¡A pescar!, dijo el rey

El Acuerdo de Pesca entre Marruecos y la Unión Europea entrega los recursos pesqueros de los saharauíes en el Atlántico a cambio de 36 millones de euros anuales

Autores:

Luis Luque Álvarez
Jorge L. Rodríguez González

Marruecos convida a Europa a un festín, y ella se sienta a la mesa. Hay calamares, sardinas, atunes, tiburones, merluzas, anchoas... Europa traga, y paga la cuenta. Pero el camarero es ladrón: lo que ha servido se lo ha robado a otro… Al Sahara Occidental.

El Acuerdo de Pesca entre Marruecos y la Unión Europea, vigente desde 2007 hasta 2012, tiene esa salsa: que Rabat, al que la ONU no le reconoce estatus de potencia administradora ni mucho menos, entrega los recursos pesqueros de los saharauíes en el Atlántico a cambio de 36 millones de euros anuales.

Y la UE, ¿sabe dónde está pescando? ¿Sabe que es ilegal? ¡Desde luego! Pero hace mutis. En su artículo 11, el Acuerdo estipula que los buques de 11 países de la UE podrán faenar «en las aguas bajo jurisdicción marroquí», y claro, nadie se hace plastilina los sesos averiguando qué área es marroquí y cuál no lo es. Sencillamente, ¡a pescar donde el rey Mohammed lo permita!, según consta en los límites geográficos referidos en un apéndice del tratado, y que implica zonas al sur, fuera de las fronteras reconocidas a Marruecos.

Aquí es España la que se lleva el gato —¡o el pargo!— al agua, pues la mayor cantidad de buques los aportará ese país, seguido, pero muy de lejos, por Portugal, Francia y otros. Y es Madrid quien, además, tiene la mayor cantidad de licencias de pesca expedidas hasta el momento: el 80 por ciento.

Ahora son peces. Pero también es el petróleo, es el gas, y son los fosfatos, que sirven lo mismo para producir fertilizantes que pegamento para trabajos dentales (se calcula una reserva de 1 130 millones de metros cúbicos de roca fosfática). Simplemente vergonzoso. Hasta que no se haga justicia, un pueblo que puede ser rico, seguirá en la pobreza y dependiendo de la ayuda internacional.

Será así hasta que los saharauíes puedan sacudirse la sanguijuela.

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