Afganistán: ocupación para rato

El Gobierno de Obama pretende cerrar con su homólogo afgano Hamid Karzai el denominado Acuerdo Bilateral de Seguridad, que regula las condiciones bajo las cuales continuaría la ocupación después de 2014

Autor:

Jorge L. Rodríguez González

Estados Unidos no piensa retirarse de Afganistán. Así lo deja muy claro el denominado Acuerdo Bilateral de Seguridad (BSA, por sus siglas en inglés) que el Gobierno de Barack Obama pretende cerrar con su homólogo afgano Hamid Karzai, después de 12 años de guerra global contra el terror y de una atroz ocupación de la nación centroasiática.

El BSA, vendido como una asociación estratégica, regula las condiciones bajo las cuales continuaría la ocupación después de 2014, cuando concluya la retirada de 75 000 soldados de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), la mayoría estadounidenses.

El Pentágono pretende que a partir de 2015 y hasta 2024, se queden entre 10 000 y 15 000 efectivos, que utilizarán hasta diez bases militares, y se dedicarán a entrenar a las fuerzas afganas, el tamiz bajo el que Washington esconde su presencia militar en varios puntos del orbe.

El BSA también concederá inmunidad, es decir impunidad, a los soldados estadounidenses ante posibles crímenes de guerra, al estipular que no serán juzgados por tribunales afganos, sino al amparo de la legislación norteamericana.

Hasta el momento, el Acuerdo solo cuenta con el visto bueno de la Loya Jirga, la asamblea que reúne a unos 2 500 líderes tribales, clérigos, miembros del Parlamento y comerciantes influyentes. En una reunión de cuatro días celebrada en el terreno de la Universidad Politécnica de Kabul, sus miembros decidieron aceptar la propuesta estadounidense, y presionan a Karzai para que estampe su firma antes de fin de año, tal y como quiere Washington. Aunque sus decisiones carecen de un carácter vinculante en el plano político, la Loya Yirga es bien escuchada y respetada por quienes sí tienen el poder para decidir.

No obstante, Karzai sigue negado a aprobar el acuerdo antes de 2014, y dejaría al próximo Presidente apuntarse la vergüenza de entregar por completo la nación a las fuerzas extranjeras, así que exhorta a esperar a los comicios de abril.

No obstante, su posición ha sido tambaleante. En algunos momentos se ha mostrado como un político que quiere presionar a Estados Unidos, pero en otros ha flexibilizado algunas de sus condiciones. Según The New York Times, una fuente cercana a Karzai afirmó que no aprobaría el BSA a menos que Barack Obama enviara una carta reconociendo los errores cometidos durante 12 años de guerra, lo que fue desmentido por John Kerry, en una rápida reacción.

«El presidente Karzai no pidió ninguna disculpa. No hubo ninguna discusión sobre una disculpa (…) Ni siquiera estuvo sobre la mesa», afirmó el jefe de la diplomacia estadounidense.

Según las declaraciones de Karzai, el meollo de su discrepancia con EE.UU. son los asesinatos de civiles inocentes y los allanamientos de hogares afganos, precisamente uno de los «errores» que el mandatario quiere que la Casa Blanca reconozca, y que tanta indignación causa en la ciudadanía del país asiático.

Al respecto, Obama solo se limitó a prometer seguir «respetando» la soberanía afgana —¿alguna vez lo hizo?— y no efectuar más transgresiones en las viviendas.

No obstante, aclara que la petición afgana será respetada siempre que no se dé ninguna «circunstancia extraordinaria», es decir, que ningún soldado estadounidense se encuentre en riesgo urgente, eventualidad que nadie puede evitar en una nación ocupada por fuerzas extranjeras.

Por otra parte, la retirada de buena cantidad de tropas implicará necesariamente el incremento de la ofensiva de los drones (aviones no tripulados) que dejan un buen saldo de víctimas civiles durante sus operaciones de asesinatos selectivos.

Más allá de los desencuentros, hay acuerdo suficiente entre ambas partes para que se firme el acuerdo, ya sea antes de fin de año o después de abril. El Gobierno afgano teme perder 4 000 millones de dólares en asistencia si los estadounidenses se retiran por completo, y Kabul no quiere verse desarmado en su conflicto contra los talibanes.

Estados Unidos, por su parte, no quiere un Afganistán sumido aún más en la violencia que ponga en peligro sus intereses e inversiones, después de miles de millones de dólares gastados en esa guerra.

Además, están los intereses geoestratégicos superiores: por una parte, evitar que naciones como Irán y Paquistán ganen influencia política y diplomática al interior de Afganistán: y por otra parte, consolidar su doctrina militar hacia el Asia Central, pues en el terreno económico y comercial, otros como China y Rusia le toman la delantera. Y de paso, estos dos grandes también estarán vigilados muy de cerca.

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