Ciudad de Higuerote otra vez bajo las aguas del río Birongo

Junto al pueblo venezolano, los colaboradores cubanos en el estado Miranda son firmes puntales de la salud en medio de la tragedia

Autor:

Juana Carrasco Martín

BRIÓN, estado de Miranda.— Por quinta vez en 16 días de lluvias intensas la ciudad playera de Higuerote está bajo las aguas. El río Birongo corre por su estrecho cauce, justo al lado del Centro de Diagnóstico Integral (CDI) de la Misión Barrio Adentro, haciéndoles fuerza a las olas del Caribe en este poblado del norte venezolano, y termina imponiéndoseles, porque casi ocho horas después de estar viendo su crecida, el mar, en más de 500 metros, tenía el martes el color mulato de esta tierra.

Por el flanco izquierdo del CDI que dirige la doctora Belkys Álvarez Escobar, la calle es otro torrente que, sin pedir permiso, entraba ya hasta el mismísimo borde del portalón. Allí, unos pocos pacientes que esperaban ser evacuados, y los médicos y enfermeras que han quedado para atender lo más emergente de la población, miraban con resignación el embate de la naturaleza.

Hace horas que Roberto López, jefe de las Misiones cubanas en Venezuela, había recibido un parte breve de la joven doctora sobre la situación a las ocho de la mañana; del coordinador de las Misiones cubanas en Miranda, el doctor Julio Guerra, y de Dayamí Pérez, coordinadora del Partido en este estado: 30 cooperantes cubanos en la instalación de salud, entre médicos, enfermeras y deportistas; solo un anciano ingresado.

Aunque también estaba Yosmar, con una operación de fémur que ha perdido los puntos a causa de una caída; otro joven llega con un dedo casi cercenado por una sierra, un hombre fornido ya pasados los 50 muestra la planta del pie totalmente desgarrada y sangrante porque así, descalzo, recorría las calles inundadas y cayó en una alcantarilla imposible de percibir…

También hay 50 colaboradores cubanos evacuados en Higuerote. Las casas donde habitan se inundaron, pero están a salvo y la mayoría cumple tareas. Como bien dice el presidente Hugo Chávez, los médicos cubanos están en todas partes, y por la noche le escucho decir en Caracas que hay cuatro en una zona apartada de Barlovento, porque se adentraron a ayudar y serían rescatados el miércoles, y asegura que tienen comunicación con ellos, están bien, a salvo y con agua y alimentos.

Cadena de solidaridad

El peligro ronda tal y como lo hacen las aguas de la crecida. Y aproximadamente a las nueve de la mañana se decide la evacuación de todo el personal, de los equipos principales, medicamentos y otros enseres en el CDI de Higuerote. Una cadena humana comienza la faena. Todos ayudan, también los acompañantes de los pacientes, y las camionetas que han llevado a la prensa cubana se ponen a la orden, hay que actuar con rapidez para cruzar apenas la media cuadra hasta el edificio del Marbella Náutica, puesto a la disposición del CDI.

En ese mismo punto del Marbella, sobre una grúa, habló el domingo aquí Chávez y pudo comprobar la grave situación en Higuerote y dispuso que se tomaran los hoteles y edificios vacíos para dar albergue a los damnificados.

Las mujeres limpian el local de la planta baja, realmente separado de la calle por la altura de casi un piso, mientras los hombres descargan los medicamentos y cuatro camas que se disponen como punto de apoyo vital en el amplio e iluminado salón. Pero las aguas siguen subiendo, y ya al filo del mediodía se ve a las claras que el edificio de cinco plantas ofrece seguridad, pero será imposible para la población llegar hasta allí. Hay que trasladar el CDI para otro lugar. También el hospital de Higuerote está inundado.

Mientras, vecinos o miembros del Consejo Comunal —no se lo preguntamos—, dirigen el tránsito en la esquina y dan consejos a los conductores de cómo abrirse paso en medio del caudal, para impedir que algún vehículo quede varado y sea llevado al mar u obstaculice el paso de otros, porque ya prácticamente solo circulan ambulancias, equipos de rescate, camiones con alimentos y agua para los refugios dispuestos en los hoteles situados en zonas un poco más altas y seguras, y carros de las autoridades. El potente afluente en que ha devenido la vía les llega por encima de las rodillas a estos voluntarios, y un perro que ha cruzado quién sabe cuántas veces de un lado a otro la calle, por fin decide carenar en el área del CDI.

Llegan jóvenes soldados

En este ajetreo donde lo más importante es salvar las vidas humanas, se decide  en instantes; no es cosa de perder tiempo, pero todavía deambulan hombres y mujeres —aparentemente sin rumbo fijo— en intentos infructuosos y empecinados de salvar sus pertenencias. El río se lleva butacas, camas, colchones, bolsas con ropa o comida, un zapato solitario, botellas vacías, pelotas que se alejan de las manos de los niños, y hasta un tomate rojo navegando en un pozuelo plástico, en medio de ramas y troncos.

