Diario de El Paso: La novela vale más que la verdad

Gilberto Abascal, uno de los testigos principales en el juicio a Luis Posada Carriles, concluyó hoy su sexto día de testimonio en El Paso y mañana todavía no hay descanso. El interrogatorio continúa

Autor:

José Pertierra

Dicen que Dios creó los cielos y la tierra en seis días y que en el séptimo descansó. Gilberto Abascal concluyó hoy su sexto día de testimonio en El Paso y mañana todavía no hay descanso. El interrogatorio continúa.

A las 9 en punto de la mañana, sonó el mazo tres veces y escuchamos «Hear Ye, Hear Ye, Hear Ye». El tradicional aviso anglo sajón para iniciar un caso judicial quiere decir «escuchen, escuchen, escuchen». Siempre comenzamos así. El secretario pregona: «La Corte de los Estados Unidos para el Distrito Occidental de Texas está en sesión, la preside la Honorable Kathleen Cardone. Este es el caso de “United States of America v. Luis Posada Carriles, número EP-07-CR-87”». Antes de invitar al jurado a la sala judicial, la jueza les pregunta a los abogados si tienen algo que plantear.

Casi siempre los abogados quieren ventilar asuntos preliminares y hoy no fue la excepción. El fiscal Jerome Teresinski, quien ha estado encargado del interrogatorio de Gilberto Abascal, presentó en las horas de la madrugada de hoy al tribunal un documento de ocho páginas en el cual le informa a la Jueza Cardone que, cuando termine el abogado de Posada Carriles de interrogar a Abascal, quiere poder preguntarle a Abascal ciertas cosas para «completar el cuadro» que quedó tergiversado por el interrogatorio que durante varios días viene haciéndole Arturo Hernández.

«Yo también quiero decir algo», expresó el abogado de Posada Carriles. «Quiero informarle a la Corte que pienso indagar sobre la conexión entre Abascal y los servicios de inteligencia cubanos». Hernández entonces comenzó a tejer el cuento que le quiere trasmitir al jurado. Que Abascal es un espía del «régimen de Castro» y eso explica por qué ha podido visitar la isla cuatro veces en el año 2004 sin caer preso. Que Ihosvani Surís, la persona que le presentó Santiago Alvarez a Gilberto Abascal, fue torturado en Villa Marista después de que las autoridades cubanas lo arrestaron en Villa Clara en el 2001 durante lo que Hernández, eufemísticamente, dice haber sido una «incursión» a Cuba. Y que a raíz de la captura de Surís un agente de la seguridad cubana, un tal Daniel, llamó a Abascal desde Cuba cuatro veces.

«La primera vez que me llamó me preguntó si yo sabía que había hecho Surís», contó Abascal. «Informé a Santiago Alvarez y al FBI», dijo, «y las otras tres veces que me llamó colgué», dijo. Hernández quiere que el jurado concluya que Daniel reclutó a Abascal y que ambos son espías.

Lo que Hernández no dice es que la «incursión» de Surís fue una operación terrorista, el 26 de abril de 2001, cuyos fines incluían poner una bomba en un famoso cabaret cubano, Tropicana. Las autoridades cubanas desmantelaron la «incursión» y le confiscaron a Surís y a sus dos cómplices cuatro fusiles AK-47, un rifle M-3, tres pistolas Makarov, municiones y bengalas. Surís es uno de las cabecillas de Comandos F-4, una organización que Cuba califica como terrorista, por sus anteriores «incursiones» violentas a la isla.

La Mesa Redonda Informativa de la Televisión Cubana presentó un video el 20 de junio de 2001, donde aparece Ihosvani Surís hablando por teléfono con Santiago Alvarez. Se ve a Surís preguntándole a Alvarez que hacer con El Tropicana. «Con un par de laticas se acaba aquello», le respondió Alvarez.

Tremenda «incursión», pero Hernández no permitirá que el jurado se entere de eso. Alegará que ese tipo de evidencia contamina al jurado contra Posada Carriles.

Es curioso que Hernández quiere que el jurado se entere de asuntos que no han sido comprobados, como por ejemplo la supuesta tortura de Surís en Villa Marista o la supuesta conexión de Abascal con los servicios de inteligencia cubanos, pero no quiere que se entere del plan de Surís para volar Tropicana. Algo que está comprobado y por lo cual fue condenado en Cuba.

«Cuba es un enemigo de los Estados Unidos y está en la lista de países terroristas al lado de Corea del Norte e Irán», enfatiza el abogado de Posada Carriles. «Yo presentaré testigos que mostrarán cómo funcionan los servicios de inteligencia cubanos», dice y concluye con esta pregunta: ¿Quién pagó los viajes de Gilberto Abascal a Cuba?, insinuando por supuesto que fue el «régimen de Castro».

