Inmigración en Estados Unidos: del sueño a la pesadilla - Internacionales

Inmigración en Estados Unidos: del sueño a la pesadilla

Autor:

Yailé Balloqui Bonzón

Sobre los hombros del recién electo presidente estadounidense Barack Obama descansa la suerte de millones de inmigrantes latinos en ese país

Hace algunos meses, cuando Europa soltó al mundo su xenófoba decisión de no admitir a partir de 2010 más inmigrantes ilegales y enviar de vuelta a los que ya estaban aposentados en su territorio sin los llamados «papeles», o mantenerlos encarcelados hasta 18 meses, el escritor uruguayo Eduardo Galeano dijo que esta nueva idea europea atendía a un repentino «ataque de amnesia» de quien «olvida que durante siglos derramó población por el mundo».

Al parecer la pérdida de memoria se ha apoderado de todos. Estados Unidos olvida que nació de la inmigración, mientras que las actuales receptoras naciones europeas niegan con su actitud que tradicionalmente fueron generadoras de amplias corrientes migratorias.

Washington y sus aliados del Viejo Continente recrudecen sus políticas migratorias desconociendo también completamente que el fenómeno es tan viejo como el mundo y está motivado por problemas económicos, sociales, bélicos..., pero definitivamente la respuesta no debe ser el fortalecimiento de medidas represivas.

Con el ascenso de George W. Bush a la Casa Blanca en el 2000 se agudizaron dramáticamente las prácticas contra los inmigrantes, caracterizadas por el incremento de las redadas, de las deportaciones, del refuerzo policial en la frontera con México y la construcción de un controvertido muro en esa zona.

Numerosas detenciones se han sucedido en territorio norteamericano por orden del gobierno. La más amplia realizada recientemente ocurrió a inicios de octubre pasado en una planta procesadora avícola de la ciudad de Greenville, Carolina del Sur, cuando el Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos ingresó sorpresivamente en el lugar y detuvo a 123 mujeres y 207 hombres de México y países de Centroamérica, en momentos en que la atención mediática mundial estaba inmersa en lo que derivaría de las elecciones norteamericanas del 4 de noviembre.

Dos meses antes fue allanada la empresa Howard Industries, en la localidad de Laurel, estado de Mississippi, que fabrica transformadores eléctricos y es uno de los principales empleadores del pequeño pueblo de menos de 20 000 habitantes, en el que son vecinos personas de una diversidad de nacionalidades: peruanos, mexicanos, salvadoreños, guatemaltecos, panameños, hondureños, brasileños y alemanes.

Reportes de un periódico local daban cuenta de que en la mañana del lunes 25 de agosto todas las entradas de la fábrica, que tuvo que cerrar sus puertas por el momento al perder más de la mitad de su personal, fueron bloqueadas por agentes del ICE fuertemente armados, y los empleados hispanos fueron apartados de los otros trabajadores.

La cacería de Laurel sucede a otra redada masiva llevada a cabo en mayo en Postville, Iowa. En esa ocasión, cerca de 400 trabajadores, entre ellos 57 menores, fueron detenidos en un operativo similar en la compañía Agriprocessors, una planta procesadora de carne.

Desde entonces, Postville es un pueblo cambiado. Perdió más de un cuarto de su población en la incursión y los que permanecen allí hoy viven en el desamparo, no pueden moverse de la ciudad, ni trabajar, e incluso algunos están obligados a portar por tiempo indefinido un brazalete de monitoreo electrónico que controla sus movimientos. Postville se convirtió en una especie de prisión al aire libre.

Familias desgarradas

La situación de los niños de padres deportados ilustra las contradicciones de la política actual de inmigración en EE.UU. Esos pequeños tienen derecho a la nacionalidad estadounidense por haber nacido en territorio norteamericano, pero sus padres corren el riesgo de ser deportados en las redadas, lo que agudiza la tensión palpable en las calles de no pocos poblados en varios estados de la Unión.

De acuerdo con la televisora Fox News, el gobierno de W. Bush gastó más de 51 millones de dólares en los últimos cuatro años en la deportación a México de unos 64 000 inmigrantes ilegales. En ese lapso —como promedio— fueron enviados en avión al vecino país 167 indocumentados diarios, aunque este programa no detuvo el incremento de muertes en la frontera, agregó la cadena, entre quienes se atreven a cruzar la valla en busca de mejores condiciones de vida.

Pero Notimex aseguraba que debido a las constantes redadas en todo el país, en este año ya se ha alcanzado la cifra récord de más de 300 000 deportaciones. El ICE, a su vez, da cuenta de unos 3 900 inmigrantes encarcelados bajo cargos administrativos en lo que va de 2008 y más de mil por acusaciones criminales, un número también superior al de años precedentes.

No habría que ser especialista en el tema para percatarse de que el sistema migratorio de EE.UU. ha activado una «temporada de cacería», sin tomar en cuenta, ni siquiera por razones humanitarias, la difícil situación que viven los más de 12 millones de inmigrantes sin documentos que han formado su hogar en ese país, lo que ha provocado la propagación de abusos contra sus derechos humanos, así como una economía y una sociedad paralelas y marginales. El «sueño americano» se convierte en «pesadilla» para quienes buscan una estabilidad para sus vidas.

Terror en la frontera

La frontera que divide los Estados Unidos de América de los Estados Unidos Mexicanos, es escenario a diario de muertes dramáticas entre quienes intentan infructuosamente cruzar el límite y penetrar en territorio norteamericano. Aunque las entradas ilegales han ido disminuyendo en los meses anteriores, paradójicamente, el número de fallecidos y de asesinatos ha ido en aumento.

