Roberto, «un reparador de sueños» - Internacionales

Roberto, «un reparador de sueños»

Un profesor de natación también dedica horas de su trabajo a la rehabilitación integral de personas con discapacidad, a la asesoría deportiva y a la iniciación de los niños en el ajedrez

Autor:

Juventud Rebelde

VARGAS, Venezuela.— Roberto Díaz Rodríguez se conoce Catia La Mar, la Urbanización Las Veguitas, el municipio y estado Vargas, sus avenidas, sus calles, sus casas, sus escuelas y piscinas, y su gente, como si fuesen las de su terruño, allá en Majagua, municipio de Ciego de Ávila.

Llegó aquí el 25 de julio de 2007. Trabaja en la Parroquia Raúl Leoni, de este estado de la hermana República Bolivariana de Venezuela, pero desanda los sitios más insospechados para hacer cada día mejor su labor de «reparador de sueños» en su primera misión internacionalista.

Roberto es uno de los integrantes de la Misión Barrio Adentro Deportivo. Sin dejar de enseñar en el agua, este avileño de 37 años, profesor de natación, también dedica horas de su trabajo a la rehabilitación integral de personas con discapacidad, a la asesoría deportiva y a la iniciación de los niños en el mundo del ajedrez, programas todos que impulsa el Gobierno revolucionario venezolano con la colaboración de Cuba.

Rehabilitar es dar esperanza

A la casa 4AD, en Catia La Mar, Urbanización Las Veguitas, viene Roberto casi todos los días a primera hora. Allí le esperan Gresly y Leoncio Romero Riera, dos hermanos venezolanos de 49 y 44 años, respectivamente, que padecen de una distrofia muscular generalizada, para ayudarlos a que se sientan menos dependientes y mejoren su calidad de vida.

«Comencé a trabajar en la rehabilitación desde octubre de 2007. Esta es una labor que realizo previa coordinación con la Misión Médica Barrio Adentro. Son los médicos, la fisiatra, quienes indican el programa de ejercicios para cada caso, la frecuencia, cuándo podemos pasar a una nueva etapa y los que evalúan los resultados. Es un trabajo conjunto para brindarles una atención integral».

En el caso de Gresly y Leoncio —el día de nuestra visita no se sentía bien—, además de la compleja enfermedad que padecen viven solos con su mamá, Haydée de Romero Riera, una dulcísima señora de 72 años, que colabora de un modo ejemplar para que «mis niños se sientan cada día mejor», explica. Por estas razones, Roberto los atiende en el hogar.

«En Cuba yo nunca realicé esta labor, pero los compatriotas que lo hicieron me hablaron de atenderlos y dije que sí. Con Gresly tenemos que trabajar todos los planos musculares y las articulaciones. Poco a poco. Es una rehabilitación para constatar resultados a largo plazo; sin embargo, todos los días hay una pequeña señal. Debemos concentrarnos fundamentalmente en la tonificación de los músculos porque están muy debilitados».

Antes de la colaboración cubana en Venezuela, Gresly no recibió atención ninguna de este tipo. Por aquí pasaron antes los compatriotas José Luis, Nelson y ahora Roberto. Todos se han apoyado en medios hechos por ellos mismos.

De la natación y otros deportes

Roberto está bien entrenado para ir de un lado a otro, llegar en tiempo y hacer lo suyo con total entrega.

«Por las mañanas, los lunes, miércoles y viernes, atiendo a dos grupos de hipertensos. Realizamos una suerte de gimnasia matutina con ejercicios físicos que los ayuden a depender menos de los medicamentos, y les enseñamos a cambiar los estilos de vida, a mejorar su calidad de vida. De ahí, me voy a las escuelas donde asesoro y oriento a los profesores en la introducción a la enseñanza del ajedrez —todo un programa nacional que impulsa el Gobierno Bolivariano—, en la realización de composiciones gimnásticas —muy fuertes en nuestro país—, y en el desarrollo de deportes participativos, como el fútbol y el baloncesto, disciplinas que motivan mucho a los muchachos».

