».

De modo que el ahora flamante eurodiputado se enorgullece de la prostitución infantil en su país, y de paso descarga sus tonos racistas hacia los gitanos. Nada de extrañar si el jefe de su partido Ataka, Volen Siderov, ha acusado repetidamente a toda la población de esa etnia de aplicar el «terror gitano» contra los búlgaros, bajo la supuesta mirada cómplice del Estado.

Las implicaciones racistas están bien rampantes en tales prédicas. Y el joven Stoyanov tendrá ocasión de repetirlas con frecuencia en el hemiciclo de Estrasburgo.

Ahora bien, si se revisa la página web del Parlamento Europeo se verá que, como requisitos para ser elegido diputado, aparecen la mayoría de edad, «ser nacional de un Estado miembro y cumplir las condiciones de residencia definidas por la ley electoral del Estado de que se trate».

En ningún apartado se especifica que quienes aplauden prácticas xenófobas, incitan a la discriminación de las minorías, y admiran o minimizan los crímenes del nazismo, tienen vetado el acceso a un escaño en la UE.

Este asunto, por lo visto, se deja a consideración de las leyes nacionales. Y así podemos asistir a la gran paradoja de que el bloque comunitario, que se dice llamado a «garantizar que sus ciudadanos puedan vivir en paz, libertad y prosperidad», acoge en sus instancias decisorias, como políticos de pleno derecho, a simpatizantes de los más notables criminales de la historia e incitadores de la violencia contra las minorías.

¿Es esto positivo para Europa? ¿Acaso una muestra más de su «tolerancia» y su «respeto a la diversidad»?

Cría cuervos, críalos...

 

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