Cinco años después del tsunami

Los científicos no descartan la ocurrencia en breve de una catástrofe similar en la zona del Océano Índico

Autor:

Yailé Balloqui Bonzón

Un lustro ha pasado y las huellas del horror, del dolor y la devastación están frescas aún entre quienes habitan las costas de los 13 países de Asia y África que sufrieron los efectos de un brutal tsunami que sacudió al Océano Índico. Imponentes muros de agua que llegaron a la orilla se llevaron consigo la vida de unas 226 000 personas.

La tailandesa Suvadee Sukkasem quiere descontar de esa enorme cifra a su pequeño de cuatro años, que se llevó aquella inmensa ola el 26 de diciembre de 2004. Así le describe a Reuters la abatida madre, quien aún retiene la esperanza de que el mar le devuelva a su hijito.

Aunque muchas de esas zonas paradisíacas, que el maremoto telúrico sepultó o despedazó, se han reconstruido, el turismo ha regresado y la vida ha vuelto casi a la normalidad, las principales huellas de la catástrofe ahora son, sobre todo, psicológicas y emocionales para quienes perdieron a sus familiares o amigos.

Criterios de expertos aun no convergen en un mismo punto. Algunos opinan que alcanzó nueve grados en la escala de Richter y otros elevan la cifra hasta 9.3, lo que significa la liberación de energía equivalente a miles de bombas atómicas como las lanzadas en Hiroshima y Nagasaki. Lo cierto es que se trata de uno de los mayores de los que se tiene conciencia junto a los ocurridos en Chile y Alaska en 1960 y 1964, respectivamente.

El futuro no es muy halagüeño para quienes sobrevivieron aquella soleada mañana de domingo, cuando la tierra tembló durante casi diez minutos. Y aún cuando las cicatrices están por sanar, los científicos que estudian la zona no descartan otro mortífero tsunami, aunque —auguran— este sería de menor magnitud pero igual de letal.

Enfrentar a la Madre Natura resulta una tarea básicamente imposible. Los organismos internacionales se centran ahora en el desarrollo de la prevención y concienciación en las comunidades más expuestas. Hasta allí se intenta hacer llegar mensajes de alerta, porque en diciembre de 2004 se habrían evitado decenas de miles de muertes, si ante la inminente embestida hubiesen sido avisados.

Países como la India, Indonesia y Tailandia, entre los más afectados de entonces, han creado sus propias agencias de gestión de catástrofes y observatorios de alerta, pero aún se requieren esfuerzos en materia de concientización.

Naciones Unidas en coordinación con los gobiernos de 18 países bañados por el Océano Índico, crearon un sistema de alerta de tsunami que consta de boyas marinas con sensores que detectan la formación de anomalías como grandes olas o movimientos tectónicos.

Hoy 26 de diciembre, cuando pesa sobre la conciencia de los poderosos el fracaso de Copenhague, millones en el mundo volverán a llorar sus muertos. Ellos nos recordarán que los daños que hoy le hacemos a la Naturaleza afectan a los que tienen llenos o vacíos los bolsillos.

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