Unidad versus los falsos rojos

Visionario y analítico del difícil proceso que se avecinaba con su probable ausencia, Hugo Chávez sabía que sin la cohesión de las fuerzas revolucionarias era imposible adelantar en el camino lleno de espinas de la Revolución venezolana

Autor:

Osviel Castro Medel

CARACAS, Venezuela.— No por gusto el 8 de diciembre de 2012, en su impactante proclama y última aparición pública, Hugo Chávez Frías mencionó la palabra «unidad» 22 veces.

Visionario y analítico del difícil proceso que se avecinaba con su probable ausencia, el Comandante Eterno sabía que sin la cohesión de las fuerzas revolucionarias era imposible adelantar en el camino lleno de espinas de la Revolución venezolana.

«Si en algo debo insistir en este nuevo escenario, en esta nueva batalla, en este nuevo trance —diría un llanero por allá— es en fortalecer la unidad nacional, la unidad de todas las fuerzas populares, la unidad de todas las fuerzas revolucionarias», señaló enfático.

Y seguidamente acotó: «…los enemigos del país no descasan ni descansarán en la intriga, en tratar de dividir, y sobre todo aprovechando circunstancias como estas, pues. Entonces, ¿cuál es nuestra respuesta? Unidad, unidad y más unidad».

Las palabras del líder bolivariano parecen retumbar en el escenario actual de Venezuela. A dos meses y unos días de las elecciones municipales —precisamente el 8 de diciembre— mantener la unidad sigue siendo reto y brújula de los revolucionarios para apuntalar el proyecto iniciado hace 14 años.

Sin embargo, no resulta un desafío nada fácil. Sobre todo porque el «personalismo», el sectarismo y el oportunismo —viejas marcas del pasado— se asoman en el panorama político de la nación y pretenden desbaratar ese factor reiterado por Chávez.

Eso explica por qué en una reciente reunión en Caracas con los 20 gobernadores chavistas del país y los candidatos a las 337 alcaldías (se cuentan la del Alto Apure y la Metropolitana de Caracas), el presidente Nicolás Maduro señalaba que aquellos supuestos revolucionarios que se lanzaron con una candidatura paralela estaban traicionando la filosofía del Gran Polo Patriótico, pretendiendo sembrar la división y, a fin de cuentas, haciéndole el juego a la derecha.

Y hace unos días, en Apure, el primer vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), Diosdado Cabello, al abanderar el comando de campaña de ese Estado para los próximos comicios, alertaba que candidatos «independientes», algunos de ellos ligados a las filas chavistas en otro tiempo, estaban intentando usar los símbolos de la Revolución —el rojo incluido— para confundir al electorado.

En este contexto, otro de los retos de los bolivarianos es desenmascarar los falsos rojos, aquellos que visten un atuendo del PSUV o una franela con el rostro de Chávez, pero actúan en sintonía con la ideología burguesa.

Más grande aún resulta la prueba ideológica que se plantea para hoy y mañana: contener la tendencia de algunas personas humildes que expresan estar con Chávez, seguir su legado, pero ir en contra del candidato nombrado por el PSUV o los partidos aliados para las municipales y hasta para las presidenciales. En el mismísimo Barinas, estado donde nació el Comandante, Diosdado Cabello dijo haber escuchado esa manifestación totalmente divisionista y absurda.

Esa es otra de las apuestas de la oposición. O, como en el pasado, captar fingidos chavistas, con cierto apoyo popular, para sus filas. Ya pasó con el actual gobernador de Lara, Henri Falcón, que de «rojo» bolivariano, pasó en 2010 a descarado opositor.

Sucedió también con Ismael García en 2007, quien de sindicalista y dirigente del partido progresista Podemos, terminó luchando al lado de los burgueses. Por cierto, es uno de los candidatos opositores para las elecciones de diciembre por el municipio de Libertador, en el Distrito Capital.

En ese escenario, las lógicas diferencias revolucionarias deben pasar por el intercambio más fluido, el debate, escuchar la voz de las bases, el consenso y, como sentenció Chávez, la unidad, siempre difícil, pero no imposible. Para eso la lucha con argumentos, empezando por la vanguardia del PSUV, ha de ser infinita y sin respiro.

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