Resistencia heredada

Laura Labañino, hija de Ramón, e Irma González, hija de René, dialogaron on line con los lectores, contaron anécdotas, agradecieron el afecto y dieron muestras de cómo se parecen a sus progenitores frente a la injusticia del Gobierno estadounidense

Autor:

Nyliam Vázquez García

¿Qué harías si tu padre fuera uno de los cinco antiterroristas retenidos hace 13 años en EE.UU.? No sé. Frente a la interrogante queda el estremecimiento, el sabor amargo, una sensación de dolor mezclado con admiración y orgullo… ¿Serán parecidos esos sentimientos desde la distancia, a lo que les ha tocado vivir a los hijos reales de esos hombres? Es difícil imaginar los momentos difíciles, las lágrimas, las vivencias que se perdieron padres e hijos, y esas sonrisas que les han arrancado a las circunstancias, a las visitas entre rejas, a la distancia, a tanta injusticia…

Pero ahí están ellos, despertando todos los días a la separación forzosa y luchando cada segundo por ese abrazo demorado, por la cena familiar, el paseo por la ciudad, los cumpleaños en que por fin estén todos juntos. Han crecido y hacerlo en esas circunstancias los ha hecho fuertes; pareciera que deben vestirse a diario con una armadura de acero para no derrumbarse, para no flaquear cuando necesitan a sus padres.

A pesar de celdas, carceleros, periodistas pagados, desmanes y chantajes de todo tipo, los Cinco se han inventado infinitas maneras para estar con sus seres queridos, en este largo camino sembrado de vicisitudes. Han participado de esa crianza de los pequeños, que ya no lo son tanto, y deben sentirse doblemente felices por su obra, por esa resistencia a toda prueba, que debieron heredar por fuerza los más jóvenes.

Ser hijo de estos héroes, hombres de carne y hueso, no es sencillo. No solo Gerardo, René, Antonio, Fernando y Ramón nos dan todos los días una lección de vida; sus familias también. Y ahí están sus hijos para hablar una circunstancia que les ha impuesto el Gobierno estadounidense. Lo hacen desde la certeza de que sus padres hicieron lo correcto. Como la mayoría, ellos viven convencidos de que tienen «el mejor papá del mundo».

Laura Labañino Palmeiro, hija de Ramón; e Irma González Salanueva, Irmita, la hija de René, cumplieron un compromiso de diálogo con los lectores de JR. Estar en la primera línea de lucha por el regreso a Cuba de sus padres y de los Cinco implica estar dondequiera que haga falta hablar de la verdad y de la necesidad de que esos hombres regresen a Cuba, al abrazo de los suyos. Por eso llegaron temprano al diario y agradecieron a muchos los mensajes de solidaridad, respondieron preguntas y enviaron un nuevo llamado urgente para no descansar en el empeño de justicia definitiva para quienes defendieron a su pueblo contra el terrorismo.

La primera respuesta de las muchachas fue para Félix, quien se interesó por la salud del hermano de René.

«Compatriota, mi tío está luchando por su vida, junto a los médicos que han puesto todo su empeño en ello, como es costumbre en nuestros galenos. Luego de la visita de mi papá, creo que cargó las pilas. Mientras tanto la familia junto a ustedes, seguimos luchando para que termine esta gran injusticia. Gracias por su apoyo, sin ello y la fuerza que nos infunde esta gran Revolución nos sería imposible resistir tanta ignominia. Agradecida siempre», escribió Irmita.

Yasmani, por ejemplo, quiso saber cómo les ha afectado en su desarrollo la separación y qué es lo que más extrañan. Laura le abrió su alma, con esas marcas en la existencia familiar, que ya no se borrarán, pero dolerán menos cuando ellos regresen.

Dolor y felicidad

«Cuando hablamos de los momentos más duros de nuestra vida sin mi papá es imposible dejar de mencionar las visitas a las prisiones en territorio estadounidense», escribió la hija de Ramón.

«Me viene a la mente la primera visita en Beaumont, Texas, una prisión de máxima seguridad en la que mi padre cumplió los primeros años de su condena. Recuerdo que mi hermana menor tenía cinco o seis añitos, yo tenía diez y mi hermana mayor, 14. Esta era la primera vez que nos enfrentábamos a semejante situación».

