La tragedia que dejó en ruinas al estado de Vargas

Siete años de esfuerzo han  transformado el rostro de Vargas, que fuera asolada entonces por uno de los mayores desastres naturales del siglo XX

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Monumento a las víctimas de la tragedia, en Macuto. Fotos: Alberto Borrego Ávila

VARGAS.— Una roca que cuelga, arrancada del corazón del Ávila, es el monumento a la tragedia. No tiene placa que lo identifique, y tampoco la necesita. Hasta el último habitante de Vargas conoce su significado.

Han pasado siete años desde que uno de los mayores desastres naturales del siglo XX asolara la región, pero en todo el estado se sigue guardando luto.

En sus bares y playas se respira una alegría cosmética, que se borra apenas rompe a llover. Cuentan que cuando eso ocurre, la vida se detiene, la gente corre a sus casas y se encierra, por miedo a que los ríos vuelvan a rugir y lo sepulten todo, todo, todo.

Más de 30 000 muertos es el saldo estimado de la desgracia. Tantos como en una guerra. Y se sabe que la cifra exacta no se conocerá nunca, porque muchos difuntos anónimos permanecen bajo los sedimentos, a varios pies del suelo que pisamos, ya cubierto de vegetación en algunos sitios.

EL DILUVIO

El 15 de diciembre de 1999, luego de dos semanas de lluvia incesante, ocurrió el deslave gigantesco que dejó en ruinas a Vargas, un estado densamente poblado al norte de Venezuela, delimitado por las aguas del mar Caribe y el sistema montañoso que compone el Parque Nacional El Ávila.

«La gente me llamaba para preguntar qué había sido de La Guaira, y yo le respondía: La Guaira desapareció», recuerda Joffre Istúriz, uno de los tantos venezolanos que cooperaron voluntariamente con la Defensa Civil.

En su «rústico» —yipi de doble tracción— cargó agua y alimentos desde Caracas hasta el refugio improvisado en el aeropuerto de Maiquetía, y también ayudó a buscar sobrevivientes en urbanizaciones como La Guaira, Macuto, Los Corales y Caraballeda. Por eso es un guía ideal para desandar la ruta de la tragedia.

Años de esfuerzo han permitido transformar el rostro de Vargas La mayoría de las calles y casas ya están desenterradas. En varios puntos, equipos pesados intentan asegurar con acero y concreto el cauce de los ríos, y las pendientes más próximas a los asentamientos y carreteras.

El deslave destruyó pueblos enteros (Los Corales) Pero aún queda mucho por hacer para borrar las huellas del desastre. En la entrada de Macuto hay montañas de escombros de las edificaciones que se vinieron abajo. La arcada del cementerio, de unos cuatro metros de alto, permanece cubierta casi completamente por la tierra que bajó de los cerros. En Los Corales hay edificios partidos por la mitad, calles rotas y viviendas tapiadas.

La avalancha de lodo y piedras consiguió robarle cientos de metros al mar, creando playas donde no las había. En todos los pueblos se conservan grafitis en los que algunos sobrevivientes dejaron constancia de su destino. «Familia Figueredo, teléfono 761 8271», se lee en una pared de La Guaira, y en una de Caraballeda: «Familia Villarreal, vivos».

Carmen de Uria corrió peor suerte. Había sido levantado por emigrantes portugueses, españoles e italianos, y era famoso por los 30 sabores de helado que preparaba un hábil repostero. Aquí la devastación fue total, por eso lo consideran tierra santa.

LO SUCIO EN ORO

A 23 horas de la catástrofe, brigadas médicas cubanas comenzaron a llegar a Venezuela. En menos de una semana se completó la cifra de 454 doctores y personal paramédico, cuya actuación fue decisiva en la cura de enfermos, y en la prevención de graves epidemias.

Su trabajo puso al descubierto la precariedad del sistema de salud heredado por la Revolución bolivariana, y abrió las puertas a una cooperación que lo reformara totalmente.

En lugares como El Tigrillo nunca antes había entrado un doctor. A Barrio Aeropuerto, frente a la terminal aérea de Maiquetía, la policía lo consideraba el sitio más peligroso y violento de Vargas, por eso no se atrevió a ocupar el módulo creado para mantener el orden.

Vacío lo hallaron los médicos cubanos, y en medio de la urgencia, en él se instalaron y comenzaron a trabajar. Allí continúan hoy.

La colaboración rebasó las fronteras del estado para extenderse a toda Venezuela. Totalizan más de 217 500 000 consultas, y una amplia red de clínicas estomatológicas, centros de diagnóstico integral, salas de rehabilitación y hospitales especializados.

Solo en Vargas, ya tienen más de dos millones de consultas y visitas de terreno, y varios miles de vidas salvadas, dentro de una población en la que dos de cada tres personas estaban sin cobertura médica.

Muchos lo interpretan como el otro monumento a la tragedia.

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