Y comenzó la fiesta

Chávez en pos de la victoria en los comicios presidenciales del 7 de octubre. Mañana lunes a las 4 de la tarde cubrirá el último trámite de inscripción ante la autoridad electoral. Cientos de miles de venezolanos lo acompañarán

Autor:

René Tamayo León

Hugo Chávez Frías gana las elecciones del 7 de octubre. Y con amplia mayoría. Eso dicen las encuestas, los bancos, las bolsas, la oligarquía mundial, la mayoría de la prensa nativa y extranjera. Y también es la opinión de este redactor.

El mandatario presentará mañana lunes, a las 4 de la tarde, su papelería de oficio ante el Consejo Nacional Electoral. Cubrirá así el último trámite de inscripción de cara a los comicios presidenciales del 7 de octubre. Cientos de miles de venezolanos lo acompañarán en el acto de matrícula, desplegados por toda Caracas.

El delfín de la oligarquía local e internacional, Henrique Capriles Radonski, lo hará en alguna hora de hoy.

De seguro —siendo optimistas— miles de sus simpatizantes caminarán por la capital. No será cirigaña. La derecha, o al menos el antichavismo jurado y confeso, suma como mínimo 4 000 000 de simpatizantes: el voto duro, se dice aquí.

Lo de hoy y mañana no es bobería. Lo digo para los dados al unanimismo. Este domingo no se asusten. Mañana se sorprenderán. Al menos eso prometió el Comando de Campaña Carabobo —encargado de dirigir el proselitismo chavista—, y yo deduzco de las recurrentes conversaciones propias con venezolanos.

La suerte está echada. Se dice que la derecha perderá inexorablemente porque eligió a un mal candidato. Que fue un error. Que el tipo no levanta. Que equivocó el plan de campaña. Que... se dicen tantas cosas... Pero el asunto es sencillo.

En las elecciones presidenciales del 7 de octubre no se vota por un nombre, sino por un modelo. (Bueno, también por el nombre del hombre. Porque la verdad que Hugo Chávez pesa).

(Siempre es igual con un líder o una líder firme, original y bien plantado (a). Como todo ser humano, el hombre tiene sus virtudes y no pocos defectos, pero la verdad es que ha calado hondo en el corazón de la mayoría de los venezolanos, incluso entre quienes sus proyectos no les son proclives).

Revolución en la urnas

El Consejo Nacional Electoral (CNE) de Venezuela es el más entrenado y mejor provisto de América Latina. Quizá también del mundo. Es un hecho histórico irrebatible. En apenas 13 años, ha tenido que rectorar 15 comicios nacionales; es decir, 1,1538461538461538461538461538462 de elecciones por año.

Se habla mucho del país, de su proceso político, de su líder... Pero a veces se pierde de vista lo esencial:

En Venezuela lo que hay es una Revolución.

Quien se separe de esta variable de análisis (una pi 3,14), terminará siempre en algo no redondeado; en interpretación inconclusa... nada, que está embarca’o.

Y, precisamente, esta Revolución, la última del siglo XX y la primera del XXI, nació, se desarrolló, se consolidó y se propone continuar rumbo a través del escenario electoral.

A pesar de su radicalidad absoluta, de un líder que habla de independencia y soberanía, y también de antiimperialismo, internacionalismo, socialismo, y que se ha aliado al «eje del mal» según Washington, esta no fue ni se propone ser una revolución por las armas, como todas las que han sido —desde la espartana a la francesa, de la rusa a la cubana, y más.

A diferencia de otras —en la región y demás partes— la revolución de aquí, tanto en hechos como discurso, ha logrado mantenerse, consolidarse y proyectarse en un marco general de paz y estabilidad —independiente de las duras y costosas intentonas desestabilizadoras que enfrentó y aún la acechan.

Es este contexto el que ha hecho de las instituciones electorales venezolanas el instrumento de acción y legitimación del proceso bolivariano. De ahí la necesidad y realidad de disponer de autoridades electorales probas y respetables.

La oposición más de una vez ha atacado, y de seguro «machacará», al CNE —sobre todo después del 7 de octubre, cuando probabilísticamente Chávez gana con comodidad.

Incluso la encuestadora Datanálisis —según elementos no revelados que mantenía a buen resguardo, ante su evidente compromiso con las fuerzas de la oposición— señala que casi el 60 por ciento de los venezolanos considera al CNE «como ente garante de la transparencia de los procesos electorales».

Pero bueno, tampoco la sangre llegará por ahora al río. La propia inscripción del candidato de la ultraderecha local y mundial, hoy domingo, ante el CNE, evidencia que al «árbitro» se le reconocen sus credenciales, o al menos se le acepta.

No obstante, Enrique Márquez, uno de los voceros de la oposición, apostilló: «nunca hemos confiado» (en el CNE), «lo que le decimos al país es que estamos buscando esas condiciones. No le damos al CNE un cheque en blanco».

«Cosas veredes, Sancho». Ya contaré.

Parece que las encuestas no mienten

El negocio de los sondeos es uno de los más sofisticados emprendimientos científicos de la sociedad moderna. No por gusto, algunos de los pensadores más brillantes del siglo XX le dedicaron toda su vida. Sin el más mínimo rubor, afirmo que, de las ciencias sociales, es la más exacta disponible.

Sobran los ejemplos de firmas genuflexas que han manipulado sus indagaciones para satisfacer a sus contratistas. Quienes lo han hecho pudieron, tras entregar el informe, cobrar el cheque, pero luego casi ninguna levantó cabeza.

Las encuestadoras serias no tergiversan sus resultados —a lo sumo, los ocultan al público aunque le entregan la realidad a quienes los solicitaron. Ni siquiera entre ellas discuten, a menos que no quede otra opción. Negocios, negocios son.

A pesar de las campañas de descrédito de la oposición venezolana contra empresas encuestadoras nacionales e internacionales, que dan un amplio triunfo a Chávez sobre su contendiente de la ultraderecha, los datos históricos de los sondeos de 1998 a 2012 en este país, al menos sobre el tema, le dan la razón a esas instituciones.

Sondeo aplicado a mediados de mayo último por la firma encuestadora Consultores 30.11. Da al líder bolivariano 57,6 por ciento de la intención de votos. El resto de las firmas —las serias—, más/menos dicen lo mismo, a cuatro meses de decidirse la disputa por el primer sillón nacional.

En las pasadas elecciones presidenciales (2006), donde al Jefe de Estado lo adversaba el derechista Manuel Rosales, 13 empresas encuestadoras —nacionales y foráneas— daban a Chávez como vencedor. Y también, cuatro meses antes de realizarse los comicios. Mas el mandatario superó la ventaja que se le otorgaba, al ganar la liza del 3 de diciembre de ese año con el 62,9 por ciento de los votos.