Encabezó Chávez marcha del Día de la Dignidad

En Campaña admirable, el pueblo venezolano recorrió Caracas para celebrar el levantamiento cívico-militar del 4 de febrero de 1992, nacimiento del movimiento bolivariano

Autor:

Juana Carrasco Martín

CARACAS.— Mientras los voceros de la oposición contrarrevolucionaria hacen llamados estentóreos a la guarimba, a protestas callejeras que devengan en actos de violencia para intentar la desestabilización del Gobierno Bolivariano que encabeza Hugo Chávez, el Presidente de Venezuela ha proclamado, con razón, que febrero es un mes para la Revolución.

La irracionalidad invade el accionar de quienes intentan por cualquier medio volver al poder, para instaurar una «democracia» que solo sirva a la oligarquía y a los intereses externos ávidos del petróleo y muchas riquezas venezolanas más, y al mismo tiempo revertir una transformación continental que en mayor o menor grado radicaliza e independiza a esta América Nuestra.

Esta es una realidad que se percibe solo con leer, escuchar o televisualizar los medios —bien poderosos aún— que transmiten ese desbarre preconizador de la destrucción de una nación dispuesta, sin embargo, no solo a mantenerse en pie sino a avanzar contra esos temblores, vientos y mareas, quizá llevados por aquella frase de Simón Bolívar ante el terremoto de 1812: «Si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca».

Y no es la naturaleza en este caso la que arremete —aunque no podemos obviar una sequía intensa que está dejando sin agua al principal embalse del país, El Gurí, que proporciona hoy en día el 70 por ciento de la energía eléctrica que consume Venezuela, o sobreconsume pudiéramos decir.

Quien ataca de frente y con especial maldad es esa vocería contrarrevolucionaria que a nivel internacional se presenta como «víctima» de una supuesta «autocracia» chavista, en clara consonancia con el imperio. Recién el director nacional de inteligencia de Estados Unidos, Dennis Blair, presentó ante el Senado el informe conocido como Evaluación Anual de Amenazas 2009. En el mismo hace falsas acusaciones contra el Gobierno Bolivariano, entre ellas que mina las instituciones democráticas, impide la expansión del libre comercio, no coopera en la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico y los ampara.

Dice más, porque hace advertencias o amenazas solapadas, como que la influencia regional de Chávez podría haber llegado a su límite. ¿Acaso está aupando un golpe de Estado, una insurrección inventada, o abriendo una puerta a un ataque militar?

Sin embargo, este jueves, Día de la Dignidad, el pueblo movilizado por el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) ha salido en oleadas a la calle, a ese forcejeo que le imponen quienes evidentemente se sienten inseguros en el convite de las urnas, a pesar de que pregonan que el 26 de septiembre próximo estarán ocupando los curules de la Asamblea Nacional, para revertir —esto se lo callan impúdicamente— todas aquellas leyes que han hecho de los venezolanos los protagonistas de su destino y beneficiarios de los avances de la Revolución.

¿Por qué Día de la Dignidad? Porque se conmemora el levantamiento que el 4 de febrero de 1992 encabezara el entonces teniente coronel Hugo Chávez Frías, en busca de la dignidad perdida ante el entreguismo de los políticos que hasta entonces se prorrateaban el poder, y sus prebendas, mientras el 80 por ciento del pueblo venezolano vivía en condiciones de pobreza.

El 4 de febrero irrumpió en la historia de lucha del pueblo venezolano, como respuesta de un grupo de jóvenes oficiales y sus tropas, militares valientes, nacionalistas y revolucionarios organizados en el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR-200), a las frustraciones que regaban la inoperancia y la corrupción del gobierno de «democracia representativa» de Carlos Andrés Pérez.

Fue esa la semilla, el motor pequeño que echó a andar en la conciencia popular y devino en la Revolución Bolivariana que llegó al poder casi ocho años después, con la asunción de Chávez a la Presidencia, el 2 de febrero de 1999.

Hoy, la oposición insufla a diario en sus medios masivos de comunicación que el Gobierno Bolivariano ha fracasado y hundido al país en una crisis económica insalvable.

Nada se habla en esos artículos y comentarios del salto gigantesco dado por Venezuela en los 11 años de una Revolución que ha enrumbado hacia el Socialismo, como única vía para el logro del bienestar de todos.

Cuando estalló el 4 de febrero, Venezuela, el país que nadaba en petróleo, tenía una deuda externa de 35 000 millones de dólares, sus reservas internacionales estaban exhaustas, el 80 por ciento de los ingresos se gastaban en pagar los intereses de la deuda. Ante la presión y recomendaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) se privatizó buena parte de las industrias estatales, la canasta básica y el transporte tenían precios insalvables y ya el pueblo había derramado su sangre generosa en otras jornadas de febrero (27 y 28 de 1989), el conocido «Caracazo».

No tuvo éxito en aquel momento el asalto que los militares honestos realizaron el 4 de febrero de 1992 al Palacio de Miraflores y a La Casona (residencia presidencial), pero el joven oficial que los comandaba pronunció entonces una frase luego convertida en realidad: «por ahora».

Hoy, el pueblo ha recorrido en marcha, desde la Plaza Venezuela, Los Chaguaramos, y la Avenida de los Próceres, las calles hasta el Patio de la Academia Militar, en Fuerte Tiuna, para encontrarse con su Presidente y Comandante en Jefe, con un objetivo claro de apoyar la Revolución que protagoniza. Es su Día de la Dignidad, por más que la oposición pretenda tergiversar el verdadero sentido de esta fecha en que comenzó una verdadera unión cívico-militar, listos a defender también la soberanía nacional frente a cualquier agresión extranjera.

Este pueblo venezolano desbordado, mira el pasado, comprometido con el porvenir que se está construyendo, y da la batalla del presente, que en este año 2010 se ha llamado también la Campaña Admirable.

Al igual que el Libertador Simón Bolívar y sus tropas recorrieron buena parte del país en 1813, ganando una batalla tras otra, hasta llegar victoriosos a Caracas, obtener mediante su voto en las elecciones del 26 de septiembre próximo la mayoría absoluta en la Asamblea Nacional será la garantía de la continuidad de la Revolución Bolivariana y Socialista.

Como diría el Quijote de estar este jueves en Caracas: ¡Que ladren los perros, Sancho, Venezuela cabalga!

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