La boleta fantasma

El marasmo económico que abate a Europa será el primero en las filas cuando hoy abran las urnas para las elecciones presidenciales de Francia, y las legislativas que proveerán de un nuevo mandatario a la vapuleada Grecia. Incertidumbre y… ¿ganancias para la derecha?

Autor:

Marina Menéndez Quintero

Sería impensable que ella no pudiera votar si ha sido capaz de sacar a las calles a decenas de miles de personas, y hasta llevar al suicidio a más de una decena a quienes puso con sus manos la soga al cuello en países como Italia y Grecia. La crisis, cuya salida aún tiene locos a los principales líderes de la Unión Europea (UE) buscando una puerta por el camino más fácil —pero definitivamente errado—, será la votante fantasma cuando se abran las urnas hoy en Francia y en la nación helena.

No lleva la guadaña al hombro como la muerte, pero la esconde tras la espalda. Y la realidad ha demostrado que no solo es capaz de asfixiar a los 24 millones de europeos que están sin empleo, con un descenso del nivel de vida que ha hecho trizas el llamado estado de bienestar del que se vanagloriaba el Viejo Continente.

La crisis —o más bien su mal manejo— también puede decapitar a los responsables de que la hecatombe financiera y económica desatada por un modelo inoperante, se esté descargando sobre la ciudadanía. En verdad, esas son las reales culpas: querer salvar al euro sin pensar en el crecimiento económico de los Estados y mucho menos en lo que pagarán los de a pie; un espectro social virtualmente sin asidero con la poca relevancia a que fue llevado en los últimos decenios el sindicalismo y la debilidad de la izquierda política, donde una buena parte que se identifica como tal apunta a la llamada centroderecha.

Ello explica la «indignación», ese movimiento social  dado a luz en Europa por los ajustes. Y se puede demostrar de distintas formas.

Las observaciones, dichas de otra manera y mirando hacia derroteros distintos, pueden llegar, incluso, desde los sitios más insospechados. Del otro lado del mundo, con menos relevancia ahora —aunque sin abandonar la vida política— el ex presidente estadounidense Bill Clinton calificó hace dos días como «chapuceros» los salvatajes implementados por la troika (la Comisión Europea, el Banco Central regional y el FMI) para países «débiles» como Grecia, y consideró un problema que la «receta de la austeridad siga siendo promovida cuando la evidencia muestra que no funciona».

Malas decisiones que han tenido su costo político y lo seguirán provocando, pues a estas alturas parece claro que no será el ajetreado e incomprendido ex presidente español José Luis Rodríguez Zapatero, el último a quien las urnas le pasarán factura. Sin contar, desde luego, a quienes, como Giorgios Papandreu en Atenas o el italiano Silvio Berlusconi, debieron dimitir ante el rechazo popular a los recortes (un clamor más fuerte en Italia, sin duda, que los sonados y repetidos escándalos «faranduleros» sorteados con éxito por el ex primer ministro italiano).

Por primera vez en Europa, factores que fluyen desde fuera de las fronteras nacionales están siendo el principal ingrediente para mover el mapa político en más de un país. Y lo preocupante es que en varios casos la aguja se ha movido hacia la derecha.

Es de esa suerte que los españoles sufren hoy los tijeretazos sociales recrudecidos por el conservador Mariano Rajoy desde la Moncloa, y los italianos a Mario Monti, quien acaba de admitir que la Unión Europea «no lo está haciendo muy bien» en materia de crecimiento y, tal vez temeroso de nuevos desbordes, está pidiendo a la gente ideas, por medio de Internet, sobre cómo implementar los recortes del gasto público. Porque, estemos claros, no abandonará la línea trazada desde Bruselas.

Entre la incertidumbre y la rabia

Ya sea traducida en rabia que llevará al denominado voto de castigo, o en una incertidumbre que dejará muchas boletas vacías, el temor al contagio y aquello de «cuando veas las bardas de tu vecino arder…», se harán  sentir en Francia,  este domingo, cuando el actual mandatario Nicolas Sarkozy va por la reelección en la segunda ronda de las presidencias galas, frente al candidato socialista Francois Hollande.

Temor es lo que han reflejado estudios como el que dio a conocer hace dos días el sitio digital Atlántico y realizado por la firma IFOP, según el cual el 62 por ciento de los franceses considera que en los próximos meses o años su país puede verse en la misma situación que la agonizante Grecia o que España, donde la falta de trabajo ha vuelto a implantar cifra récord con 5 639 500 parados.