Laurita escribe, en la PC en la Redacción digital de JR, sin más esfuerzo que recordar. Nació con los adelantos tecnológicos, así que un diálogo on line no le resulta ajeno. Tampoco a Irmita. La primera sigue respondiendo:

«Hay que llenar las planillas con datos generales que piden a la entrada (nombre, carné de identidad, número de teléfono, lugar de residencia), y al entregar la planilla se deben dar los pasaportes. Esperamos alrededor de 20 o 30 minutos a que nos analicen; luego nos llaman y nos sometemos al proceso de detección de metales y drogas, cacheo y demás. Hay una parte muy interesante de todo este proceso, y es un cuñito transparente a la vista, que solo puede ser visto con luz ultravioleta, el cual se le pone a todos los visitantes, con el objetivo de poder diferenciar al familiar del preso… Luego de todo ese proceso, mi hermanita menor, Lizbeth, intranquila como cada niña de esa edad, recibió un fuerte regaño de parte de uno de los guardias… Luego del susto correspondiente, nos dirigíamos al interior de la instalación cuando otro de los guardias regresó a mi hermanita Lizbeth a la entrada principal, ya que, según sus consideraciones, el sello transparente no se veía bien, y debían colocárselo correctamente para que no hubiera ninguna situación desagradable a la hora de la salida (supongo que para no confundir a la niña con ninguno de los presos)».

«Aunque a muchas personas les pueda resultar un poco fuerte escucharlo o leerlo, ha sido uno de los momentos más felices de mi vida cuando convertimos una sala de visitas en una prisión de máxima seguridad, en una playa, con juegos y diversiones, y los hombres gordos y ruidosos no eran más que salvavidas y animadores del centro recreativo donde nos encontramos.

«Esa es la idea, la versión de los hechos reales que nuestro padre nos hace creer en cada visita, además de siempre recordarnos que esta será la última, porque la próxima es en nuestra Cuba, con un cerdo asado y muchos chicharrones».

¿Qué más podemos hacer?

Al igual que los niños de La Colmenita en la obra Abracadabra, muchos de los internautas les preguntaron a las muchachas cómo ellos podrían contribuir a la liberación de los Cinco. Esta fue la respuesta que le dio la hija de René a Jessica.

«Lo más importante es dar a conocer el caso. A pesar de tantos años de injusticia, el Gobierno norteamericano ha insistido en silenciarlo todo. Para ello, sumarse a todas las campañas que el Comité Internacional por la Liberación de los Cinco propone es vital. Cada una de las acciones que ellos presentan están pensadas en función del momento en que nos encontramos y de lo que se necesita. Te sugiero que entres a la página web del Comité y ahí verás de manera actualizada cómo puedes cooperar con esta lucha, desde tu espacio y tus redes. Gracias por tu solidaridad».

Clotilde dejó este mensaje en la web: «Irmita: Quisiera que supieras que te acompaño en tu lucha y me gustaría que le transmitieras a tu papá, que los jóvenes estamos muy orgullosos de los Cinco y esa actitud de él de regresar y cumplir disciplinadamente con los requerimientos impuestos por la jueza, es digna de admirar; por eso son héroes. Que no se preocupe, que cuando regresen todo un pueblo los esperará. Solo deseo que su hermano (tu tío), y tu mamá hayan disfrutado de esos días».

Ella respondió: «Muchas gracias; este día y todo lo que tú y el resto de los compañeros nos han transmitido, se lo diremos ellos. Que no te quepa duda de la inmensa fuerza que cada una de tus palabras les brinda. En cuanto a lo que me comentas del regreso de mi papá, no voy a negarte que fue para todos muy duro, el estar estos cortos días en familia y poder tirarnos por primera vez una foto en la que estuviéramos mi mamá, Ivette, mi papá y yo juntos; significó mucho. Sin embargo, eso hizo más dolorosa la nueva separación, que ya ha sido, de por sí, demasiado larga. Era impensable que mi papá no regresara; la lucha de ellos es por los Cinco, y no hay nada que uno haga sin que se relacione con el futuro de sus otros cuatro hermanos. Somos una gran familia que se debe a la Revolución y así será siempre, independientemente del dolor. Gracias».

Rosa Alicia quiso saber sobre el tan ansiado encuentro de Olga y René, dos seres que desde hacía una década no podían tocarse, besarse, porque el Gobierno estadounidense le ha negado reiteradamente la visa para poder visitarlo.

