La muchachada palestina en las cárceles de Israel

Un llamado a la solidaridad para una infancia que lucha por la liberación de su patria

Autor:

Juana Carrasco Martín

La denuncia reproducida por Prensa Latina era escueta: un total de 176 niños y jóvenes palestinos guardan prisión en cárceles israelíes en los territorios ocupados, decía la nota de la Asociación de Médicos Graduados en Cuba, que llama a una campaña internacional de solidaridad para lograr la liberación de esos muchachos y de todos los presos palestinos «que luchan por la liberación de su patria».

El comunicado está suscrito por el presidente del grupo, Islam Khawaja, y precisa que el día 18 de abril las fuerzas de ocupación israelíes habían arrestado a 15 niños y adolescentes palestinos, el menor de ellos de solo 13 años, y entre los detenidos, agrega, se encuentra Qais M. Omran de Burin, de Nablus, un palestino-cubano de 17 años.

La información coincide con una extendida huelga de hambre en las cárceles del régimen de Tel Aviv, declarada masivamente el 17 de abril, Día del Prisionero Palestino, cuando en las más importantes ciudades de las zonas ocupadas miles de hombres, mujeres y niños de ese pueblo en lucha gritaron su clamor de libertad en las calles de Gaza, Ramalá, Nablus, Tulkarem y Qalqilya.

Más de dos tercios de los 4 635 encarcelados por Israel, de los cuales 320 son detenidos administrativos (un término destinado para quienes son indefinidamente encerrados tras las rejas sin que se les formule cargo alguno y por supuesto no se les lleve a juicio), y unos 180 menores —según datos del sitio web My Palestine— rechazaron esa jornada el plato de comida, informó el Servicio Israelí de Prisión, y al menos un cuarto de ellos continúan aún en esa protesta.

En el Día del Prisionero Palestino, estaban además en custodia ocho activistas de la flytilla, internacionalistas arrestados a su llegada al aeropuerto Ben Gourion con el propósito de asistir a un encuentro solidario, que fue bloqueado por el Gobierno de Benjamín Netanyahu con la complicidad de compañías aéreas europeas —fundamentalmente alemanas y francesas— al negar a varios cientos abordar sus aviones. Y los ocho también se resistieron a comer el día de la protesta general.

Mas estamos hablando de menores en prisión, una situación especialmente traumática para los reos más jóvenes, y condenable por la conciencia humana y por las leyes internacionales, a las que Israel hace caso omiso.

Desde el año 2000, más de 8 000 niños han sido detenidos en el territorio ocupado de la Ribera Occidental y las cortes militares procesan hasta a muchachos de 12 años de edad, en la mayoría de los casos por sospechas de haber lanzado piedras contra carros y vehículos militares de Israel, lo que es considerado un «delito serio». Al decir de un vocero militar de las fuerzas sionistas «en lugar de  jugar fútbol ellos ponen en peligro las vidas de los israelitas».

Un estudio dado a conocer en marzo por la organización no gubernamental Save the Children acerca de las afectaciones a la psiquis de 292 chicos, y hecho tras su liberación, habla de que la mayoría sufre pesadillas, mojan la cama, y muestran ataques de ansiedad. El 98 por ciento reportaron haber sido objeto de violencia física o verbal por los soldados sionistas, lo que deja huellas psicológicas, y el 90 por ciento sufre de desórdenes de stress postraumático, temen salir de sus casas; el 80 por ciento sufrió tratamiento físico incorrecto durante el  arresto, 66 por ciento fueron amenazados o víctimas de violencia,  y 75 por ciento interrogados en ausencia de sus padres.

El reporte es categórico: «La detención tiene un devastador impacto sobre los niños, sus familias y sus sociedades».

El testimonio de Ahmad Dsouqi, un joven de 16 años del campamento de refugiados Jalazon, cerca de Ramalá, contó a Reuters su detención, ocurrida en horas de la noche, cuando fue sacado de la cama por un grupo grande de soldados israelíes armados, esposado, vendados sus ojos y arrojado a un yipi. Durante largos interrogatorios fue golpeado, encerrado en solitario, y prácticamente forzado a confesar que había lanzado piedras a soldados. Fue sentenciado a 18 meses de cárcel, aunque solo cumplió la mitad porque salió liberado en un canje de prisioneros.

Otro dato tenebroso puede añadirse: desde el año 2006 casi 700 niños han sido víctimas mortales del ejército de Israel.

Esta muchachada en prisión o en la enorme cárcel que es la Palestina ocupada por Israel, no puede ser solo estadísticas, ellos tienen nombres, edades, proceden de campos de refugiados, aldeas o ciudades, pueden contar historias tristes, un presente en el cual luchar y un futuro por construir…

Nadie, con ética y honor, puede mirar hacia otro lado.

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