Venezuela: Once años construyendo la justicia

Celebran en Caracas otro aniversario de la llegada de la Revolución Bolivariana al poder

Autor:

Juana Carrasco Martín

CARACAS.— El acto en el Teatro Teresa Carreño tiene especial significado en este año en que la confrontación política promete fuertes encontronazos: se celebra el onceno aniversario de la llegada de la Revolución Bolivariana al poder, de la mano del presidente Hugo Chávez Frías.

Como reforzamiento de esta institucionalidad, el primer mandatario del país toma juramento al nuevo Vicepresidente ejecutivo, Elías Jaua, quien agradece a todos los compañeros de luchas, sobre todo a quienes quedaron sembrados en el camino para hacer realidad este Socialismo que están construyendo en la Patria Grande latinoamericana, y a los pueblos y gobiernos que en el mundo han tendido mano amiga a Venezuela, en especial a Cuba, su pueblo, a los cooperantes de las Misiones, a Raúl y a Fidel...

Los miles que colman el recinto emblemático de lo mejor de la cultura venezolana aclaman con entusiasmo consciente, porque saben lo que representa para el bienestar de su pueblo y lo mucho que les falta por hacer. Así lo postulan, porque sienten que se están restituyendo a sí mismos la justicia que se les negó o arrebató durante años de dictaduras militares o supuestas democracias regenteadas por la oligarquía y el neoliberalismo.

Fallas, errores y limitaciones los hay. Los ha reconocido Chávez, también su equipo de gobierno. Los señala el pueblo y exige la rectificación. Así lo estamos viendo en esta Venezuela sometida a un cerco oposicionista, que agrede, alarma, intenta imponer la violencia y el caos, en busca de una ingobernabilidad que pregona, pero que a su pesar no existe.

El Presidente hizo una advertencia: «Señores burgueses dejen quieto lo que está quieto. Una revolución en Venezuela sería contra los ricos, no contra el Gobierno Bolivariano. No se han dado cuenta los que andan pregonando rebeliones o atizando vientos de rebelión».

Existe una ceguera obcecada en la oposición venezolana que inventa, miente, manipula y utiliza a los más jóvenes como carne de cañón para sus siniestras aventuras, necrófilas, porque buscan una muerte que les propicie anuencia y la injerencia externa.

Y si ellos están ciegos y sordos ante la voluntad de un pueblo que dejan mudo en sus medios de «libre expresión», este pueblo comprende cuánto le ha traído la Revolución en un país que estaba entregado a las transnacionales y a la oligarquía del patio, vampiros de su petróleo y demás riquezas.

Ahí esta un solo dato contundente: el 70 por ciento de la población venezolana vivía en la pobreza en 1998 y 40 por ciento en la miseria. Imposible en 11 años resolver tamaño problema social, pero las políticas sociales del gobierno popular que trata de construir el socialismo dan sus frutos. Aunque todavía no la satisfacción de llegar al bienestar de todos: pervive un 25 por ciento en la pobreza y un siete por ciento en niveles insoportables.

La Revolución tiene entonces mucho por hacer en Venezuela, le queda aún dar cumplimiento al sueño y mandato de Bolívar, que de hecho retomara Chávez en su primera juramentación presidencial, cuando dejó boquiabiertos y temerosos a la oligarquía que se turnaba en el poder (adecos y copeyanos) por el oneroso acuerdo de Punto Fijo. Recordemos aquel compromiso: «Juro delante de Dios, juro delante de la Patria, juro delante de mi pueblo que sobre esta moribunda Constitución impulsaré las transformaciones democráticas necesarias para que la República nueva tenga una Carta Magna adecuada a los nuevos tiempos. Lo juro».

El propio pueblo se dio esa Constitución y los conscientes saben que deben defenderla con unidad y eficiencia, o en el empeño morirán no solo los sueños, sino las realidades de beneficio social, soberanía y dignidad que ya le da el socialismo del siglo XXI.

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