25 °C A sus 25 años de edad, la periodista cubana Leticia Martínez Hernández vive en esa nación caribeña una experiencia que difícilmente pueda ser superada, en contacto con el dolor y las adversidades. Tanto es así, que necesitará tiempo para saber cuánto ha sucedido con su espíritu
Un amigo común había tendido el puente entre nosotras. Me contaba él sobre ella; y a ella sobre mí. Por eso el día que la joven periodista me abordó en un evento en el cual habíamos coincidido, bastó que se presentara con brevedad y con sonrisa tenue, límpida.
«Yo soy Leticia…», me dijo; y en instantes advertí que estaba frente a una muchacha delicada y sensible, y a la vez fuerte y tenaz, con la impronta de quien ha sido criada al amparo de una familia tibia.
Leticia Martínez Hernández está viviendo horas que ya le han marcado para siempre. Ha sido enviada por el diario Granma, donde ahora ocupa responsabilidades como Jefa de Información, hasta el sufrido pueblo de Haití. Y desde su sensibilidad, ella también sufre, y se impone ante una realidad que con toda justicia ha dado en llamar el infierno de este mundo.
He aprovechado el puente que ya existía entre ambas para preguntarle algunos detalles sobre una realidad que estremece desde las televisoras, pero que en vivo imagino inabarcable. Ella me ha devuelto con rapidez y humildad las interrogantes respondidas.
Reparo en que recibió el título que la acredita como licenciada en Periodismo en el año 2007. Y que nació en Santa Clara el 18 de abril de 1984. Es una vida que tiene al mundo por delante, ese mundo que por estos días le muestra, como verdadera prueba de fuego, escenas dantescas.
—¿Cómo son tus días en Haití, desde que sale el sol hasta que se pone? Enumérame, por favor, lo que haces.
—Son de mucho trabajo, de mucho agotamiento, sobre todo mental. Imagina que tengo que convivir con el dolor de la gente y luego llevarlo al papel. A veces me siento y me digo: ¿Cómo escribo de tal o más cual sensación? ¿Qué palabras utilizo para que la gente viva conmigo lo que sucede en Haití? Es muy agotador, y si a eso sumas que pienso que en el periódico esperan por mi trabajo… Mientras voy poniendo las palabras, las imágenes de terror pasan una a una por mi memoria.
«Duermo en una casa de campaña confortable. Me levanto bien temprano; desayuno (por suerte nuestro país ha garantizado la comida de todo el que está en Haití por estos días); me pongo pantalones, pulóver, tenis y el obligado nasobuco; agarro mi mochila y salimos a la calle.
«Desde el día anterior nos ponemos de acuerdo el equipo de periodistas que aquí estamos juntos (Televisión y Prensa Latina) y planificamos el trabajo que queremos hacer. Intentamos buscar historias por la mañana; aprovechar las primeras horas para luego sentarnos a escribir y transmitir temprano a nuestros medios.
«Todo resultó muy difícil en los primeros días. A veces eran las 11 de la noche y todavía estábamos buscando la forma de mandar los trabajos. Eran bastante los problemas de comunicación. Muchas veces tuve que escribir muy rápido, pues la carga de la computadora se agotaba, y eso resultaba muy estresante.
«Cuando ya el director tiene el trabajo en su mesa, entonces me baño y como; me acuesto bastante tarde, siempre luego de las 12 de la noche, preparando lo que quiero hacer para el día siguiente».
—¿Sueñas cuando duermes?
—En Haití no sueño. Ese fue uno de mis temores cuando recorrí las calles de Puerto Príncipe por vez primera. A cada paso me encontraba con un cadáver, con una mujer llorando, con un niño sufriendo. Nunca había visto a un muerto en toda mi vida; nunca había entrado a un hospital lleno de gente muriendo y sufriendo; nunca me había encontrado con tanto sufrimiento.
«Esa primera noche en Haití pensé que no dormiría pensando en tantas imágenes horrendas. Pero ha sucedido de otro modo: no tengo ni sueños ni pesadillas en Haití. Me acuesto con tanto cansancio que no sueño. Y no pasa un minuto antes de quedarme dormida. Creo que eso es lo mejor que puede pasarme».
—¿En qué piensas la mayor parte del tiempo?