Incluso esos «casos» se convirtieron en parte del último debate televisivo de los finalistas, cuando un Sarkozy seguramente desesperado porque no logró el respaldo de la ex candidata derechista Marine Le Pen, atacó a Hollande sacando a relucir los problemas de Zapatero y Papandreu. «¿Cuáles son los países más golpeados por la crisis? —preguntó. Aquellos donde sus “amigos” (quiso decir representantes de partidos llamados socialistas) estaban en el poder, como Francia y Grecia».

No obstante, y a pesar de que el todavía inquilino del Elíseo omitió referir su contubernio con la alemana Angela Merkel en la imposición, precisamente, de los programas regionales de ajuste, las encuestas dicen que a Sarkozy le será sumamente difícil remontar la cuesta frente a Hollande.

Aunque ninguno de los dos llegó a obtener el 30 por ciento de los sufragios —lo que habla del escaso apoyo con que cuentan, al final, dentro del electorado—, el aspirante del Partido Socialista superó a Sarkozy apenas por 1,48 puntos porcentuales en la primera ronda, donde la noticia no fueron ellos sino —¡ojo!— el avance de la derecha representada por Marine Le Pen y su Frente Nacionalista, que se convirtió en la tercera agrupación política gala, con el 17,9 por ciento de los votos.

Algunos predicen que Nicolas solo se salvaría este domingo si lograra capitalizar el respaldo de quienes se han manifestado indecisos. Pero seguramente la mano de la crisis también estará en Francia, donde los electores pueden recordar que Sarkozy llegó prometiendo más puestos laborales y tiene entre 500 000 y un millón de nuevos desempleados, y que a última hora dio marcha atrás a la rebaja de impuestos, medida que marcó el inicio de su mandato.

The Wall Street Journal, un medio con credibilidad en asuntos financieros, recordaba hace unos días que esa cantidad de parados representa la mayor tasa en los últimos diez años en Francia, y anotaba que la quinta economía del mundo tiene hoy una deuda récord de 1,7 billones de euros.

Está visto que en la Europa de estos días todos tienen su lado flaco.

Romper o nacer atado

Quizá lo descollante en torno a las legislativas de hoy y la que se predice será, después, una difícil conformación de Gobierno, haya sido dicho ya, cuando a cambio del segundo «rescate» aprobado por la Comisión Europea junto al Banco de la Eurozona y el FMI, Atenas se tuvo que comprometer —mediante el diálogo del transitorio Lucas Papademos con las distintas fuerzas políticas— a seguir a pie juntillas las normas impuestas.

Fue un muy mal negocio para los griegos, a cambio de una nueva inyección de 130 000 millones de euros para pagar un tramo de los débitos helenos —que solo tranquilizó al resto de la UE en su afán de salvar la moneda común—, y la disminución de la llamada deuda privada para el año 2020, que todavía entonces representará ¡el 120 por ciento del PIB del país!

Por si fuera poco, se les impuso la presencia permanente en Atenas, como fiscalizadores, del Fondo Monetario y del Banco Mundial.

Aunque algunos partidos se han pronunciado durante la campaña por la reversión de tales acuerdos, será muy difícil que, con esos compromisos previos, la troika les permitiera virar atrás. La única alternativa sería el rompimiento total. Por eso se estima que lo que se decide este domingo es la permanencia o no de Grecia en la Eurozona.  Lo más desconcertante es que se trata de agrupaciones políticas descritas lo mismo a la izquierda que —otra vez ¡cuidado!— en una ultraderecha que llega al neonazismo.

Los sondeos adelantan una atomización de los sufragios como cobro de cuentas, por el derrumbe económico y moral, a los gobernantes Nueva Democracia y Movimiento Socialista Panhelénico (Pasok), lo que podría negarles la mayoría absoluta y cerrar su presencia en el Gobierno, al tiempo que nuevos partidos entrarían al Parlamento.

Sin embargo, otros afirman que el singular modo de conformación del ejecutivo en Grecia, donde el grupo político que más escaños obtenga es premiado con 50 de sus asientos, todavía podría ser su tabla de salvación.

La incertidumbre también planea allí sobre un electorado que rumia el sabor amargo de los ajustes y la burla de su soberanía, y que halló en la movilización callejera el modo de hacerse oír. Pero nadie se atrevería a aseverar que Grecia esté abocada a una radical vuelta de tuerca. De cualquier modo, como se ve, también allí la crisis tendrá su boleta.

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