Cuba puede dar lecciones de sostenibilidad al Primer Mundo

Delegación del Partido Verde de Portugal conversó con JR sobre la actualidad de su país y los serios problemas ambientales del planeta

Autor:

Luis Luque Álvarez

Manuela Cunha, Rogério Cassona y José Miguel Gonçalves. Foto: Omara García (AIN)

Me llamó la atención su vestimenta. Era verde, como la raíz de las expectativas que defienden. Justicia para todos, sí, pero en un mundo en el que valga la pena vivir. Y son amigos de Cuba.

Hablo con Manuela Cunha, José Miguel Gonçalves y Rogério Casona, todos miembros de la Comisión Ejecutiva Nacional del Partido Ecologista Los Verdes, de Portugal. Ya guardan impresiones de nuestro país, y saben de sus batallas:

«La Asociación de Amistad con Cuba realizó hace un mes, en la ciudad de Coimbra, una puesta teatral acerca del juicio contra los cinco compañeros cubanos presos en Estados Unidos —apunta José Miguel. Era una forma de dar a conocer la injusticia cometida contra ellos. Aunque oficialmente no somos parte de esa Asociación, eso no significa que miembros del Partido Verde no se integren en ella.

—Por cierto, algunos en la Unión Europea están cocinando una estrategia de largo plazo de hostilidad contra Cuba.

—Nuestro partido —señala Manuela— no está representado en el Parlamento Europeo. Allí no podemos decir nada directamente. Pero si se trata de la familia verde (en referencia al Grupo Verde en la mencionada instancia), pues estará seguramente en contra de esas acciones agresivas. Siempre hemos intentado obstaculizar las decisiones injustas de la UE.

«Lo que sucede es que hay un desconocimiento generalizado del proyecto social, cultural y ambiental de Cuba, tanto a nivel de los ciudadanos como de los políticos europeos. Sin embargo, todos los datos sobre desarrollo humano que ustedes pueden exhibir, constituyen el mejor escudo para resistir cualquier proyecto agresivo contra su país».

—Su formación política cumple en 2007 un cuarto de siglo. ¿Cómo han sido estos años?

—Hemos pasado de una etapa en que las personas no creían en nosotros, a un momento de validación. Nuestro partido es admirado por la gente, que nos reconoce autoridad como defensores de causas de gran valor. Incluso los políticos de otras tendencias nos respetan. Saben que nunca tuvimos ayuda alguna, sino solo fuerzas contrarias durante todos estos años.

«En los primeros tiempos, veían nuestras ideas como algo gracioso, simpático, pero utópico. Y hoy resulta que nuestros temas son una prioridad. De hecho, más del 50 por ciento de las personas que participaron en una encuesta que efectuó un diario —nada afín a nosotros— sobre la necesidad de que exista el Partido Verde, respondieron que sí, que era positivo contar con nuestra fuerza política. Solo un 20 por ciento dijo que no, y otro 20 contestó que no sabía.

«Y es que antes no se creía en lo que advertíamos. Pero ahora, que tanto se habla de cambio climático, de deterioro ambiental, se reconoce que teníamos razón.

«Por otra parte, en los municipios de los que estamos a cargo, hemos implementado políticas que se alejan del neoliberalismo imperante en las del gobierno, y por extensión, en las de la Unión Europea.

«De igual modo hemos integrado alianzas con el Partido Comunista, aun cuando presentamos diferencias en nuestros proyectos políticos, pues también tenemos puntos comunes en cuanto a la defensa de lo social, de la calidad de vida de las personas. Así hacemos escuchar nuestras demandas».

—¿Cuáles son los principales problemas que afectan hoy a la sociedad portuguesa?

—Nuestro país está experimentando un retroceso en el aspecto social. Cada día se pierden más empleos, y quienes aún los conservan, han perdido muchos de sus antiguos derechos laborales.

«Todo se está privatizando, hasta el agua. Desde las escuelas hasta los hospitales. Incluso los hospitales de maternidad. Por cada centro de salud público que se cierra, se abre otro, ¡pero privado!

«En cuanto a la educación, al menos el 40 por ciento de los estudiantes de nivel primario están desaprobados, no avanzan en el ciclo educativo.