—Pienso en lo afortunada que soy, en cuánto tengo que agradecer a la vida por lo que tengo, por la paz en la cual vivo, por el bienestar de mi familia, por tener un techo donde guarecerme, por tener algo tan sencillo para nosotros como un médico, por tener un bocado de comida y no irme a la cama con el estómago vacío, y por haber estudiado lo que quería y por poder ejercerlo. Por no ver todo el tiempo las imágenes desgarradoras que hoy veo en Haití.
«También pienso en mis padres, en mis hermanos, mi padrastro, en mi novio y su constante preocupación porque me pueda suceder algo. Pienso en la mejor forma de convencerlos de que estoy bien. Y pienso en quienes me leen; me preocupo, me angustio por hacerles llegar lo que ven mis ojos, y me incomodo porque a veces no me alcanzan las palabras para describir todo lo que veo; creo que esa es mi mayor insatisfacción».
—¿Has sentido necesidad de autocontrolarte para no llorar, para mantener tu equilibrio?
—Todo el tiempo. Recuerdo que cuando salí del aeropuerto y comenzamos a recorrer las calles de Puerto Príncipe, comencé a ver a la gente corriendo desesperada de un lado para otro, y a toparme en la calle con montones de cadáveres.
«Eran montañas de cadáveres, y ese olor insoportable… Sentí necesidad de salir del carro en que iba y echarme a correr, regresar al aeropuerto y montarme de nuevo en el avión. Me preguntaba, ¿qué hago aquí?, y me decía que había entrado al mismísimo infierno. Ahí tuve que aguantarme las ganas de gritar para no parecer floja o inexperta entre mis colegas que habían vivido tantas veces desastres como los de Haití.
«Recordaba entonces cómo hacía pocas horas estaba en mi casa, escuchando música y conversando con mi novio y le decía: «Mientras nosotros estamos acá tranquilos, cuánta gente estará sufriendo en Haití…». No podía imaginar que rato después estaría pisando esta tierra y viendo con mis ojos ese sufrimiento.
«Tampoco olvido mi segundo día en Haití, cuando fui a uno de los hospitales y me encontré a un niñito tirado en el piso, encima de un cartón. Estaba pegado a una cerca y tenía su manita amarrada a ella, por donde le estaban pasando un suero. El niño temblaba como una hojita y el médico me explicaba que ya le habían puesto todos los medicamentos, pero que moriría de un momento a otro, pues sus venas estaban colapsadas.
«Me recorrió un escalofrío por todo el cuerpo. Era la primera vez que veía cómo la muerte se adueñaba de alguien. Ciertamente el dolor de los niños me ha marcado mucho. En ese momento quise llorar, pero me apreté los ojos. Solo lo hice horas después cuando en otro de los hospitales encontré otro niñito sano, pero a la espera de su madre, a la cual estaban curando. Estaba tranquilo, sentadito en una silla, y se comía un pedazo de galleta como si fuera un manjar. Ahí sí tuve que sentarme y llorar. Había aguantado demasiado el llanto.
«He sentido miedo, mucho miedo, pero no un miedo paralizante, y no durante todo el tiempo. Determinadas situaciones me han dado temor, pero ante esas nunca he llorado. Las veces que he sentido ganas de hacerlo ha sido ante el dolor de los demás».
—Has visto mucho en muy pocas horas. ¿Qué imagen se te quedará prendida para siempre, como una quemada en la memoria?
—Definitivamente la mirada de los niños. Creo que nunca olvidaré eso. El llanto de un niño en el hospital El Renacimiento… El bebé gritaba para que su mamá lo atendiera, pero la mujer estaba moribunda y no tenía fuerzas para cargarlo. Ese llanto desesperado y desgarrante creo que me perseguirá siempre.
—¿Qué ha pasado contigo, dentro de tu espíritu, después de esta experiencia?
—No sé si es una paradoja, pero esta tragedia me ha enriquecido espiritualmente. Creo que convivir con el dolor de la gente me ha hecho más humana. He aprendido a valorar más lo que tengo. Aunque ¿sabes algo? todavía no logro definir qué ha pasado conmigo exactamente, sigo pisando el infierno de este mundo, y cada día veo algo más estremecedor.
«Cuando llegue a mi Cuba bella, entonces sabré qué ha pasado conmigo; acá me he construido una coraza para poder soportar tanto dolor, y creo que todavía no me desprendo de ella. Esta pregunta házmela cuando llegue a mi país y vuelva a estar con los míos».