Llegan dos vehículos militares, con un grupo de jóvenes soldados de la Guardia Nacional Bolivariana pertenecientes al 314 Grupo de Artillería de Campaña Ayacucho, del Fuerte Guaicaipuro. El uniforme verde oliva tiene dos tonos bien visibles, es más vivo desde poco más arriba de las rodillas; chorrean las botas de estos muchachos que llevan ya 22 días en labores de rescate y en todo lo que se les ordene, primero en Río Chico y ahora en Higuerote.

«Pura agua es lo único que hemos visto» —dice el soldado Palma—, pero sin hacer alarde de ningún tipo, simplemente como quien hace lo que debe y nada más; relata el sargento Ramos cómo les llegó el agua al pecho en San José, pero lograron rescatar «a un señor en silla de ruedas». Y no descansan ni un minuto más; se incorporan a la evacuación de los enseres y el traslado de los medicamentos hasta el Marbella. No son ellos los únicos. Todas las fuerzas armadas están a disposición del pueblo y junto a él en esta emergencia.

Debemos recorrer algunos de los albergues de damnificados que en siete hoteles atienden a cientos de evacuados. En cada uno hay un médico de Barrio Adentro. Así es en el instalado en el Instituto de Capacitación y Recreación de Trabajadores, donde la figurita pequeña y delgada de la doctora matancera Yailén Yanes Ribas se mueve con ligereza a pesar del cansancio evidente en su rostro, porque apenas a las 11 de la mañana ya había atendido a más de una veintena de pacientes.

Tiene 26 años, apenas seis meses en Venezuela y 316 personas a su cuidado, «siete menores de un año y tres embarazadas», nos dice. «Una situación nueva para mí, bastante fuerte, porque se ha incrementado el número de refugiados, pero aquí estamos», y sin esperar a que le lleven hasta el consultorio móvil, comienza a recorrer las cabañas turísticas ahora convertidas en viviendas para quienes han perdido casi todo. Va a ver a los más pequeños.

Iriana Zamora, tan joven como la doctora Yailén, habla bien de la cubana: «Tenemos la atención médica para los niños, que es lo más importante. Todo ha sido chévere, porque uno se maneja; lo importante son los niños» —recalca— y dice que el agua en San Luis, en Higuerote, le llegó hasta la cintura y tuvo que salir de la casa con su niña, sus hermanos y su mamá.

Una alcaldesa enérgica

Mientras, en el aeropuerto de Higuerote, donde está la sede de esta operación humanista de emergencia, los helicópteros levantan vuelo o aterrizan en un constante ir y venir hacia las zonas incomunicadas de la región de Barlovento; buscan a quienes se aferran obsesivamente a lo que les queda de vivienda y trasladan vituallas o medicamentos.

Allí nos encontramos con la alcaldesa del municipio de Brión, Liliana González. «Alcaldía Bolivariana», aclara esta mujer enérgica y dispuesta, que lleva días en este bregar junto al pueblo, visitando los lugares en peligro, exhortando a acudir a los refugios y explicando que lo primero es salvar la vida.

«Respondemos a todas las emergencias. Casi 5 000 familias han perdido sus enseres; son 20 000 personas, y de ellas hay 2 000 refugiadas en 12 hoteles. Agradecemos el apoyo que el Gobierno ha dado al pueblo de Higuerote, que lleva más de 15 días bajo las aguas.

«Nos reunimos con los dueños de los hoteles, clubes y resorts y les explicamos, porque nosotros respetamos la propiedad privada, y respondieron al llamado que hizo el Presidente.

«En estos momentos vamos a la atención psicológica de estas personas que han perdido todo, y estamos uniendo a las familias.

«Para nosotros, los médicos cubanos son las luces en materia de salud. Mediante Barrio Adentro y Barrio Adentro Deportivo nos apoyaron incansablemente atendiendo al pueblo, al que le estamos asegurando salud, seguridad y alimentación, que es lo primero», y destaca también el trabajo de los consejos comunales.

Nos deja, porque están llegando dos hospitales de campaña en enormes camiones militares, caravana integrada por el laboratorio de rayos X, los quirófanos, la hospitalización y las plantas eléctricas. Todo está asegurado.

Vamos de regreso al CDI de Higuerote, donde encontramos que el agua ha subido mucho más; pero allí se mantienen firmes las enfermeras Lidia Cañizares Santana y María Ramona Luis, junto al doctor Carlos Ávila y el traumatólogo José Meriño, tendiendo la mano amiga.

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