Es una labor muy linda, confiesa. Pero, aún le queda tiempo para más.

«En horas de la tarde me desempeño como profesor de natación —que es lo que soy en Cuba—, y también de Polo Acuático, en las piscinas del estado Vargas. Enseño los rigores de esta disciplina a 166 niños de diferentes clubes. Eso es todos los días de la semana, pero me siento muy a gusto. Es el momento en que más recuerdo a mis alumnos, a mi gente, en Majagua».

Cuando parece que ya su jornada terminó, Ernesto, el coordinador de la Misión Barrio Adentro Deportivo en el estado, nos dice por medio de un singular lenguaje de señas que preguntemos a Roberto por el ajedrez en la comunidad, donde ha organizado dos clubes.

«Con ellos sí trabajo de manera directa. Cada uno está integrado por ocho niños, registrados en la Federación de Ajedrez del municipio. Me hacen muy feliz. ¿Resultados...? Bueno, la niña que resultó campeona en la competencia a nivel de estado es alumna mía», expresa con cierto rubor.

Gresly lo sorprende

«Todas las cosas que hago me dan mucha satisfacción, me hacen sentir útil, pero, en el caso de la rehabilitación, y en particular de la atención a Leoncio y Gresly, creo que he aprendido más, me ha obligado a esforzarme, a estudiar... Ver a Gresly que todos los días avanza un poquito más, que descubre que puede hacer algo nuevo por ella misma, significa mucho para mí, es algo grandioso...» (silencio).

A este hombre bueno y nuevo, como lo soñó el Che, se le atraganta la emoción y una lágrima se le escapa... Es que Gresly —continúa entre disculpas— no podía llevarse el vaso a la boca y ya lo hace. Se sienta frente a su computadora y trabaja ella misma con el mouse. Es una paciente optimista, positiva, cooperativa, disciplinada y voluntariosa al máximo. ¿Qué no haría yo?».

Gresly y su mamá escucharon parte de nuestro diálogo y no se resisten a hablar.

Haydée nos revela que a Gresly «comenzó a manifestársele la distrofia muscular entre los 15 y los 16 años, y a Leoncio a los veintipico. Ha sido un largo camino. Ella es técnica universitaria en Comercio Internacional y Aduanas, y licenciada en Ciencias Fiscales, y da clases en la universidad. Él es cartógrafo. Pero acá la rehabilitación en casa, para enfermos como ellos, era muy costosa».

Con el trabajo de Barrio Adentro, interrumpe Gresly, tengo a Roberto acá, que es como mi hermano. «Antes estuvieron otros cubanos que también me atendieron con una dedicación que impresiona. Y de manera gratuita. Roberto ahorita está decidido a que yo me levante. Les aseguro que cuando ustedes regresen el cambio va a ser totalmente diferente a lo que están viendo hoy. Lo que está sucediendo conmigo lo defino con una sola palabra: amor».

Una gran escuela

No importa —dice Roberto— que tenga que levantarme muy temprano ni las distancias que tenga que recorrer. En Cuba me desempeño en una sola función, como profesor de natación, y aquí asumo varias tareas, desarrollo diferentes actividades, lo cual es un reto posible porque venimos con los conocimientos.

«Venezuela y Barrio Adentro Deportivo constituyen una gran escuela para cualquier profesor cubano de deportes. Nos vamos mejor preparados, tenemos una visión más amplia y concreta de los programas que estudiamos en la Isla, nos vemos obligados a desplegar iniciativas, a buscar alternativas... Lo necesitan no solo Gresly y Leoncio, o los niños en las piscinas o ante un tablero de ajedrez, sino el pueblo venezolano, la gente humilde que se merece una vida mejor, igualdad de oportunidades. Es una experiencia muy bonita».

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