Hombro con hombro también hacen la guerra

Autor:

Nyliam Vázquez García

Cuando la Casa Blanca anunció en noviembre pasado que se concentraría en la región de Asia-Pacífico, no era retórica. Las necesidades geoestratégicas de un país en crisis y en plena campaña electoral marcan el ritmo del viraje. Las acciones para aumentar la presencia militar constituyen la carta de presentación, tal vez la única que tienen.

Para EE.UU., recuperar su «papel protagónico» pasa necesariamente por demostraciones de fuerza, así que no sorprenden el envío de tropas a Australia, los ejercicios militares con Corea del Sur y, por estos días, las maniobras militares en Filipinas.

Unos 4 000 soldados estadounidenses y 2 300 militares filipinos toman parte en los ejercicios. La tozudez de mantener posiciones de gendarme mundial, aún sin un respaldo y con el peso del fracaso de Afganistán e Iraq a sus espaldas, asegura la imposibilidad de Washington de sustraerse de su propia naturaleza. No importa si lideran republicanos o demócratas, la clave es el dominio a cualquier precio, aunque está claro que ya no es tan simple.

Según informó el ejército de Filipinas, los ejercicios solo incluyen maniobras militares y de «respuesta humanitaria» en distintas partes del archipiélago. Pero nadie queda indiferente, ante otro frente abierto en la zona, por más llamados a la calma que publiquen.

Si bien los ejercicios Balikatan (hombro con hombro), no son nuevos —iniciaron en 2002 con el objetivo de incrementar la capacidad militar de Filipinas en «la lucha contra el terrorismo»—, hoy dejan más de una lectura en el convulso contexto internacional. Sobre todo, Washington devela cuál es exactamente «la arquitectura de seguridad en la región, acorde con las necesidades del siglo XXI», mencionada durante la gira de Obama por la zona y refrendada por los documentos que trazan su política militar.

Para el jefe del Ejército filipino, el general Jessie Vellosa, «la cooperación entre las dos fuerzas armadas manifiesta la dedicación y el compromiso de los dos países en lograr una región más estable y segura en Asia-Pacífico». Sin embargo, el largo historial de desmanes estadounidenses en esta materia, ponen en tela de juicio la transparencia de las acciones, más cuando se sabe que pretenden aprovechar viejas rencillas territoriales para enemistar a países vecinos.

Aunque se esfuercen en un discurso poco creíble de salvaguarda regional y de garantías, los analistas internacionales apuntan que cada uno de los nuevos pasos en la estrategia de la Casa Blanca busca recuperar el terreno perdido en el continente asiático, pero esencialmente, contener el avance de la República Popular China y de paso continuar en su esfuerzo por mostrar a esa nación asiática como un peligro.

No por casualidad, esta semana Beijing hizo un llamado a apostar por acciones que contribuyan a la paz y estabilidad en la región. El vocero de la Cancillería china, Liu Weimin, cuando fue interrogado sobre los ejercicios militares, llamó la atención sobre la importancia de promover acciones favorables a crear confianza política.

China insiste en su ascenso pacífico y en resolver todos y cada uno de los diferendos a través el diálogo. Pero a EE.UU. le conviene el descrédito para ganar terreno, para que los países se crean que son necesarios allí.

Y no solo se trata de las implicaciones externas de las maniobras. A lo interno, la presencia militar estadounidense en Filipinas ha lanzado a las calles a grupos de manifestantes. En Manila, los filipinos expresaron su inconformidad con lo que ocurre por estos días en Luzón, Palawan, Zamboanga, Joló y Basilán, desde el norte al sur de ese archipiélago asiático.

Han quemado banderas estadounidenses frente a la embajada de Washington, exigen el regreso a EE.UU. de los soldados, y sobre todo enviaron un mensaje al mundo: «No es tan sencillo».

Las maniobras militares conjuntas entre los ejércitos de EE.UU. y Filipinas terminarán el 27 de abril. Aunque sin ellas estaba clara la nueva estrategia imperial para el continente, las más recientes acciones confirman y adelantan el futuro.

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