Brasil a la segunda vuelta de elecciones presidenciales

Más de 135 millones de votantes están inscritos para acudir a las urnas. Dilma Rousseff es la favorita, según las encuestas

Autor:

Marina Menéndez Quintero

Dice el refrán que a la tercera va la vencida, pero en este caso no habrá esa oportunidad. La presidencia de Brasil se decide en la segunda vuelta de este domingo, luego de que en la primera, Dilma Rousseff, la candidata del Partido de los Trabajadores (PT), no alcanzara la necesaria mayoría absoluta, si bien el amplio 46,9 por ciento de votos que recogió, con 14 puntos porcentuales por encima de su más cercano seguidor, José Serra, la mostró como indiscutible vencedora. Ahora, Dilma se enfrenta a las urnas con índices de intención que le adjudican un promedio de entre diez y 15 por ciento sobre el socialdemócrata, incrementado en las últimas horas.

La sorpresa del 3 de octubre fue el 20 por ciento que dejó en lejano tercer lugar a la ex ministra Marina Silva, alejada de las filas del PT y postulada por el Partido Verde. El haberse convertido en la tercera más votada la hizo de pronto figura, y noticia perdurable solo hasta que, a escasos días de esta segunda confrontación, decidió no dar su apoyo a ninguno de los dos candidatos que se mantenían en liza (Dilma y Serra) y dejó a sus votantes «libres» de adoptar su propia elección; algo que sin duda ellos habrían hecho por sí mismos, independientemente de la voluntad de Silva. Su reciente llegada al Partido Verde no hacía pensar que tuviera cautivo un voto que traspasar a uno u otro contendiente.

No obstante, la postura de Marina ocupó buena parte de la atención durante el lapso que medió entre la primera ronda y esta, donde lo otro destacado ha sido la campaña de descrédito que desató Serra contra Dilma Rousseff.

Juego sucio, si así se entiende la manipulación sobre los amplios sectores religiosos para vincular a Dilma con la posibilidad de que se apruebe el aborto en Brasil (prohibido allí salvo excepciones), y la exacerbación mediática de escándalos de corrupción que implicaron a algunos de sus ex colaboradores.

Mas, paradójicamente, el ardid se ha convertido en bumerán para Serra, apuntan observadores, a juzgar por los sondeos que mostraron en los últimos días una disminución en la intención de voto para el aspirante del Partido de la Social Democracia Brasileña, y un reforzamiento de los votos para Dilma.

Aunque nunca absolutamente seguras, las encuestas fueron por eso el último punto de apoyo para Serra, quien centró su campaña los días recientes en denigrar los sondeos, cuando estaba ya fuera del entramado la fabricada amenaza de la aprobación del aborto, que la Rousseff se había encargado de desmentir en su oportunidad.

Pero aún haciéndole caso a Serra y obviando los estudios de opinión, lo que no puede soslayarse es lo logrado por el PT en los ocho años de dos mandatos consecutivos de Lula, lo que debe ser la mejor carta de presentación de Dilma cuando los electores estén acudiendo, quizá a esta misma hora, a depositar su voto.

Hablamos de un desempeño que sacó a 29 millones de brasileños de la pobreza e hizo crecer la clase media, creó 15 millones de empleos, duplicó el salario mínimo y dotó de ayuda social a 11 millones de ciudadanos, a la par que insertaba la voz de Brasil, de tú a tú, con las potencias, sin menoscabo de su papel de vanguardia en la gesta integracionista que tiene lugar en Latinoamérica. Ello indica también que cuando se enfrentan Dilma y Serra hoy está en la balanza la posibilidad de que continúe lo avanzado con Lula, quien no por gusto deja el Palacio de Planalto con una aceptación del 80 por ciento.

Aun cuando eso quedara en la subjetividad, quizá lo que mejor sirva para calibrar cómo están las fuerzas, sean los resultados que decidieron la composición del Congreso en la primera ronda. El saldo fue una aplastante mayoría para el PT y sus partidos aliados al obtener 60 de los 81 escaños con que cuenta el Senado —lo que representa más de las tres quintas partes necesarias para aprobar leyes orgánicas—, y 402 del total de 513 curules en la Cámara donde, por el contrario, la oposición perdió 34 bancas.

Algo similar ocurrió con las gobernaciones. De 27 estados en liza, 15 quedaron en manos de los petistas y sus aliados, algunos de tanto peso como Río de Janeiro, Río Grande do Sul, Bahía, Pernambuco y Mato Grosso, y otros deberán concurrir a la segunda vuelta hoy.

Ello muestra un voto duro a favor del Partido de los Trabajadores que este domingo debe volver a marcar, definitivamente, la diferencia.

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