—¿Qué te parece irrelevante ahora, después de haber sido testigo privilegiada y adolorida del infierno?
—Ahora me parecen irrelevantes todas las veces que me he quejado por nimiedades, o que valoré en demasía cosas materiales, o los motivos por los cuales discutí con la gente que quiero. Ojalá les hubiera dicho más veces que los quiero…
—En medio de todo, ¿has tenido alguna alegría?
—Si, paradójicamente he tenido alegrías: primero, la fortuna de que a los lectores les ha llegado lo que he escrito, al menos así me lo han hecho saber. Y luego… el orgullo de mis padres.
Buenos días.... quisiera expresar que me gustó mucho la entravista, por las cosas que no puedo ver y me transmites a través de este medio. La verdad es que nosotros los seres humanos en ocsiones tenemos que vivir amargas experiencias para aprender a valorar lo que tenemos, y darnos cuenta que para ser feliz en esta vida no hacen falta las cosas materiales, no hay nada más lindo y maravilloso que abrir los ojos ante un nuevo día al lado de nustros seres queridos. Sólo quisiera pedir si no es mucho que sigan compartiendo sus experiencias, aunque en estos momentos no son buenas las imágenes a mostrar, creo que es la única forma que tenemos de vivir este terrible atentado de la naturaleza.
No puedo sino estremecerme ante mis colegas. Ante Alina por su agudeza, y ante Leticia por su extrema sencillez y su enconado arrojo. Leticia es la muestra palpable del futuro de los jóvenes cubanos, de lo que somos capaces de hacer. Llegua a ella el apoyo más sincero en nombre de todos los periodistas cubanos, pues hay que tener mucho temple para no desvanecer en el Infierno de este mundo. Ánimo Leticia, lo estas haciendo muy bien.
son vivencias de una joven cubana que le han permitido ver la vida con otro prisma. su experiencia no va a quedar solo escrita en un papel. cuantos cubanos no hubieramos querido estar en Haiti ayudando en lo que sea necesario. al menos done sangre para ese tambien puede ser un aporte. les exhorto a seguir adelante. muchos de los que leen podrán descubrir el porque Cuba es vista como la esperanza de los que nos rodean. un abrazo vicente
Me complace mucho ver publicada una entrevista como esta en este diario, donde se reconoce la labor de una colega muy allegada, con quien tuve la oportunidad de compartir estudios universitarios. Sus trabajos no los leo por casualidad, los busco con ansiedad porque siento que sus textos se nos hacen imprescindibles a los que desde lejos del infierno haitiano queremos saber qué sucede con esa pobre gente. Se que para mi amiga ha sido un reto y siento que ha crecido como persona. Estoy muy orgullosa de ella!!!
Estimada Alina, gracias por regalarnos ese testimonio estremecedor que es tu diálogo con Leti, y que nos permite transportarnos por unos segundos a ese infierno desde donde reporta todos los días. Para ella, toda mi admiración y respeto por lo que está haciendo, y sobre todo por que está viendo.
quisiera poder expresar todo lo que siento cuando veo imagenes de haiti y todo este desastre, ante tanto dolor ,destrucion y muerte, y nosotros lo vemos como se dice de lejos , creo que la experiencia es unica y cuando leticia regrese como dice ella trendra en su mente y en su corazon todas esas imagenes de cosas que vio y sintio, a mi forma de ver creo que nunca las podra olvidar, y nosotros valoremos mas cada dia lo que tenemos y lo que no tambien, pero sin ambicion ni mezquindades,las imagenes mas terribles los niños desesperados ,muertos y los mutilados, las imagenes mas tiernas los nacimientos, y los medicos cubanos los unicos que se mantuvieron en las horas más criticas al lado de sus pacientes.