«Además —apunta José Miguel—, de los jóvenes que se gradúan de nivel superior, la mayoría están empleados en sectores que no guardan relación alguna con lo que estudiaron originalmente, lo que genera mucha frustración. Estudian, sí, ¿pero de qué les sirve?

«Los jóvenes son la capa más afectada».

—Continúan siendo entonces un país emisor de emigrantes hacia Alemania, Austria...

—Sí —añade Manuela—, y hacia España, Italia... Hay poblaciones en el Alentejo (una extensa región sureña) que han quedado prácticamente despobladas. Los jóvenes se van en busca de mejores opciones de trabajo en otros sitios.

—Hablemos de medio ambiente. Algo que vuelve cada cierto tiempo a los titulares son los catastróficos incendios en la Península Ibérica. En el caso español, se menciona que detrás del fuego está la mano de los intereses inmobiliarios. ¿Y en el portugués?

Verano tras verano, los incendios forestales se desatan en la Península Ibérica. En la imagen de la izquierda una campesina portuguesa llora impotente ante las llamas que devoran su parcela. A la derecha, el satélite capta las columnas de humo que ascienden desde Galicia y Portugal.

—El capitalismo tiene realmente muchas manos detrás de todo, y no solo la de las inmobiliarias. En el caso de Portugal, sucede que buena parte de la floresta autóctona, más resistente a este tipo de desastre, ha sido sustituida por otras especies ¡en interés de las empresas productoras de celulosa!

«Así, se han introducido en gran escala especies como el eucalipto. Nosotros hablamos de la “eucaliptización” del país. Hace muchos años teníamos árboles que impedían satisfactoriamente la expansión de los incendios, pero ahora no.

«Además, entre las áreas boscosas existían zonas de cultivo, que interrumpían el paso del fuego. Pero muchas han sido abandonadas por no ser rentables, debido a la implantación de las políticas económicas de la UE. Los terrenos cultivados servían de tapón, pero ahora, al no existir, las llamas se expanden entre la vegetación descuidada.

«Las autoridades prefieren invertir en equipos de extinción de incendios, helicópteros y otros medios, en vez de en una política de prevención eficaz, en apoyo a la agricultura, en la repoblación forestal adecuada. Y lo hacen para seguir recibiendo los fondos financieros de la Unión Europea».

—La UE se ha propuesto disminuir en un 20 por ciento la emisión de gases de efecto invernadero, así como un incremento del 20 por ciento en el uso de energías renovables para el año 2020. ¿Se podrá alcanzar esa meta?

—Existen los medios para lograrlo. Los países la podrían alcanzar. Solo hace falta mucha voluntad política.

«Ahora bien, cuando hablamos de energía renovable, hay que ver qué tipo de energía queremos, pues si se trata de los biocombustibles, es necesario evitar otros desastres, como la sobreexplotación y erosión de los suelos.

«De nada sirve, queriendo remediar un déficit, que entremos en otro. El cultivo de grandes campos para obtener esta energía, con toda su carga de pesticidas, puede provocar otros problemas. Además del que supone utilizar alimentos como combustible, frente a la realidad del hambre de millones de personas en el planeta.

«Por último, está el punto de la eficiencia energética. ¿Vamos a producir nuevos combustibles sin crear los mecanismos para emplearlos eficientemente, o sea, con el mismo nivel de alto consumo y derroche de estos momentos?»

—Como usted sabe, la organización Wide Wildlife Fund (WWF) declaró a Cuba como «único país con desarrollo sostenible». ¿Cómo valora este hecho?

—Pues creo que Cuba está de parabienes, porque las ONG sobre el medio ambiente suelen ser bastante exigentes. A partir de lo que hemos podido constatar en nuestra visita, Cuba está muy bien, y las medidas que ha implementado en su Revolución Energética son notables.

«Ni en Portugal ni en el resto de Europa, por ejemplo, se han cambiado los bombillos incandescentes por los que gastan menos. Se pueden contar con los dedos de las manos las escuelas que tienen paneles solares instalados, y aquí he podido ver muchísimas. Son algunas muestras de cómo promueven el desarrollo sostenible.

«Ahí está, además, el turismo ecológico, como lo hemos visto en la localidad de Las Terrazas (Pinar del Río) y la Ciénaga de Zapata. Ustedes tienen modelos de gran interés, y pueden darles lecciones en la materia a los países del llamado Primer Mundo». 

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