Discurso pronunciado por Esteban Lazo Hernández, jefe de la delegación cubana, en la Cumbre Climática de las Naciones Unidas en Copenhague, Dinamarca

El vicepresidente cubano argumentó que «los miles de millones de dólares invertidos anualmente en armamentos demuestran que los recursos existen. Lo que falta es voluntad política para darles un uso más racional, humano y sostenible, y contrarrestar el desastre que se avecina»

Autor:

Juventud Rebelde

Señora Presidenta:

Distinguidos Jefes de Estado y de Gobierno y otros Jefes de delegación:

Señores delegados e invitados:

Permítanme, ante todo, expresar mi total apoyo a las palabras expresadas aquí ayer por el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, compañero Hugo Chávez Frías, y hace apenas unas horas por el Presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, compañero Evo Morales Ayma, que transmiten el sentir de todos los países miembros del ALBA con relación al cambio climático, sus verdaderas causas y sus posibles soluciones.

Debo también sumarme a su denuncia y protesta por la falta de transparencia y la existencia de formatos de negociación excluyentes y paralelos de documentos que se dice que no existen.  Al parecer, se convoca para mañana una reunión con un listado de oradores limitado escogidos de manera nada democrática.  Notamos con preocupación la exclusión de las organizaciones no gubernamentales de esta sala y denunciamos la evidente represión contra los manifestantes.

En la histórica Conferencia de Río de Janeiro de 1992, el compañero Fidel Castro expresó:

Cito: “Una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: el hombre.

“(…) las sociedades de consumo son las responsables fundamentales de la atroz destrucción del medio ambiente.

“La solución no puede ser impedir el desarrollo a los que más lo necesitan.

“Si se quiere salvar a la humanidad de esa autodestrucción, hay que distribuir mejor las riquezas y tecnologías disponibles en el planeta. Menos lujo y menos despilfarro en unos pocos países para que haya menos pobreza y menos hambre en gran parte de la Tierra.”

Esa sigue siendo hoy la esencia del problema.

Menos de dos décadas después, el crecimiento promedio anual de las concentraciones de dióxido de carbono ha sido mayor que durante todo el período del que se tienen registros sistemáticos.

Continúa aumentando la temperatura global. Disminuye el grosor del hielo ártico. Se eleva el nivel del mar. Aumenta la frecuencia e intensidad de los huracanes. Se ha alterado el régimen de lluvias. Se perdieron otros 100 millones de hectáreas de bosques. Los desiertos han crecido. Un 30 por ciento de las especies desaparecerá si la temperatura global se incrementa entre 1.5 y 2.5 grados centígrados. Pequeños estados insulares corren el riesgo de desaparecer bajo las aguas.

Muchos de estos efectos son ya irreversibles, por lo que la comunidad internacional, particularmente el mundo en desarrollo, precisa con urgencia implementar acciones que le permitan adaptarse al cambio climático y recibir el apoyo financiero necesario para este fin.

Según lo expresado en la Declaración Especial sobre Cambio Climático adoptada en la VIII Cumbre de Jefes de Estado de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, recién finalizada en La Habana, el cambio climático se convierte en el más serio y urgente problema que enfrenta la humanidad. Pero el egoísmo y el interés de los países desarrollados en preservar un orden económico injusto e inequitativo, impiden emprender el cambio que reclaman las generaciones presentes y futuras.

Tras casi dos años de negociaciones para concluir un segundo período de compromisos bajo el Protocolo de Kyoto, asistimos a esta cita sin un acuerdo real y significativo, por la actitud irresponsable y la falta de voluntad política de las naciones desarrolladas.

Quienes provocan el 76 por ciento de las emisiones acumuladas en la atmósfera, deben asumir la plena responsabilidad por el impacto que sus economías y estilos de vida, sustentados en patrones de producción y consumo derrochadores e insostenibles, le han infligido al equilibrio climático global.  Se imponen compromisos serios de reducción de las emisiones domésticas de estos países y no soluciones hipócritas basadas en las supuestas bondades del mercado.

Los Estados Unidos, que concentran cerca de la cuarta parte de las emisiones globales, no deben continuar manteniendo a la comunidad internacional como rehén de su política doméstica.

Persistir en los esfuerzos de desarticular el actual régimen legal sobre cambio climático, representado en el Convenio Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático y el Protocolo de Kyoto, con el propósito de dar lugar a un nuevo y único acuerdo aplicable a partes absolutamente desiguales en cuanto a la magnitud de sus contribuciones y sus capacidades económicas, financieras y tecnológicas, no sólo continuará siendo un férreo obstáculo en el empeño de alcanzar un resultado final, sino una opción política y éticamente inaceptable.

Aspiramos a un acuerdo fundado en el respeto irrestricto a los principios acordados en la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro, especialmente el de las Responsabilidades Comunes pero Diferenciadas, bajo el cual los países desarrollados asuman el liderazgo, en correspondencia con sus responsabilidades y capacidades.

Sr. Presidente:

Un acuerdo resultante de estas negociaciones tampoco puede ser ajeno a las realidades de un orden económico internacional profundamente desigual y excluyente, que ha dejado – permítanme utilizar datos conocidos – a 2500 millones de seres humanos en la pobreza, a 1100 millones sin agua potable, a 2600 millones sin servicios de saneamiento; a más de 800 millones de analfabetos y a más de 1000 millones de hambrientos en el planeta.

La brecha que separa a los países desarrollados y subdesarrollados no ha dejado de crecer. El 20% más rico de la población mundial, residente en los países de mayores ingresos, absorbe más del 85% del total de gastos en consumo privado, mientras que 2800 millones de personas viven con menos de dos dólares al día.

Un acuerdo de largo plazo para combatir el cambio climático no puede significar una restricción adicional para el desarrollo de los países del Tercer Mundo.

Debe contemplar un fuerte mecanismo para la financiación de las acciones de mitigación y fundamentalmente de la adaptación de los países subdesarrollados al cambio climático por parte de las naciones desarrolladas. Esto no es una obra de caridad, sino, ante todo, una obligación moral con el Sur y una obligación jurídica resultante de los compromisos asumidos en la Convención.

Las colosales sumas para salvar empresas y bancos en quiebra y los miles de millones de dólares invertidos anualmente en armamentos demuestran que los recursos existen. Lo que falta es voluntad política para darles un uso más racional, humano y sostenible y contrarrestar el desastre que se avecina.

Cuba, un país férreamente bloqueado por la principal potencia mundial, ha logrado con pocos recursos una verdadera revolución energética que le ha permitido reducir considerablemente sus emisiones de dióxido de carbono. Como hemos hecho ya en otros foros internacionales, ofrecemos humildemente nuestra experiencia a toda la comunidad internacional.

Finalizo igualmente compartiendo las palabras de Fidel aquel 12 de junio de 1992:

“Cesen los egoísmos, cesen los hegemonismos, cesen la insensibilidad, la irresponsabilidad y el engaño. Mañana será demasiado tarde para hacer lo que debimos haber hecho hace mucho tiempo.”

Muchas gracias

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