Los últimos datos ofrecidos por la Patrulla Fronteriza de EE.UU. indican que desde el 1ro. de octubre de 2007 hasta el 31 de agosto del presente año habían sido detenidas 660 288 personas y 361 fallecieron, en comparación con 858 638 detenidos y 375 muertos en 2007.

Varios observadores consultados por BBC Mundo coinciden en que el retroceso de la economía estadounidense y el incremento en la vigilancia fronteriza han sido los principales factores en la disminución de las detenciones.

Cumplimentando las ordenanzas de la Casa Blanca, entre 2006 y 2008 la Patrulla Fronteriza incrementó el número de agentes de 12 000 a 18 000, y unidades de la Guardia Nacional estadounidense fueron enviadas a la frontera sureña para reforzar los planes de obstaculizarle el paso a los inmigrantes.

El trabajo duro...

Paradójicamente, las estadísticas nacionales indican que los latinos no solo tienen un rol clave en la economía de Estados Unidos, sino que además son el grupo laboral de mayor crecimiento y que realiza las tareas de mayor riesgo, de acuerdo con análisis del Consejo Nacional de La Raza.

Con 21,6 millones de trabajadores, los latinos representan el 14,1 por ciento de la fuerza laboral actual del país, y a un ritmo mayor se refuerza su importancia entre todos los grupos económicamente activos. Las proyecciones aseguran que para el año 2050 uno de cada tres trabajadores en Estados Unidos será de origen latino.

Además, precisa que estos realizan los trabajos más ingratos y peligrosos, en la construcción, por ejemplo, a cambio de salarios más bajos y con limitados o nulos beneficios en seguros de salud y planes de ahorro jubilatorio.

Casi un millar de hispanos murieron en 2006 por accidentes en su trabajo y es la tasa de mortalidad más alta en comparación con los otros grupos étnicos; así ocurre en los sectores de la construcción, la industria manufacturera, la agricultura, la pesca, la forestación y el transporte.

¿Soluciones para Obama?

La comunidad de origen hispano se ha vuelto tema esencial para el recién electo presidente, el demócrata Barack Obama, quien tomará posesión de la Casa Blanca el próximo 20 de enero.

La vida de estos seres humanos que llegaron a Estados Unidos buscando un destino mejor, está ahora en sus manos.

En un capítulo sobre migración del discurso político preelectoral utilizado en la Plataforma Demócrata por el primer presidente afroamericano que ha tenido la nación norteña, se refirió a la urgencia de una reforma migratoria como una de sus prioridades y destacó la importancia de lograr un sistema práctico y humano.

Los demócratas, que no lograron pasar en el Congreso durante los ochos años de gobierno Republicano una reforma migratoria a pesar de tener una ligera mayoría en ese cuerpo legislativo, reconocen ese fracaso al encarar los problemas de migración, equidad y crecimiento económico que enfrenta la región.

En ese sentido planteaban durante sus alocuciones preelectorales, la necesidad de un recompromiso de Estados Unidos en una alianza con las Américas para confrontar problemas comunes, que deje atrás la arrogancia de Washington, que ha producido olas de repudio en la región.

Gracias a ello, el voto latino fue decisivo para el candidato demócrata en estados como Colorado, Nevada, Florida y Nuevo México, con una fuerte presencia de ciudadanos de origen latino, lo que evidencia un rechazo a las posturas antiinmigrantes del Partido Republicano.

Los hispanos constituyeron el nueve por ciento del electorado en 2008, lo que representó once millones de votantes, un incremento de tres millones respecto a los comicios de 2004.

Tras apoyar hace cuatro años al entonces candidato presidencial demócrata John Kerry por 56 por ciento frente al 44 por ciento de Bush, los inmigrantes aumentaron el margen a favor de los demócratas al apoyar a Obama con el 67 por ciento frente al 31 por ciento de McCain.

En Colorado, por ejemplo, el voto hispano se incrementó en 62 por ciento, 50 por ciento en Nevada y 28 por ciento en Nuevo México, lo que representó el margen de victoria de Obama en esos estados cruciales, además de Florida.

Ahora, es momento de retribuirles el voto de confianza depositado en él. Los hispanos exigen que el gobierno de Obama impulse, junto con el Congreso, aquella reforma migratoria integral que nunca se llevó a vías de hecho durante la administración Bush. También que respalde políticas centradas en las necesidades sociales y económicas de los recién llegados al país.

Y se trata no solo de políticas públicas, ellos le exigen además, que se respeten sus derechos humanos y se detengan las redadas tanto en hogares como lugares de trabajo, que tanto aterrorizan a este colectivo.

Una legislación que ofrezca la legalización a unos 12 millones de indocumentados en Estados Unidos, se cuenta también entre las necesidades vitales que presenta ese grupo poblacional en el país norteño.

Para el 21 de enero de 2009, un día después de que Obama asuma la Presidencia, la Coalición Nacional de Inmigrantes de la Capital (NCIC) y el Movimiento por una Reforma Migratoria Justa (FIRM) han convocado a una movilización, para que incluya el impulso de la reforma en sus primeros cien días de gobierno.

Especialmente, centran sus esperanzas en que Barack Obama le cambiará el tono al debate migratorio con la aportación de aires antixenófobos y un reconocimiento a la contribución económica que este colectivo hace al país.

El cuatrienio que se avecina dirá la última palabra.

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