A estas alturas, el fiscal ya estaba furioso. «Los argumentos de Hernández se parecen a una novela de John Grisham», dice Teresinski. Grisham es un escritor conocido por sus thrillers judiciales.  «El abogado Hernández quiere poner a Cuba, a Castro y a Abascal en el banquillo de los acusados», dijo vigorosamente Teresinski. «Pero este caso es sobre Luis Posada Carriles y los cargos contra él por perjurio, obstrucción de justicia y declaraciones falsas».

«Hernández quiere levantar una cortina de humo para que el jurado no pueda descifrar lo que hizo Posada Carriles en marzo de 2005», dijo el fiscal con una voz entrecortada por la cólera. «El abogado está maniobrando un subterfugio. Abascal tiene familia en Cuba y por eso ha ido allá», dijo Teresinski. «Eso no quiere decir que es un espía».

La cortina de humo que ha levantado Hernández ante el jurado en cierto sentido ha funcionado. El nombre de Luis Posada Carriles no ha resaltado durante varios días en el caso United States of America v. Luis Posada Carriles, salvo cuando el secretario de la Corte hace el anuncio de presentación diario. Solamente hablan de Abascal, Castro y Cuba.

Otra preocupación de Teresinski es que Hernández «quiere envenenar el pozo para intencionalmente buscar algún pretexto que requiera la anulación del proceso contra Posada Carriles».

La decisión de la jueza Cardone: la novela vale más que la verdad

Después de haber escuchado los argumentos de los abogados litigantes, la jueza anunció su decisión. Hernández podrá seguir interrogando a Abascal sobre sus supuestos lazos con la inteligencia cubana, pero Teresinski no podrá indagar sobre el hecho de que Abascal se convirtió en informante del FBI y luego fue víctima de dos atentados: uno en agosto de 2006, cuando le dispararon con un fusil, y otro en enero de 2007, cuando le pusieron una bomba en su vehículo. El público puede consultar el documento de la fiscalía que describe estos acontecimientos, pero el jurado no, decidió la Jueza Cardone.

La semana pasada Hernández insinuó que Abascal recibió más de 80 000 dólares del FBI para que proporcionara información sobre Posada. «Eso es mala información tergiversada a propósito por el abogado Hernández», dijo el fiscal. No sabemos que pensó el jurado, pero hasta la prensa que estaba en corte durante el interrogatorio que realizó Arturo Hernández cayó en la trampa.

Un cable noticioso fechado el 28 de enero que le dio la vuelta al mundo este fin de semana, por ejemplo, comienza así:

El testigo estrella de la Fiscalía Federal en el proceso que se le sigue a Luis Posada Carriles, Gilberto Abascal, admitió hoy que recibió más de 80 000 dólares del gobierno estadounidense para declarar en el juicio contra el anticastrista.

La verdad, argumentó Teresinski, es que Abascal ayudó al FBI en los casos contra Santiago Alvarez y Osvaldo Mitat. Arturo Hernández lo sabe, dijo Teresinski, porque él fue el abogado de ellos también. Alvarez y Mitat admitieron tener un almacén repleto de armamento sofisticado y fueron condenados el 14 de noviembre de 2006 en la ciudad de Ft. Lauderdale, en la Florida.

Gilberto Abascal fue quien le informó al FBI del armamento, pero no tuvo que testificar porque Alvarez y Mitat admitieron su culpabilidad y evitaron el juicio y unas sentencias más largas. Alvarez fue condenado a 4 años de prisión y Mitat, a 3.

El testigo principal para esos casos iba a ser Abascal. Hernández alegó entonces que Abascal era un espía del «régimen de Castro». Es el mismo novelón, pero con diferentes actores.

Debido a su colaboración con el FBI, Abascal se sintió bajo amenaza de muerte e incluso le hicieron dos atentados. Por eso, el FBI lo quiso proteger y lo reubicó. Los gastos de ese traslado son los que costaron casi $80,000. Si la prensa no lo entendió el viernes pasado, tampoco lo entendió el jurado, argumentó Teresinski.

«Si no nos permite preguntarle a Abascal de esto, la verdad no saldrá», dijo Teresinski.

La Jueza tajantemente rechazó los argumentos de Teresinski. «El caso de Santiago Alvarez sobre armamentos ilegales no tiene relevancia en el de Posada», dijo, «y sería muy perjudicial a Posada que el jurado se enterara».

Llega el jurado

Al dictar esa decisión, la Jueza Cardone pidió que pasara el jurado a la sala. Durante todos estos argumentos en la mañana los integrantes habían estado en la antesala esperando.

Hernández reanudó el contra-interrogatorio de Gilberto Abascal. Le preguntó sobre los viajes a Cuba en 2003 y en 2004. «Fui cinco veces», dijo Abascal, «y seguiré yendo porque toda mi familia, salvo mis hijos, está allá».

