¿Se jubila el DVD?

Una nueva tecnología, los discos duros extraíbles, podría condenar al DVD al retiro en el futuro próximo

Autor:

Juventud Rebelde

Todo parece indicar que el anuncio de la empresa japonesa Hitachi en marzo pasado de que vendería televisores con discos duros incorporados, para grabar la programación que uno quisiera, revolucionará el concepto que hasta ahora se tenía de los reproductores de video, e incluso de la propia televisión.

Hitachi ya comenzó a vender en el país asiático estos artefactos, que además traen de regalía un disco duro extraíble, en una iniciativa que ha sido seguida por sus competidores LG y Sanyo, que también han sacado productos similares al mercado, si bien su alto precio actual los hace prohibitivos para la mayoría de las personas.

Las cosas, no obstante, pudieran cambiar en breve. Los televisores de Hitachi, con pantalla de cristal líquido (LCD), un disco duro interno de 250 gigabytes (GB) y otros extraíbles de 80 o 100 GB, pueden grabar hasta 32 horas de programas. Pero sus precios, que han comenzado altos, deben tender a bajar en la medida en que se popularicen, según afirmó a la prensa Masanori Yoshino, director general de la División de Planificación y Marketing de la empresa.

Quienes más tiemblan ante esta expansión de la nueva tecnología son los productores de equipos de video digital, ya sean VCD o DVD, que rápidamente han comenzado a introducir cambios en sus dispositivos, incorporándoles la posibilidad de conectar un disco duro a ellos, o incluso poniéndoles uno interno, en un intento por evitar que a la vuelta de unos meses, a lo sumo pocos años, el DVD pase a la jubilación.

CACHIVACHES DIMINUTOS

Mucho ha llovido desde los tiempos en que un disco duro de computadora pesaba toneladas y apenas almacenaba unos pocos megabytes de información. El vertiginoso desarrollo de la computación, y sobre todo su miniaturización, ha propiciado que hoy se pueda tener, literalmente, buena parte del conocimiento humano almacenado en la palma de la mano.

Fue en 1956 que la Internacional Business Machine (IBM) lanzó la RAMAC 350, la primera computadora con disco duro, que en sus 61 centímetros permitía almacenar alrededor de 4,4 MB de información y giraba a la vertiginosa velocidad de 1 200 rpm (revoluciones por minuto), algo que hoy nos parece risible al apreciar a sus hermanos de 350 o 500 gigabytes, que «vuelan» normalmente a 5 400 y hasta 7 200 rpm.

A esto agréguele que la RAMAC 350 tenía un tamaño similar al de dos neveras y un peso de aproximadamente una tonelada, sin contar el del compresor de aire que se utilizaba para proteger los cabezales que leían la información de los 50 discos de 60 centímetros de diámetro con que contaba.

Todo es bien diferente a los formatos actuales, que tienden cada vez más a la miniaturización y la mayor capacidad de almacenamiento, y que además han comenzado a incorporar la posibilidad de reproducir imágenes, música y videos por sí solos, sin necesidad de una computadora, con solo conectarlos al televisor.

Estos discos duros reproductores, también conocidos como HDD Player, se han convertido en pocos meses en el último chillido de la moda tecnológica, gracias a su versatilidad y alta capacidad de almacenar información, pero sobre todo porque eliminan buena parte de los «cachivaches» electrónicos, amén de que pueden ser conectados igualmente en una computadora para grabar o descargar la información en ella.

Su uso es también muy convincente desde el punto de vista económico, ya que como todo disco duro convencional, su información puede grabarse o ser borrada cuantas veces el usuario desee, e incluso sustituirse el disco por otro si no se quiere eliminar su contenido, ya que lo importante es el equipamiento de la caja que permite reproducirlo.

Igualmente son fáciles de transportar y proteger, pues la carcasa previene los golpes contra el disco duro, y existen versiones tanto para los discos grandes —como los normales de computadoras, de 3,5 pulgadas—, como para los más pequeños de laptops u ordenadores de mano. Pueden conectarse no solo al televisor o a la computadora, sino también a un videoproyector, un monitor o ponerle bocinas para escuchar la música.

TIEMBLAN MEMORIAS FLASH

Todo indica que al DVD, la alegría por la victoria sobre el CD le durará poco, como este a su vez apenas tuvo tiempo de reír ante la desgracia del VHS, que en su momento también destronó a su antecesor y así sucesivamente. Ahora, además, tiembla la memoria flash.

Estos dispositivos, que han mandado al olvido poco a poco a los socorridos disquetes, también ven con alarma el avance de los discos duros externos, cuyos precios, equiparados con la muchísima mayor cantidad de información que pueden almacenar, los hacen más atractivos.

Por solo citar un ejemplo, actualmente una memoria flash de un Gigabyte de capacidad puede rondar en el mercado con precios diferenciados por países, como máximo los 30 dólares; mientras que una carcasa de HDD Player cuesta unos 60 u 80, con la ventaja de que se le puede agregar el disco duro de la capacidad que se quiera, y sirve como almacén de información, reproductor de imágenes, música y video.

Eso explica la estrepitosa caída en las ventas y en los precios de las memorias flash, que debe agudizarse en el futuro con la expansión de los HDD Player y los televisores con discos duros, hijos ambos del avance tecnológico, pero también de la expansión por el mundo de la televisión digital.

Las señales televisivas de este tipo, ya insertadas en el mundo de los bytes, no solo ofrecen mayor nitidez, calidad de imagen y sonido, sino que pueden fácilmente grabarse, ya sea en los discos duros externos con capacidad de reproductor, como en los DVD que tienen estas prestaciones, e incluso directamente en la computadora.

Así, la mayoría augura que al DVD le van quedando suspiros de vida, aunque quizá el HDD Player apenas tenga tiempo de disfrutar su pírrica victoria. Con la expansión de las conexiones inalámbricas y el surgimiento de nuevas formas de almacenar su información, no es de extrañar que cuando usted lea estas líneas, un nuevo sustituto ya esté incubándose en algún laboratorio.

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