Alina...Soy asiduo lector de JR-digital y disfruto enormemente su contenido, particularmente la Sección OPINION. Hoy te agradezco este excelente trabajo que has hecho, que me ha permitido asumir una imagen distinta de la joven Leticia...La veo ahora en una dimensión más humana y más sensible, con una capacidad de trasmitir emociones, tan necesaria en el oficio para llegar al corazón y a la fuente de las ideas. Digo esto, porque realmente no me pareció bien sobre todo el párrafo final de su infierno (IX) publicado en Granma....Al extremo que unos amigos intercambiamos comentarios al respecto del mismo....mi comentario fue: Coincido con tu percepción. Creo que el párrafo final SOBRA, ESTÁ DE MÁS....DEBIÓ SER ELIMINADO POR EL EDITOR....O NO ESCRITO NUNCA, NI SIQUIERA PENSADO....Es un mal uso del sarcasmo, inapropiado e inoportuno, además de ineficaz e insidioso....contra alguien que allí, solo con su presencia, merece respeto.....alguien que por demás, ha estado aquí, en más de una ocasión, recibido a los más altos niveles, alguien que luego ha escrito en importantes órganos de opinión en EEUU dando una imagen positiva nuestra.....No merece semejante desplante. La ignorancia mata a los pueblos, por eso es preciso matar la ignorancia.....La periodista debió concluir su trabajo allí donde reconoció su ignorancia del idioma inglés.....que le hubiera permitido hacer su labor periodística directa con la figura cinematográfica.....es una pena.....debió magnificar la idea de que ella se fue del lugar mientras Penn se quedaba....
Muchas gracias a todos, de verdad no saben el animo que me dan con sus comentarios,estos dias en haiti han sido bien duros, pero estar cerca de gentes tan altruistas como nuestros medicos alivia cualquier pesar, esta ha sido la mejor experiencia de mi vida, es como una de esas cicatrices que quedan incrustadas en la piel, ciertamente el horror ha sido mucho, ojala este pais pueda dar otra imagen en algun momento, aunque tenga que reevaluar el titulo de seccion, muchas a gracias a todos, gracias a alina, por sus preguntas, por su agudeza, por la sencillez, por lo tremenda periodista que es, ojala pueda algun dia acercarme un tin a su profesionalidad...gracias a todos Quisiera responder el ultimo comentario,disentir esta permitido, ojala muchos en nuestra Cuba tuvieran la capacidad para hacerlo...solo una aclaracion, estuve en el campamento de refugiados hasta mucho tiempo despues de que Sean Penn se fue, aqui le van algunos datos que por "ese respeto" diria diplomatico al que usted se refiere no lo inclui en mi infierno: la estrella de cine dejo a su equipo intentando apaciguar la cola de personas hambrientas, mientras se iba en su carro blindado y con aire acondicionado, escoltado por la 82 division aerotransportada de EU...Gracias a todos, sigo en el infierno de este mundo
Alina, te felicito por esta excelente entrevista. Tu sensibilidad para hurgar en el alma de las personas una vez más se puso por lo alto. Siempre he pensado que solo las buenas preguntas generan buenas respuestas. Y esta vez quedó de nuevo confirmada esta opinipon personal, porque las respuestas de Leticia están a la altura de tus interrogantes. Un abrazo para ti desde Las Tunas.
Quiero agradecer en nombre de todos los cubanos a Leticia por mantenernos al tanto de las vivencias haitianas desde el punto de vista de una joven periodista de estos tiempos, con un humanismo que nos toca nuestras propias fibras. También quiero agradecer a Alina por permitirnos a través de la entrevista conocer de primera mano el sentir y parecer de los que están viviendo día a día en el infierno actual de este mundo. Además, quisiera plasmar mi discrepancia con el comentario de Daniel Noa, aunque es su criterio y lo respeto. En primer lugar pienso que no ha leído la serie de trabajos “El infierno de este mundo”, porque en todos ellos la periodista ha demostrado una sensibilidad fuera de toda duda, no hacía falta leer la entrevista para darse cuenta de esto; segundo, respetamos a Sean Penn, pero cuando hay que decir que utiliza este momento para su propia imagen se le dice, somos cubanos y la verdad debe prevalecer por encima de quien sea, y como todos sabemos Leticia lleva un buen rato en Haití junto a ese pobre pueblo, y no precisamente levantando un show mediático en sus escasos momentos allá como lo que hizo nuestro querido Penn; y por último, lo que me parece inapropiado es arremeter contra la ignorancia del inglés de la periodista, estoy seguro que eso no es lo que debe marcar a las personas, sino su humanismo, solidaridad y sentido de la responsabilidad.
