El poder ciudadano aclama a Mel

Manuel Zelaya Rosales prometió gobernar con honradez y transparencia y para los más desfavorecidos, pero ello no convino a la oligarquía hondureña que ahora encabeza el golpe de Estado Especial del Golpe de Estado en Honduras

Autor:

Juventud Rebelde

Los hondureños permanecen en las calles y un solo grito los convoca, los hace mantener la resistencia ciudadana pacífica, que no ha cesado a pesar de la represión de los golpistas: ¡Queremos a Mel! ¡Urge Mel!

Cuando Manuel Zelaya Rosales llegó a la presidencia del segundo país más extenso y poblado de Centroamérica el 27 de enero de 2006, tenía ante sí grandes retos y no pocas promesas que cumplir tras la contienda electoral. Recibió una nación absolutamente endeudada y con 5,5 millones de pobres, de los cuales dos millones padecían pobreza extrema.

Zelaya prometió como aspirante a la presidencia reducir entre un cinco y un 10 por ciento los gastos corrientes del gobierno, crear 400 000 puestos de trabajo, construir 200 000 viviendas, dotar de ordenadores a todas las escuelas, conceder matrículas gratuitas a los más de dos millones de niños y jóvenes en edad escolar, erradicar enfermedades tropicales como el dengue y la malaria, resolver la grave situación de violencia e inseguridad ciudadana por la actuación de las pandillas maras y tomar medidas para frenar la deforestación y otros serios daños al medio ambiente.

Había sustentado su candidatura desde la convicción de la importancia del poder ciudadano y con la presidencia comenzó a darle espacio y oportunidades a los olvidados de Honduras. Ello explica por qué los oligarcas quieren a Zelaya fuera e intentan sustentar su mentira con imputaciones de supuestos delitos contra la nación, mientras el pueblo lo aclama desde hace siete jornadas ininterrumpidas. Si los hondureños se sintieran defraudados, y no quiere decir que haya logrado todas sus metas como mandatario, seguramente no mantendrían la exigencia de su regreso.

A diferencia de quien usurpa hoy la banda presidencial, para quien lo primero fue reprimir al pueblo, desde comienzo de su mandato Zelaya comenzó a tomar medidas para cumplirle a los ciudadanos que lo eligieron.

Durante su discurso de investiduras, según recoge un artículo de la Fundación CIDOB, el mandatario le ordenó al titular de Educación, Pineda Ponce, suprimir la tasa de diez dólares abonada por los estudiantes al ingresar en los centros de enseñanza públicos. Mientras que al de Finanzas, le encomendó la creación de un fondo de apoyo a las pequeñas y medianas empresas y de un programa para mejorar la producción alimentaria en el campo, así como la tarea de reservar el uno por ciento del presupuesto nacional a la protección de los bosques y la reforestación de las áreas afectadas por las talas abusivas.

Asimismo tuvo que decretar enseguida la emergencia sanitaria y energética por la crítica situación de ambos sectores. En política exterior se inició la ampliación de los contactos bilaterales y multilaterales con una agenda que le permitió, incluso, resolver algunos diferendos regionales acumulados y descuidados por anteriores presidentes.

Con este aval quedan descubiertas algunas de las razones por las que los intereses de los ricos se vieron amenazados por la magistratura de Manuel Zelaya.

«A la mitad de mandato, el balance era positivo: la situación económica había mejorado; cerca de 4 000 millones de dólares de deuda externa habían sido condonados, tras arduas negociaciones por los organismos multilaterales, los países acreedores del G8 y el Club de París (si bien se habían iniciado nuevos procesos de endeudamiento, con el BID, por cientos de millones); los nuevos recursos de que disponía el Gobierno ya estaban haciendo sentir sus efectos positivos en la lucha contra la pobreza, que, según datos oficiales, se había reducido un 6,5 por ciento, en números absolutos, 500 000 hondureños que han salido de la pobreza; y la campaña de reforestación marcha con excelentes índices», apunta el artículo de CIDOB, que también destaca que la adhesión de Honduras a PetroCaribe en diciembre de 2007, con sus excelentes oportunidades, también contribuyó al desahogo financiero de la nación.

A pesar de todo ello, y como ha sido evidente desde el golpe de Estado, los medios de comunicación en manos de los poderosos empresarios mantuvieron un ataque constante a las políticas sociales y a los logros del mandatario hondureño. Él mismo aseguró que era el «presidente más atacado, vituperado y calumniado» de la historia de ese país. Pero entre las decisiones que más roncha levantó entre los oligarcas estuvo la adhesión de Honduras a la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA). El golpista Roberto Michelletti fue de los opositores más fervientes y quien ha encabezado la satanización de Zelaya a partir de este tema y su relación con los países de la región. Pero, claro, a estas alturas ya sabemos qué ambiciones presidenciales lo corroían.

El presidente constitucional y legítimo Manuel Zelaya Rosales es aclamado por su pueblo. Quizá los golpistas esperaban que el pueblo se cansara, pero lo cierto es que la resistencia se ha fortalecido. A pesar de la censura, de la militarización de los medios de comunicación, del toque de queda y la violación de las libertades individuales, los hondureños han logrado alzar la voz a través de los medios alternativos, de TeleSur, que no ha dejado de contarnos qué pasa en el país centroamericano.

A diferencia de los golpistas, que hasta ahora solo tienen en su expediente los calificativos de usurpadores, represores y explotadores, el presidente constitucional sí tiene verdaderos resultados que mostrar a sus conciudadanos. Razones que sustentan la acción popular y el grito que recorre la calles de Tegucigalpa y otras ciudades. ¡Queremos a Mel! ¡Urge Mel!

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