Venezuela a fuego vivo

Chavistas celebraron el Día Internacional de los Trabajadores en las calles del país

Autor:

René Tamayo León

CARACAS.— Como ya es costumbre, miles de venezolanos chavistas salieron de nuevo a las calles a apoyar la Revolución Bolivariana. Esta vez el motivo fue el 1ro. de mayo, Día Internacional de los Trabajadores; el objetivo: resaltar el carácter obrerista y la continuidad del poder de los trabajadores en el proceso construido por el Comandante Hugo Chávez.

La marcha —que avanzó desde el sur y el oeste para confluir en el centro de la ciudad— sirvió para reiterar el respaldo de las mayorías populares al presidente constitucional de la República, el socialista Nicolás Maduro.

Fue muestra de unidad y cohesión tras los difíciles días, luego del desconocimiento por los sectores de la ultraderecha local y transnacional (¿acicateados por EE.UU., el único país que habitualmente se pronuncia, pero que no ha reconocido el triunfo de Nicolás Maduro?), del triunfo electoral de la Revolución en los comicios del pasado 14 de abril, y el llamado que la reacción global hizo a la desobediencia para generar caos, ingobernabilidad y un intento de golpe de Estado.

Es hábito entre los analistas —por más de una lección de la historia— hacer caso omiso a las grandes manifestaciones. «No han de tomarse como termómetro», aconseja más de un brillante sesudo. Algo de eso hay.

Este redactor, empero, no comparte ese criterio... del todo.

Depende de la autenticidad del «fenómeno» de masas. Siempre habrá una movilización militante y una compulsión social o grupal, pero cuando estas son reales y espontáneas, creo en ellas. (Y lo seguiré haciendo, critíqueme quien me critique).

En la marcha de este 1ro. de mayo en Caracas primó la naturalidad; el sentimiento verdadero. También se percibió presión, pero no ajena, sino propia. No intuitiva, sino ética.

Ahora, si usted camina y se sumerge en el centro de lo que acontece, ahí verá la potencia y empuje de las masas, la telúrica viva de las mayorías. La fuerza que marca la historia.

Este 1ro. de mayo en Caracas fue eso. Los bolivarianos protagonizaron una manifestación emotiva, pero sobre todo racional.

Las mayorías populares y su vanguardia han vivido los meses más difíciles de la historia de esta Revolución de casi 15 años. Lo que ha ocurrido aquí no tiene comparación.

Todo se queda chiquito. Ni el golpe de estado de 2002. Ni el sabotaje petrolero que siguió a este. Ni las guarimbas (violencia fascista) y el referendo revocatorio de 2004. Ni la derrota en el referendo constitucional de 2007. Ni la crisis económica mundial de 2008-2010, que afectó agudamente al país y le costó a la Revolución unos 65 curules en el parlamento nacional —de los que la derecha se hizo en las elecciones legislativas de 2010. Ni las catástrofes naturales que han dejado a lo largo de tres lustros miles de fallecidos y afectados.

Durante todos esos dramáticos episodios, el pueblo venezolano siempre tuvo al frente —físicamente hablando— al Gigante.

Sin embargo, desde diciembre hasta hoy —y no parece próximo un momento de tranquilidad— las mayorías populares han ido de dificultad en dificultad; de dolor en dolor. De tristeza en tristeza. A los buenos del mundo les duele. A mí, también.

Primero, la enfermedad del Comandante Chávez; después, la larga y dura lucha por la vida que este protagonizó; luego, su «viaje»; detrás, la azarosa campaña presidencial de Maduro; a seguido, la estrecha victoria del 14-A; de inmediato, el llamado al «guarimbeo» y a la muerte que hizo el ex candidato derechista a las hordas fascistas —siempre ansiosas de sangre.

Más de una «voz» (unas «inocentes»; algunas con buena intención; otras para j...; bastantes con «mala leche») está pidiendo a expertos, analistas y periodistas evaluaciones sobre el estrecho margen de victoria del chavismo en las presidenciales del 14 de abril.

Interpretaciones hay. No pocos las han dado. Yo, sin embargo, prefiero que los venezolanos, independientemente de su signo político, escolástica académica y metodología de investigación, se pronuncien primero... Ellos saben lo que pasó o dónde están los datos para la investigación de campo; yo también, pero a ellos les corresponde ese derecho.

A pesar de todo, ayer —tengo la sensación— fui testigo del nacimiento definitivo de un nuevo momento histórico. Este 1ro. de mayo —creo— se selló el compromiso de las grandes mayorías bolivarianas con su Revolución. Saben que Maduro no es Chávez; pero también: que todos juntos, sí lo son. El Gigante ya no tiene nombre, ni rostro. Solo hay un camino: somos todos.

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