Quiero disentir del comentario de Daniel Noa, también tengo derecho, que pena que el compañero necesitó de esta entrevista para asumir una imagen distinta de la joven Leticia, que no pudo apreciar su dimensión humana y sensible en tantos trabajos que ella ha mandado desde Haití , menos mal que Alina sí lo apreció y eso dio pie a esta entrevista. No creo que Leticia irrespetara a Penn, creo que merece respeto, el mismo que merecen los haitianos pobres que han sido despojados por siglos de sus riquezas, ni más ni menos, ella dio su apreciación de lo que estaba viendo y nosotros no, fíjate si tenía razón en lo que dijo que en el comentario que ella misma hace en esta sección lo confirma, el espectáculo estaba asociado al reparto de comida. El desplante no lo hizo Leticia al escribir esa frase, lo hizo Penn al irse en su carro blindado escoltado por la 82 división. Reconoció su ignorancia del idioma inglés Leticia, eso es un paso de avance, seguramente está a tiempo de solucionarlo, su juventud e inteligencia y las oportunidades que este país le brinda están a su favor, no para hacer labores periodísticas con figuras cinematográficas que ya tienen tanta gente hablando de ellas sino con los humildes que hablen ese idioma y nadie habla de ellos. En cuanto a que Leticia debió magnificar la idea de que Penn se quedaba mientras ella se iba, ya está respondido, además estoy segura que no de allí de aquel lugar sino del país ya muchos se han ido, por lo que se deriva de sus trabajos, Leticia estará allí hasta que la misión cubana lo necesite.
Sencillamente genial
Antes que nada mi eterna admiración por Alina, por su pluma y por su corazón inmenso. Una pizca de su talento bastaría para ser feliz. Al leer sus líneas me llena de orgullo conocer a Leti personalmente y haber compartido con ella momentos de trabajo y diversión. Hoy, saber que está en Haití viviendo el día a día de sus sufrimientos, es sentir que cada jóven de nuestro tiempo es capaz de asumir con responsabilidad y profesionalidad cualquier deber, sin importar la experiencia. Saber que hay Leticias entre los jóvenes de mi generación, me hace sonreir con sano orgullo, y aprovecho la oportunidad para dejarle un abrazo y mucha suerte a esa santaclareña que hoy nos escribe desde el mismo infierno. Sigue creciendo.
Reenvío las consideraciones que ya remití hace dos días y, por lo visto, no han llegado. : Gracias (Alina y Juventud Rebelde) por regalarme el "placer" de esta humedad en la pupila mientras leo algo tan bello, sensible y alentador acerca de LA NIÑA DE NUESTROS OJOS... Así titulé la breve crónica que escribí una vez para Cubaperiodistas, inspirado en Leticia: nuestra pequeña-inmensa Jefa de Información. Doble y magistral lección de periodismo me llega: por intermedio de tus preguntas (Alina) y en todo lo que expresas (y aun no dices): Lety.
Lety no te preocupes tus lectores acá en Cuba confiamos en ti y a través de tus comentarios vemos la realidad de Haití. Creo que a muchos jóvenes les hace falta una experiencia como ésta que nos cuentas. Una vez más gracias, me reconforta saber que hay jóvenes como yo que tienen la posibilidad de dar su mano a Haití. Continua firme y fuerte como buena cubana que eres. Un abrazo desde Cienfuegos de una joven que te admira.
Uno de los más geniales periodistas que ha dado la historia, el polaco Ryszard Kapuscinski, dijo alguna vez que para ser buen periodista lo primero que se necesitaba era ser buena persona. Basta leer las respuestas de Leticia para empaparnos de la sencillez, la dulzura y la profundidad con que esta joven vive esa realidad que ha catalogado el infierno de este mundo. Soy estudiante de periodismo y, a solo unas horas de enterarme de que comenzaban a llegar los periodistas cubanos a Haití, confieso que me estremecí. Sabía que era una tarea dificil para todos ellos y para sus familiares, pero de algún modo sentí el deseo de poder estar allá, de ayudarlos, de vivir la intensidad de esa experiencia y de poder ser útil por una vez a quien en realidad lo necesita. Felicidades Leticia, no creo que tu juventud pueda ser un obstáculo, tu ejemplo me da la certeza de que dentro de unos años seremos un poquito mejores. Ánimo!
La periodista cubana de 25 años de edad, Leticia Martínez Hernández (al centro), sonríe en uno de sus únicos momentos tiernos en Haití, entre Elizabeth, una recién nacida que estuvo una semana bajo los escombros, su madre y la doctora cubana que salvó a la pequeña. Foto: Juvenal Balán