«Imagínate, después de tantos años amándose en la distancia y entre tantas vicisitudes… Cuando mi papá partió de Cuba mi mamá tenía apenas 30 años y desde entonces ha tenido que posponer sus sueños de amor. Trataron de disfrutar el poco tiempo que tenían entre tantas cosas que había que hacer, y reafirmaron que se aman tanto o más que el primer día», respondió la hija mayor de ese amor, quien ahora espera su propio bebé.

¿Cómo asumen el reto de continuar estando a la altura de sus padres?, preguntó Vilma.

«Esta pregunta que nos haces, Vilma, es un poco complicada de responder, porque como todos sabemos cada persona es diferente en gustos, proyecciones, momento histórico y de manera general todos somos distintos, lo cual precisamente nos hace especiales.

«En nuestro caso, tenemos una esfera en la que representar la firmeza y la dignidad que de nuestros padres heredamos, en el campo del estudio y del trabajo, demostrando cada día que somos lo que ellos hubiesen sido de no haber sucedido todo como sucedió, y sobre todo cumplir desde nuestras esferas y hacerlos sentir orgullosos de cada paso que damos en la vida. Gracias por todo el apoyo a nuestra causa. Saludos», respondió Laurita.

Hendris Manuel escribió: «Hola a todos. Ratifico mi incondicional apoyo a la causa de los Cinco hermanos en nombre de todos los trabajadores del policlínico Genaro Brito Vargas, en San Ramón, Granma. ¿Cuándo es la próxima apelación? ¿Qué dicen los abogados de los Cinco?».

Y otra vez Laura respondió a este internauta:

«Prácticamente ahora no contamos con más posibilidades de continuar luchando a través del tema legal, y en espera de la respuesta de la jueza de los Cinco a los hábeas corpus (apelación colateral al proceso legal), que se entregaron el 16 de agosto de 2011. No hay posibilidades de una nueva apelación. La que está en curso es colateral al caso.

«Tanto los abogados como los familiares opinamos que todos los recursos que estén a nuestro alcance debemos desarrollarlos a favor de la causa; no podemos detenernos».

Más adelante Lorenzo se interesó por la grandeza de Elizabeth Palmeiro, la esposa de Ramón: ¿Qué me puedes comentar sobre cómo se crece ella y hace crecer a sus hijas en momentos importantes en los que desean a Ramón con ustedes?

«Amigo Lorenzo, ¿momentos importantes en los que necesitamos a nuestro padre? Más bien, los necesitamos en todos los momentos; desde los terrenales, como por ejemplo para cambiar un bombillo o cuando sentimos su ausencia por lo pícaro de su forma de hablar y lo alentador de sus palabras. ¿De dónde sale la fuerza? Siempre me lo he preguntado, y lo que mi mamá siempre me dice es que brota de la misma persona que nos falta a diario… Ojalá tuviéramos la oportunidad de estar cerca de cada persona solidaria con la causa, hablar con ellos por teléfono para que pudieran notar cuánto amor, cariño, firmeza y dignidad brotan de sus palabras. Muchas gracias y espero le haya sido útil la respuesta. Saludos».

Sobre la familia ampliada que conforman todos los familiares de los Cinco indagó Noslen Domínguez. A Irmita, específicamente, preguntó: Creo que el viaje de tu papá tenía ciertas restricciones, pero ¿tuvo oportunidad de conocer la gran familia que ya forman las madres, esposas e hijos de cada uno de nuestros queridos hermanos?

«El mismo día que llegó, entre las primeras cosas que hicimos fue pasar un largo tiempo con todos ellos, porque son parte de la familia y mi papá necesitaba conocerlos y abrazarlos a todos. Saludos en nombre de los Cinco», escribió Irmita.

Durante el diálogo ambas muchachas se sintieron arropadas por otros seres humanos y por ese calor y cariño de quienes reiteraban muchas de esas preguntas, que les llegaban vía Juventud Rebelde desde muy diversos puntos de nuestro país o desde Alemania o Venezuela. De ambas partes se dedicó tiempo a esos cinco hombres que se merecen más, porque están entregando por los cubanos los mejores años de sus vidas, y ellas estuvieron más cerca de sus padres.

Luego de más de dos horas, Laurita e Irmita se despidieron de nuestros lectores: «Nuestros más profundos agradecimientos a todos los amigos que han dedicado su tiempo a estar con nosotros esta mañana, a todos los lectores de Juventud Rebelde y a toda la juventud cubana, sobre todo porque sabemos que llevan, junto a nosotros, batallando mucho tiempo. Un abrazo en nombre de los Cinco y sus familiares».

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