Hernández le preguntó si un tal Jesús (Chucho) Acosta es de la Seguridad del Estado cubano. «No», respondió Abascal, «es un pescador de Batabanó«. «¿Por qué ha ido tantas veces a México?», preguntó Hernández después de haber insinuado que hay más espías cubanos allá que chiles. «Porque tengo una mujer en Mérida y también voy a pelear gallos», explicó Abascal.

«¿Se reunió usted con oficiales de la inteligencia del régimen de Castro en Cancún». «No», respondió el testigo. «¿Ha introducido usted  de contrabando a personas desde Cancún a Cuba o a Estados Unidos?». «La única persona que yo he colado de contrabando ha sido Luis Posada Carriles», declaró. «¡Eso es mentira!» le dijo Hernández. «No. Es la verdad. Usted es el que está fabricando cosas», dijo firmemente el testigo de Batabanó.

Y así por varias horas.

Vi a los fiscales desesperados y al jurado aburrido. Una de las integrantes del panel se durmió durante el testimonio de Abascal un par de veces esta tarde. Sentada cómodamente en la primera de las dos filas, recostó su cabeza hacia su hombro derecho y se echó una sabrosa siesta.

Pero ni el sueño detuvo el interrogatorio que estaba haciendo Hernández. Se pasó una hora más cuestionando a Abascal sobre unas fotos que los guardacostas estadounidenses descubrieron a bordo un pequeño bote en el cual estaba Abascal, una pareja y una niña de 3 años. Las fotos eran de un campo de entrenamiento militar en la Florida, de una organización llamada Alpha 66. Cuba la considera terrorista, debido a varios ataques armados contra civiles en la isla.

Hernández quiere convencer al jurado de que Abascal les llevaba las fotos a los servicios de inteligencia del «régimen de Castro». Sin embargo, Abascal testificó que la familia que iba con él en el bote las llevaba, a petición del líder de Alpha 66, Nazario Sargén, para un grupúsculo en Cuba afiliado a esta organización. «El FBI lo sabe. Yo se los dije», contó Abascal.

El colmo del contra-interrogatorio de Hernández fue cuando presentó como evidencia cientos de páginas de los récords telefónicos de Abascal para poder preguntarle a qué persona le corresponde tal número en Mérida. «A Patricia Espada Reyna», dijo Abascal. «Y este otro?, preguntó el abogado. A Patricia Espada Reyna»”, respondió el testigo. «¿Y por qué tiene dos números de teléfono?», preguntó Hernández como si hubiera descubierto una gran contradicción. «Porque uno es el celular y el otro es el número de su casa», respondió Abascal. Ahí, se volvió a dormir la mujer del jurado que se había despertado no hacía tanto.

El club infantil de espías cubanos

Cuando al fin, después de una semana, Hernández concluyó su contra-interrogatorio de Gilberto Abascal, le tocó a Jerome Teresinski, el fiscal, hacerle unas preguntas. Evidentemente burlándose de Hernández, Teresinski preguntó sobre la niñita de tres años que iba a bordo del bote en el cual encontraron las fotos de Alpha 66. «¿Usted sabe si la niñita de tres años pertenecía al club infantil de espías cubanos?» Todos se rieron, menos Arturo Hernández.

Fue entonces cuando por primera vez se mencionó en el curso de los interrogatorios el nombre de Luis Posada Carriles. Teresinski le preguntó a Abascal si le guarda alguna animosidad al Señor Posada Carriles. «No. Solamente a Santiago Álvarez, porque él fue el que metió en este lío», respondió Abascal.

Ráfagas de Arena

Hoy en El Paso, la Secretaria de Seguridad Nacional dio un discurso importante. Janet Napolitano aseguró que «vistos en su conjunto, el aumento del personal, la tecnología y los recursos representan la acción más seria y sostenida para proteger nuestra frontera en la historia del país». Ni mencionó que a menos de dos kilómetros de la Universidad de Texas, donde pronunció su discurso, Luis Posada Carriles goza de la impunidad. Hay 73 cargos de asesinato pendiente en Caracas contra él y el Departamento de Seguridad se ha negado a calificarlo como terrorista. Si lo hiciera, Posada no estaría disfrutando su estancia en El Paso en cómodos hoteles y cenando en los restaurantes caros de la ciudad.

La cárcel de El Paso está al cruzar la calle de la Corte. Ahí debería estar pasando las noches. No hacen falta un aumento de personal o nuevas tecnologías para encarcelarlo. Solamente voluntad política.

Mientras, esta novela continúa. Es probable que Gilberto Abascal pueda regresar a su casa mañana, si lo permiten los vientos que apretaron esta tarde. Las ráfagas de arena alcanzaron hasta 70 kilómetros por hora y el paseo de seis cuadras a mi hotel se convirtió en una odisea de los Westerns americanos. Han pronosticado nieve para las próximas 48 horas en El Paso. Temo que no llegue una nevada, sino una arenada. Hay mucho, pero mucho polvo, y de todo tipo, gravitando sobre esta ciudad fronteriza en el desierto tejano.

Tomado de Cubadebate

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